Archivo de la etiqueta: piotr kropotkin

Cita X de “La conquista del pan”

El hombre no es sin embargo un ser que pueda vivir exclusivamente para comer, beber y procurarse albergue. A partir de que se hayan satisfecho las exigencias materiales, se presentarán más apasionadamente las necesidades a las cuales puede atribuírseles un carácter artístico. Tantos individuos equivalen a otros tantos deseos, y cuanto más civilizada está la sociedad y más desarrollado el individuo, estos deseos son más variados.
La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita IV de “La conquista del pan”

Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización que nos enorgullece. Otros millones, diseminados por todo el globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, en menos de cincuenta años no quedarían más que escombros. Hasta el pensamiento, hasta la invención, son hechos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores, conocidos o desconocidos, muertos en la miseria, han concebido esas máquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y pensadores han trabajado para elaborar el saber, extinguir los errores y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no han sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores? ¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, tanto en lo físico como en lo moral, por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases? ¿No tomaron su impulso de todo lo que les rodeaba?

Ciertamente, el genio de un Seguin, de un Mayer o de un Grove, ha hecho más por el desarrollo de la industria que todos los capitalistas del mundo. Pero estos mismos genios son hijos de la propia industria, igual que de la ciencia, porque ha sido necesario que millares de máquinas de vapor transformasen, año tras año, a la vista de todos, el calor en fuerza dinámica, y esta fuerza en sonido, en luz y en electricidad, antes de que esas inteligencias geniales llegasen a proclamar el origen mecánico y la unidad de las fuerzas físicas. Y si nosotros, los hijos del siglo XIX, al fin hemos comprendido esta idea y hemos sabido aplicarla, es también porque, para ello, estábamos preparados por la experiencia cotidiana. También los pensadores del siglo pasado la habían entrevisto y enunciado, pero quedó sin ser comprendida en su totalidad, porque el siglo XVIII no creció, como nosotros, junto a la máquina de vapor. Pensemos solamente en que si Watt no hubiese encontrado en Soho trabajadores hábiles para construir con metal sus presupuestos
teóricos y perfeccionar todas sus partes –y hacer por fin el vapor, aprisionándolo dentro de un mecanismo completo, más dócil que el caballo, más manejable que el agua, hacerlo, en una palabra, el alma de la industria–, podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que han permitido revolucionar la industria moderna.

Cada máquina tiene la misma historia: una larga serie de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que han añadido a la invención primitiva esas pequeñeces sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aun más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria. Todo se entrelaza: ciencia e industria, saber y aplicación. Los descubrimientos y las realizaciones prácticas que conducen a nuevas invenciones, el trabajo intelectual y el trabajo manual, la idea y los brazos. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor
parcela de ese inmenso todo y dice: “Esto es sólo mío y no de
todos”?

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita VIII de “La conquista del pan”

Ese muchacho, perezoso para el latín y el griego, trabajará como un negro si se lo inicia en las ciencias, sobre todo a través del trabajo manual. Esa jovencita reputada como una nulidad para las matemáticas será la primera matemática si ella da azarosamente con alguien que la sepa interpretar y le explique aquello que ella no comprende de los elementos de la aritmética. Y aquel obrero, negligente en la fábrica, rotura su jardín desde el alba mientras contempla cómo el sol se levanta y caen la tarde y la noche, hasta que toda la naturaleza entra en reposo. Alguien ha dicho que el polvo es la materia que no está en su sitio. La misma definición se aplica a las nueve décimas de los llamados perezosos. Son personas desorientadas en una senda que no responde a su temperamento ni a sus capacidades. Leyendo las biografías de los grandes hombres, sorprende el número de “perezosos” entre ellos. Perezosos en tanto no encontraron su verdadero camino, y laboriosos a ultranza más tarde. Darwin, Stephenson y tantos otros figuraban entre esos perezosos.

Muy frecuentemente, el perezoso no es más que un hombre a quien repugna hacer toda su vida la dieciochava parte de un  alfiler o la centésima parte de un reloj, cuando se siente con una exuberancia de energía que quisiera gastar de otra manera. También con frecuencia es un rebelde que no puede admitir la idea de estar toda su vida clavado en ese banco, trabajando para proporcionar mil satisfacciones a su patrón, sabiéndose mucho menos estúpido que él, y sin otra culpa que la de haber nacido en un cuartucho, en vez de haber venido al mundo en una mansión.

Finalmente, buen número de perezosos no conocen el oficio con el que se ven obligados a ganarse la vida. Viendo el objeto imperfecto salido de sus manos, esforzándose vanamente en hacerlo mejor y comprendiendo que nunca lo conseguirán a causa de los malos hábitos de trabajo ya adquiridos, toman odio a su oficio y, por no saber otro, hasta al trabajo en general. Millares de obreros y de artistas fracasados se hallan en este caso. Al contrario, aquel que, desde su juventud, ha aprendido a tocar bien el piano, a manejar bien el cepillo, el cincel, el pincel o la lima, de manera de sentir que lo que hace es bello, no abandonará jamás el piano, el cincel o la lima. Él encontrará placer en un trabajo que no lo fatigará, mientras no esté desbordado.

