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El líder tóxico

Nos encanta la sátira, de entre los géneros de comedia es de los que más nos divierte y da vidilla. A través de la sátira se dicen aquellas cosas que en un contexto más serio da reparo señalar, por si alguien se ofende. El bufón era el único que le decía a sus señor la verdad sobre su persona o gestión, aunque a veces pagaba caro su atrevimiento (si te pasabas de graciosillo podías perder, literalmente, la cabeza).

Dentro de este género, La vida de Brian es una película gloriosa que, si alguien no la ha visto, debería (aunque quizá quiera cortarle la cabeza a alguien si atiende bien). Las azarosas desventuras de Brian, al que llaman Brian, han provocado más risas y placer malévolo que cualquier otra cosa que podáis imaginaros (excepto, quizá, un debate sobre el estado de la nación).

Y, también, nos dan uno o dos apuntes sobre las organizaciones políticas, las religiones, la psicología de masas y las dinámicas internas de todo eso.

Los Python, estoy convencido, en algún momento tuvieron que tener contaco con alguna de esas organizaciones (pretendidamente) revolucionarias que pululaban en la Europa de los 60, tipo Frente Popular de Judea (o cenetés varias y sus distintas variantes de siglas, por nombrar algo que conozcamos por aquí). A través del pobre Brian nos avisan de lo abusrdo de determinados grupúsculos, su sectarismo, sus dinámicas destructivas y su ridícula arrogancia y orgullo (y no de clase, precisamente).

De lo que también nos habla, y pasa muy desapercibido, es de la figura tóxica del líder de la causa, la persona que ejerce como líder de la causa, ya sea formalmente (o sea, con cargo) o informalmente (sin cargo, pero con fuerza “moral”). Reg, genialmente interpretado por John Cleese, es un individuo egocéntrico, autoritario, ruin y cobarde que dirige con mano de hierro en guante de esparto el Frente Popular de Judea, frente a la dominación romana (excepto los fabricantes de vino, carreteras…).

Hablamos de “brianismo” cuando una organización (o varias) entra en determinadas dinámicas. Pero lo cierto es que Brian es sólo un medio judío desgraciado al que acaban crucificando porque, vaya, la vida es absurda y a ti te ha tocado la china (en este caso en forma de madero cruzado a la espalda). Realmente es Reg el que mete a su grupo en misiones abusrdas y sin sentido (como el secuestro de la mujer de Pilatos, del que por cierto se escaquea). Es la gente como Reg quien expulsa del grupo a cualquier disidencia (y, ojo, toda mente pensante es “disidente!” en algún momento a ojos del líder) generando con ello más mini-versiones del Frente Popular de Judea (FPJ, sector oficial) que compiten entre ellos más que contra el Imperio Romano (odiamos más al Frente Judaico Popular más que al Imperio Romano), con líderes igualmente estúpidos e ideas muy parecidas en su absurdez. Y es Reg quien decide no rescatar a Brian cuando es apresado y crucificado por, precisamente, hacer caso a un líder tan loco como egocéntrico que considera su martirio positivo para la causa.

La vida de Brian nos deja un mensaje bastante claro y explícito sobre líderes y liderazgos. Esencialmente tóxicos y peligrosos, tanto para el grupo como para la causa que defiende el grupo (el que sea). Y es que el líder al final defiende intereses propios y distintos a los que son los intereses del grupo y la causa que dice defender el grupo. Ojo con esto último, los intereses de la organización no son siempre los mismos que los intereses de la causa, pero eso lo dejamos para otro día.

Mucho cuidado con seguir a mesías o libertadores. Esa gente siempre acaba mal, o crucificados o en un consejo de administración. Y por el camino os dejarán en la ruina. Pero la película será buena.

https://youtu.be/_tuA8kqYDIk