Archivo de la etiqueta: patrias

el alcalde y la bandera

El ayuntamiento de Madrid ha decidido que este año habrá luces de Navidad.

Normalmente esto no sería noticia, ya que es algo que se hace todos los años y lo normal es que cada año sea más hortera que el anterior (da igual donde vivas y el color de tu ayuntamiento, son una horterada nivel hombreras con brillantina), pero dado que este año es muy probable que vivamos las fiestas de Saturnalia/Navidad/Solsticio/Oloquecoñosea en la más estricta intimidad y sin salir de casa parece un gasto, quizá, poco oportuno.

Al margen de la cantidad (que será alta, estas mierdas cuestan más que llevar el Ave a la Meca) también esta el detalle en una situación de emergencia económica con cada vez más gente al borde de la pobreza. Que ponerse a mirar lo de la situación de lo que ahora llamamos “población vulnerable” y antes eran simplemente “pobres” debe ser cansado.

Pero lo que la ha liado de verdad (al fin y al cabo Madrid no es la única ciudad que pone lucecitas) es que la luminaria festiva incluye una franja con la bandera (de España, se entiende) de lucecitas en todo lo que viene siendo el eje de Prado/Recoletos. Cuentan que entre la plaza de Neptuno y la de Colón (ese ser), habitual lugar de perfomances “no-fascistoides-y-nada-nacionalistas” en estos tiempos.

¿Hortera? Un montón. Como todos los años, claro. ¿Patético? Bueno, cada uno con sus fetiches y hay quien se emociona ante la visión de de un trapo de ciertos colores, una cruz con un tipo colgado dentro y esas cosas. También los hay que pondrían una decoración a base de calaveras, tachuelas y demás parafernalia de cuero y cadenas, pero no suelen llegar a la alcaldía. Lo que es una pena, la verdad.

Resulta enternecedor ver como gentes que han llegado calles, plazas y cabezas de banderitas, lacitos y demás simbología nacional ahora salgan a criticar la medida del ínclito alcalde de Madrid, como si no supieran lo que es jugar a las banderitas y al control de masas (con diversa suerte).

Y los que ahora hablan de “la bandera de todos los españoles” y de lo legítimo de exhibirla en el espacio público (aunque sea una exhibición tan poco navideña) ayer se quejaban de tener las calles inundadas de banderitas, lacitos y demostraciones de patriotismo. De otro distinto al propio, claro.

Los políticos y sus cosas. Me envuelvo en mi bandera, lloro por mi sufrimiento y te señalo la tuya y lo tuyo.

Los nacionalismos son así. No se reconocen como tales, tienden al fascismo tanto como al ridículo y, si se les deja, crean un clima irrespirable para los que nos importa una mierda el color de tu puta bandera (o para los que les importa pero resulta que no es esa), que además la sacas para tapar tus miserias y para separar y enfrentar a unas gentes contra otras, aunque me insistas en que eso no es verdad y que tu bandera nos representa a todos nosotros. Pues vale.

Hay que estar atentos a estas cosas y al peligro intrínseco que tienen estas cosas porque algunos seremos siempre de “los otros”, los que no somos “pueblo”, los que seremos herejes de cualquier fe.

Es indiferente cual es la banderita que te emociona (la española, ya sea monárquica o republicana, la catalana, la Ikurriña, la Francesa, la Union Jack o la de Mongolia) por mi te la puedes meter por donde no te quepa.

Y sí, gastarte la pasta en exhibir los valores patrios es de ayuntamiento fachorro. Pero que los primeros que lo señalen sean unos tipos que previamente han hecho lo mismo con otra también es bastante sonrojante.