Bajo una sola denominación, la pereza, se han agrupado toda una serie de resultados debidos a causas distintas, cada una de las cuales podría convertirse en fuente de bienes en vez de ser un mal para la sociedad. Aquí, como para la criminalidad, como para todas las cuestiones concernientes a las facultades humanas, se han reunido hechos que nada tienen en común entre sí. Se les llama pereza o crimen, sin siquiera tomarse el trabajo de analizar sus causas. Hay premura en castigar, sin preguntarse siquiera si el mismo castigo no contiene una prima a la “pereza” o al “crimen”*.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita V de “La conquista del pan”

 Pero lo que nos importa no es hallar ejemplos que imitar a ciegas, y que, por supuesto, tampoco podría suministrarnos la sociedad actual. Lo que nos hace falta es destacar que, a pesar del individualismo autoritario que nos asfixia, hay siempre en el conjunto de nuestra vida una parte muy vasta donde no se obra mas que por el libre acuerdo, y que es mucho más fácil vivir sin gobierno de lo que se piensa.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita IV de “La conquista del pan”

¿Y sería éste el principio que surja de la revolución que ose
llamarse “Revolución Social”, ese nombre amado por los hambrientos, por los que sufren, por los oprimidos? Esto no será así, porque el día en que las viejas instituciones se desplomen bajo el hacha de los proletarios, se escucharán voces que gritarán: “¡Pan, vivienda y bienestar para todos!”.
Y esas voces serán escuchadas. El pueblo se dirá: “Comencemos
por satisfacer la sed de vida, de alegría, de libertad, que nunca hemos podido apagar. Y cuando todos hayamos gozado de esa felicidad, pondremos manos a la obra: la demolición de los últimos vestigios del régimen burgués, de su moral basada en los libros de contabilidad, de su filosofía del ‘debe y haber’, de sus instituciones de lo tuyo y de lo mío. Demoliendo, edificaremos”, como decía Proudhon: nosotros edificaremos en nombre del Comunismo y de la Anarquía.
La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita III de “La conquista del pan”

Pero nosotros esperamos otra cosa de la revolución. Vemos
que el trabajador, obligado a luchar penosamente para vivir, está reducido a no conocer nunca los grandes placeres –los más altos accesibles al hombre– de la ciencia y, sobre todo del descubrimiento científico, del arte y, sobre todo, de la creación artística. La revolución tiene que garantizar a cada uno el pan cotidiano, para asegurar al mismo tiempo esas satisfacciones, reservadas hoy a un pequeño número de personas: el tener tiempo libre luego del trabajo y el poder desarrollar sus capacidades intelectuales.
El tiempo libre después del pan: he aquí el supremo objetivo.
Ciertamente hoy, cuando a centenares de miles de seres humanos les falta pan, carbón, ropa y abrigo, el lujo constituye
un crimen: para satisfacerlo, es necesario que al hijo del trabajador le falte el pan. Pero en una sociedad donde nadie padezca hambre, serán más vivas las necesidades de lo que hoy llamamos lujo. Y como no pueden ni deben asemejarse todos los hombres (la principal garantía del progreso de la humanidad es la variedad de gustos y de necesidades), habrá siempre, y es de desear que los haya siempre, hombres y mujeres cuyas necesidades, en determinada dirección, estén por debajo de la media.
[…]
Confesamos con franqueza que, al pensar en los abismos de miseria y sufrimiento que nos rodean, al oír las frases desgarradoras de los obreros que recorren las calles pidiendo trabajo, nos repugna discutir esta cuestión: ¿cómo se hará en una sociedad en la que nadie tenga hambre, para satisfacer a cualquier persona deseosa de poseer una porcelana de Sèvres o un vestido de terciopelo?
Por toda respuesta estamos tentados de decir: aseguremos primero el pan. En cuanto a la porcelana y el terciopelo, se verá mas tarde. Pero ya que es preciso reconocer que además de los alimentos el hombre tiene otras necesidades, y puesto que la fuerza del anarquismo está precisamente en que comprende todas las facultades humanas y todas las pasiones, sin ignorar ninguna, vamos a decir en pocas palabras cómo podría conseguirse satisfacer todas las necesidades intelectuales y artísticas del hombre.
La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita II de “La conquista del pan”

 El derecho al bienestar es la posibilidad de vivir como seres humanos y de criar a los hijos de forma de hacerlos miembros iguales de una sociedad superior a la nuestra, mientras que el derecho al trabajo es el derecho a continuar siendo siempre un esclavo asalariado, un hombre de labor, gobernado y explotado por los burgueses del mañana. El derecho al bienestar es la revolución social; el derecho al trabajo es, a lo sumo, un presidio industrial.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin