Trabajo Y Capitalismo

Si existe una institución en la sociedad del capital universalmente aceptada es el trabajo. Esa forma de relación/actividad (que ocupa al menos un tercio de nuestra vida diaria) propicia, a nuestro parecer, la reproducción del capitalismo de muchas formas El trabajo es el motor y soporte del capitalismo. Nuestras fuerzas creadoras por lo tanto se pierden en crear los medios materiales de nuestra subyugación y no en dotarnos de los medios para alcanzar la felicidad. 

Si estamos en lo cierto para terminar con el capitalismo es una condición necesaria terminar antes con el trabajo, y aunque esta no nos asegura el fin del capitalismo, lo pondría en una situación en la que se tendría que transformar para asegurar su pervivencia. Situación propicia para encender la duda en la humanidad. 

Como hemos dicho el trabajo cumple la función de reproductor del capitalismo de distintas maneras. 

  • Mediante las plusvalías del trabajo. Plusvalía entendida como la diferencia entre los beneficios y los costes de producción (coste de los medios de producción y coste de personal), tal como la define la teoría marxista. Entonces esta plusvalía que cae en manos de los capitalistas, con el único fin de incrementar su riqueza, a su vez incrementa su poder y por lo tanto su capacidad de influir en la sociedad de muchas formas distintas (control económico de los medios de comunicación, lobbies políticos, contactos, etc). Y aunque no todos los poderosos realicen estas prácticas (sean cuales sean sus razones), no podemos caer en la ingenuidad de pensar que colectivamente no defenderán su forma de vivir y sus privilegios frente al resto y que no usaran todos los recursos a su alcance para hacerlo. Resulta que el garante de estos privilegios es el sistema sobre el que estos se asientan: el capitalismo, sistema que los poderosos defenderán con los medios que obtienen a través de, entre otras cosas, las plusvalías del trabajo. Y así nos encontramos en la situación de que con nuestro trabajo y esfuerzo solo ahondamos más el pozo en la que vivimos.

  • Adoctrinamiento en el centro de trabajo. Los centros de trabajo están altamente jerarquizados y son pocas las ocasiones durante la jornada laboral en las que realmente disfrutamos del libre albedrío y no estamos tutorizadas, monitorizadas, guiadas o directamente anuladas por una entidad/persona superior jerárquicamente a nosotras. Esta jerarquización necesita de un tipo de comportamiento en el que el sujeto se deja llevar y se somete a la voluntad de terceros aún en contra de la suya. Además se da también que en el mundo laboral se fomenta naturalmente la competencia y el individualismo, ninguno de los cuales son comportamientos beneficiosos a la hora de realizar luchas colectivas. Es lógico pensar que esta forma de actuar con el paso del tiempo (y la repetición) se interioriza y finalmente extiende más allá de la jornada laboral. Llegados a este punto la persona es dócil, no se resiste a medidas o situaciones en la que en cualquier otro caso si lo haría. Por lo tanto el trabajo, mediante su estructura altamente jerárquica, nos educa para convertirnos en personas dóciles que aceptan las órdenes con naturalidad y es que no podemos olvidar que aprendemos mediante la repetición y la imitación y que una vez aprendido un comportamiento con el paso del tiempo y la repetición este se naturaliza hasta el punto de pasar a formar parte de la persona en cuestión. 

  • El agotamiento físico y mental al que nos lleva el trabajo ya que este agotamiento hace que las personas después de su jornada laboral estén vacías, sin ganas de hacer nada más que descansar y por lo tanto no tengan la predisposición para preocuparse de los problemas que les atañen. 

  • Subyugación directa mediante los trabajos en el sector de la muerte y el mantenimiento del orden establecido como pueda ser la policía o el ejército. 

Podemos considerar el trabajo como una infección social que altera el propio medio en el que se reproduce para asegurarse condiciones más favorables para su reproducción y sostenimiento.

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