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AUTOENTREVISTA

En estos días de confinamiento/arresto domiciliario nos hemos decidido a autoentrevistarnos en un ejercicio de, bueno, que nos apetecía. Así que, a gritos desde el balcón, nos hemos gritado esta entrevista con un personaje ficticio cualquiera. Al final, nos ha salido tan bien que los vecinos nos han aplaudido y todo.

Periodisto: Antes que nada, ¿Cómo estás?

Josef K: Hola, pues bien. Físicamente bien, aunque me encuentro mentalmente cansado. Un poco asustado por la situación, también preocupado ante la perspectiva de tener que mantenerme encerrado en casa durante mucho más tiempo. Temo por mi salud física, pero sobre todo por mi salud mental. Pero de momento, sano. O con las mismas dolencias que antes.

Periodisto: Estás haciendo alguna rutina para mantenerte ocupado durante el confinamiento?

Josef K: Lo primero de todo, vamos a llamar a las cosas por su nombre. Estamos en una situación que a lo que más se asemeja es a un arresto domiciliado. Me cansa mucho que queramos suavizar las situaciones para hacerlas más llevaderas. Estamos encerrados por orden del gobierno, o sea, nuestras libertades han sido limitadas de forma muy evidente. Ójala sea de manera temporal, pero cuando el gobierno se toma libertades que luego no está dispuesto a renunciar. En cuanto a las rutinas…por qué tendría que hacerlas? Qué es esto? Unas vacaciones en un crucero? Paso mil de dedicarme a hacer esas jinkanas salvajes que nos recomiendan por la tele. Si me apetece leo un libro, o me veo una peli o algo. Pero si no me apetece me tiro en en sofá, y tan a gusto.

Periodisto: Entonces, consideras que las medidas adoptadas son exageradas?

Josef K: No lo se. No soy médico o virólogo de esos como para poder decir si es necesario mantener un contacto mínimo con la calle. Es verdad que parece que la enfermedad se ceba con las personas más mayores y con problemas previos de pulmones y esas cosas. Si eso es así, debemos procurar cuidar a estas personas. Las sociedades más exitosas son aquellas que se basan en la colaboración y en el apoyo mutuo. Es mentira que la competencia y el egoismo de mejores resultados. Vale, de acuerdo, vamos a aceptar que hay que intentar cuidar a esta parte más débil de la sociedad, dado que si no se colapsa todo el sistema de atención sanitaria (montado desde hace años alrededor del lucro de entidades privadas que “gestionan” sus recursos), lo que hará, o está haciendo, que muera gente que no debería morir en condiciones normales.

Periodisto: Crees que la gente está confinada por solidaridad..

Josef K: NO! La gente esa en casa porque se lo ha ordenado La Autoridad. Esto hace que no sepan qué están haciendo. Estamos tan acostumbrados a obedecer que parece que no sabemos hacer otra cosa. Y desarrollamos actitudes y formas de actuar egoistas y autoritarias. Hay gente que desde su balcón se dedica a fiscalizar lo que hacen los vecinos de enfrente o de escalera e incluso les denuncian ante la policía. Crees que lo hacen por “solidaridad”? No, claro que no. Lo hacen porque están enseñados a ser así de ruines, crueles y tontorrones.

Periodisto: Pero si alguien incumple la ley…

Josef K: Qué ley? Y si hay alguna, cómo sabes que la ha incumplido? Lo decides porque eres un capullo que te crees con derecho a decidir si los demás pueden o no pueden hacer determinadas cosas. En realidad, eres el tipo de persona que le encanta al gobierno, dócil, manipulable, servil con el poderoso y cruel con tus iguales.

Periodisto: Dicen que la gente del sur no somos disciplinados y por nuestra cultura tendemos a mantener un contacto cercano. ¿No piensas que eso justifica imponer unas estrictas normas de aislamiento social?

Josef K: No soy antropólogo o sociólogo, como para asociar tan alegremente el comportamiento social en función de la latitud. Hablar de “disciplina” para definir a los pueblos en función de su climatología, sin tener en cuenta su historia o el tipo de relaciones sociales que se han ido estableciendo con el tiempo parece bastante falto de rigor. Para el poder las cualidades solidarias nunca han sido de su gusto, así que nos ven como una masa individualizada y egoísta. Así, en esta situación, su única solución posible se baja en los viejos valores de la imposición, la amenaza y el castigo y la imposición de una “disciplina” de carácter militarizado. Nada que ver con la sociedad civil.


