Uno de Mayo de nuevo.

Mañana es, de nuevo, Primero de Mayo. No es algo extraordinario, ocurre todos los años sin falta. Llega un punto en el que ya no te ocurre más, pero en ese caso lo mejor es echar tierra al asunto. 

El uno de mayo se celebra, conmemora, la fiesta del trabajo, el día de los trabajadores. Es un día en el que se recuerda, cada vez menos, la revuelta de Haymarket (Chicago) y los mártires de Chicago, los cinco trabajadores anarquistas que el Estado, USA en este caso, asesinó como respuesta de los hechos acaecidos un 4 de mayo de 1886 en el punto citado (Haymarket Square, Chicago). 

La gente pedía, por cierto, la reducción de la jornada laboral, cosa que creo es necesario seguir pidiendo. 

Nuestras reivindicaciones deben pasar por aumentar nuestras horas de ocio y cuidados en detrimento de esa fiebre productiva que nos inculca esta sociedad de libertades infinitas (para el capital). Ni yoga, ni coaching, ni terracitas, ni hostias. Lo que nos hace falta es tiempo para nosotros. 

¿Para rascarnos la barriga en vez de producir? Para rascándose la barriga, que para eso la hemos hecho crecer (más) este año. 

Y mañana, si ves que tal, puedes juntarte con tu gente (poca, que seguimos en una situación sanitaria complicada y no es plan de joderle más la vida al personal sanitario de los sistemas en teoría públicos de salud) y cantar aquellas canciones que a algunos gustaría vaciar de contenido y para otros nos siguen recordando que no es que otro mundo sea posible, sino que es necesario y ya es hora de que salga de nuestros corazones. Ya sabéis, esas tonadas  de hijos del pueblo, a las barricadas o la internacional (la buena, no la que cantan con el  ceño fruncido la gente que sale en la tele). O el Maneras de Vivir.

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