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Taylorismo

Taylorismo, la organización científica del trabajo

Alcanzamos el siglo XX, los grandes países europeos están completamente industrializados, la industria ha alcanzado un gran tamaño y un alto grado de complejidad. Europa ha vivido las revoluciones burguesas y un siglo de fuerte crecimiento demográfico que ha llegado a duplicar su población gracias a los avances en medicina y agricultura. El transporte está acortando las distancias gracias a la extensión del ferrocarril, la aparición de la máquina de vapor y los grandes barcos con casco de hierro y acero. Desgraciadamente el paro y la pobreza en la clase obrera europea son un mal endémico. Todo esto provoca grandes migraciones de población europea a países en industrialización. En este contexto alcanzamos el año 1911, año en el que Frederick Taylor edita un libro que cambiará para siempre la fábrica, “The Principles of Scientific Management”.

Hasta este momento los métodos de organización del trabajo querían soslayar el oficio, bien sea mediante la máquina, o el estímulo con salarios complejos, o enfrentarlos a ellos mismos con el sistema de destajo. Taylor: ataca la base, destruye el oficio.

La extensión del taylorismo es un proceso muy lento y desigual que comienza en EEUU pero en Europa encuentra grandes dificultades debido a la fortaleza de los sindicatos.

La organización científica del trabajo.

Taylor se dedica a observar los gestos productivos de los trabajadores cualificados en la industria americana y comprende que estos tienen un ritmo propio formado por una serie de movimientos encadenados y repetidos a lo largo de la jornada de trabajo. Con esta información propone un modelo organizativo en la fábrica con el objetivo de acabar con lo que él considera la holganza obrera, ineficacias en el proceso productivo (la autonomía obrera en los ritmos de trabajo y transferencia del conocimiento profesional). Este modelo se basa en la división del trabajo, la reducción del proceso productivo y la introducción de un sistema de salarios con dos escalas.

La división vertical del trabajo separa el trabajo en:

  1. Trabajo de oficina (encargados de concebir, supervisar y organizar el proceso productivo).
  2. Trabajo de ejecución (obreros encargados de llevar a cabo el proceso productivo).

La reducción del proceso productivo consiste en desmenuzar el proceso que ocurre en una fábrica en gestos productivos simples (utilizando al obrero más apto) de tal forma que estos puedan ser cronometrados y transmitidos con facilidad por parte de la comisión técnica a los obreros.

Las dos escalas salariales sirven para castigar a los que no cumplían con los tiempos cronometrados con un salario más bajo que los que sí. Introduciendo además como ganancia secundaria la competencia y profundizando la división entre obreros.

Las condiciones de vida y trabajo de los obreros

Tras la Primera Guerra Mundial los países cerraron sus fronteras, se acabó con la libre circulación (leyes de prioridad de la mano de obra nacional sobre la extranjera). Libre circulación que era desde hacia tiempo un problema para la patronal, patronal que quería evitar el abandono de los puestos de trabajo para llevar a cabo labores agrícolas estacionales, etc.

El taylorismo hace que el oficio desaparezca y en consecuencia disminuye el número de trabajadores cualificados (oficiales), que se suplen por trabajadores sin cualificación. Es un modelo consumidor de mano de obra sin cualificar o de baja cualificación. A la vez se introducen nuevas figuras en la administración, los cronometradores y se crean los cuerpos de ingenieros industriales encargados de definir los procesos productivos de ahora en adelante.

El sindicato de oficio entra en su declive definitivo y lo sustituye el sindicato de ramo.

El poder obrero en la empresa se hunde (se mantenía gracias al conocimiento del proceso de proceso de producción y su control). La autonomía obrera desaparece y se esconde en la oficina ya que el conocimiento antes en manos del oficial ahora pasa a manos de la comisión técnica, el control del ritmo de trabajo ahora es realizado por un cronómetro que no entiende de descansos, desplazamientos, o cualquier tipo de ocio. El trabajo por arte de magia se convierte en una serie de gestos simples repetitivos.

Así tenemos que el cronómetro se convierte en un instrumento de control político del obrero en el trabajo, un arma contra la clase obrera organizada: el trabajador de oficio y el sindicato. Pasando como por arte de birlibirloque del obrero profesional al obrero masa.

Destruye el oficio porque el oficio es el saber de una manera de producir (se adquiere en un proceso de aprendizaje) en la que el oficial tiene un conocimiento que necesita el patrón dotándole de autonomía frente al patrón al que le queda la subcontratación. Al descomponer las operaciones complejas (el conocimiento de los oficiales) en elementos simples realizados en cadena Taylor destruye este conocimiento y lo traslada a la oficina. Por lo tanto el poder de negociación se destruye.