Deberiamos aprovechar esta situación para reflexionar hacia donde estamos yendo como sociedad y lo fácil que es perder nuestras libertades individuales. Una sociedad dependiente de de quienes ostentan el poder (económico), se convierte en una sociedad frágil, pues cuando ve peligrar su dominio, pondrá las medidas necesarias para mantenerlo, limitando e incluso eliminando las libertades individuales,
si fuese necesario, utilizando a su brazo político, que se ve inducido a tomar medidas dirigidas.

Periodisto: Qué crees que pasará cuando acabe el confinamiento?

Josef K: Me parece que vamos a tener una sociedad más desconfiada, más inhumana. Estamos demostrando, como sociedad, con nuestro individualismo, que somos fácilmente controlables y que se nos puede estabular con facilidad, igual que a las ovejas de un rebaño que llevan al matadero. Me gustaría que sacásemos alguna lección positiva de todo esto, relativa al apoyo mutuo, lo absurdo de las fronteras o lo que necesitamos tener un sistema sanitario fuerte y de gestión pública (no necesariamente estatal, pero no quiero extenderme en ello) y de lo inútil que son esas “cosas importantes” que surgen alrededor de las banderas, los mítines y los himnos. Pero soy pesimista, me da miedo que la conclusión sea justamente la contraria.

Periodisto: Para despedirnos, alguna última cosa para nuestro lectores?

Josef K: No se, escuché a la ministra hablar de “reeducación social” porque nuestro estilo de vida “mediterráneo” era demasiado afectuoso. Es horrible esa pretensión, creo que fomenta aún más el aislamiento social al que nos someten. Me niego a pensar que los cuidados no puedan incluir el contacto humano. Tendremos que volver a tocarnos, besarnos, amarnos…y no debería tardar mucho.

Nos despedimos sin abrazo, como es preceptivo en tiempos de pandemia. Llovizna, el cielo gris augura nuestro futuro.

miedo

Esperando en la cola del Super. Todos muy calladitos, respetando la distancia de seguridad. Callados. No escuchaba silencios así desde el 11M, lo que indica el tipo de miedo al que estamos sometidos. Normal. Nos lo inculcan constantemente desde la tele. Se diría que intencionadamente. Todos lo sabíamos, una sociedad miedosa es una sociedad manejable, controlable. Es decir, disciplinable.

No es que no haya que tener miedo. Una persona tiene que ser valiente. En primer lugar los valientes suelen visitar antes los cementerios, lugares generalmente bonitos pero en los que uno no quiere fijar su residencia, al menos de momento. También porque la sociedad que queremos no es una sociedad de gente valiente, es una sociedad de gentes libres. La libertad, como decía Don Quijote, es una causa por la que luchar merece la pena. Quizá la única, después de todo. Y la libertad debe englobar también a nuestra capacidad de tener miedo, si es así como nos sentimos. Y expresarlo libre y claramente sin que ello tenga que suponer el menoscabo habitual en quienes en un momento dado visibilizan sus temores e inseguridades (directamente, no a través de agresividades, se entiende).

Tenemos que entender nuestros miedos como una parte más de nuestra naturaleza. Es una respuesta fisiológica normal ante una percepción, propia o inducida, de un peligro. En ese sentido nuestro miedo actúa como señal de alarma y nos pone en guardia. No obstante hay que ser consciente de que existe la posibilidad de que nuestro miedo ocupe todo nuestro ser y devenga en pánico, terror y parálisis. En realidad, cualquier Estado que quiera establecer un control social sobre el individuo, y,por extensión, el colectivo, quiere que se llegue a esa sensación de pánico. Extender nuestra sensación de peligro hasta que seamos nosotros mismos los que pidamos protección y control ante la adversidad y busquemos dentro de la jerarquía estatal (papá estado es, ante todo, padre y, por lo tanto, controlador, castrador y autoritario) en forma de nuevas leyes, más presencia policial y, si se tercia, las llamadas fuerzas armadas. Es verdad que para algunos este aumento de la presencia de personas uniformadas armadas en nuestras calles y distritos nos inquietan más que tranquilizan, pero para mucha gente esto no es así y no se percibe al policía o al militar como un problema en sí mismo.

En definitiva, nuestro miedo es natural, sano y normal (independientemente de si los demás lo perciben igual o no, forma parte de nuestra característica de humanos sin interés en ser héroes, esos individuos con ganas de establecerse muy pronto en los cementerios municipales, preferentemente en panteones con columnas de estilo griego). Pero no debemos dejar que nuestro miedo se convierta en pánico. Ahora más que nunca, que parece que no hay más realidad que la que se nos da desde “papa estado”, necesitamos nuestra cabeza despejada. No perder el sentido crítico y advertir que a lo mejor es más peligroso dar poder omnímodo a individuos uniformados y armados que lo que un virus nos pueda hacer (y no negamos que ese virus no nos pueda hacer daño, especialmente a los más débiles entre nosotros).

Muerte a los gilipollas

Esta frase se leía en el jeep del coronel Dronne a su entrada en París, a finales de agosto de 1944. El coronel Dronne tenía mando sobre La Nueve, la compañía adscrita a la legión francesa compuesta, en su mayoría, por veteranos de la Guerra Civil Española. La mayoría anarquistas, con algunos republicanos, socialistas y algún que otro comunista. La epopeya de esta gente es bien conocida (o debería serlo), desde el exilio en África pasaron de los campos de concentración a alistarse al ejército de la llamada “Francia Libre” de De Gaulle dentro de la divisón Leclerc. La gente de La Nueve bautizó sus vehículos con nobres alegóricos a su procedencia y sus sufrimientos, así se veían blindados con nombres como “Guernica”, “Guadalajara” o “Don Quijote” (si hay dudas sobre la afiliación libertaria de buena parte de esta gente que bautizasen con el nombre del caballaero de la triste figura a uno de sus blindados debería despejarlas, pero de eso ya hablaremos otro día). Y, claro, intentaron llamar a uno de estos trastos como “Durruti”, cosa que el alto mando francés prohibió (un militar es siempre un militar, por muy francés de la francia libre que sea), así que le cambiaron el nombre por “los Pingüinos”, que es como despectivamente se les llamaba a los españoles. El más divertido, no obstante, fue este “Muerte a los Gilipollas” (aclarar que todos estos nombres estaban en francés), dedicado con indudable cariño y respeto al alto mando francés y, en general a aquellos que desde sus filas entorpecen, estorba y tocan los huevos a la gente hasta el hartazgo ya desmoralización de la tropa rasa.

Diríase que nuestros espacios siguen llenos de esos mismos gilipollas, o quizá se han reproducido hasta invadirlo todo. Gentes con más ego que capacidades, “líderes” impostados de algún «movimiento obrero/libertario» (aunque hablar de «movimiento» en cualquiera de las dos cuestiones no deja de tener su punto cínico). Su labor consiste en aplicar las buenas tácticas, evitar la decisión común del colectivo, asegurar que la “lógica” y la “racionalidad” se imponga en la estrategia común . Por supuesto, esta estrategia la definirán ellos, que para eso ejercen el liderazgo y el control, siempre el control.

Esa gente pedirá cargo, mando y control mientras pregona a los cuatro vientos la importancia de su «orientación» y «liderazgo». Nadie se lo ha pedido, ni la orientación, ni el liderazgo, ni la ascendencia sobre el grupo. Pero claro, cuando San Durruti se te aparece (ojo, que su “Durruti” se parece bastante a algún Stalin cañí) no hay más remedio que que ponerse al frente y dirigir, evitando peligrosas desviaciones “irracionales”.

Muerte a los gilipollas. O por lo menos que se metan en algún partido o algo.

La coherencia anarquista

Primero: de dos cosas una: o nuestros principios son falsos, y SI LA REALIDAD LOS CONTRADICEN son falsos. En este caso apresurémonos a abandonar estos principios. En este caso debemos tener la lealtad de confesar públicamente la falsedad de estos principios y debemos tener el coraje de poner al combatirlos tanto ardor y actividad como ponemos en defenderlos; inmediatamente pongámonos a la búsqueda de principios más sólidos y esta vez justos, exactos, infalibles.” (Sebastien Faure, Congreso de la AIT, Diciembre 1937)

Se cuenta que en una reunión de la AIT en 1937 las delegaciones andaban muy divididas respecto a la decisión de la CNT española (en esos tiempos sólo había una) de participar y colaborar en el gobierno de la República (la «decisión», por cierto, la tomaron, en realidad, algunos líderes del sindicato y lo presentaron como «hechos consumados» al resto. El “asamblearismo” era esto). De aquellas sesiones, salio el que quizá sea uno de los discursos más interesantes sobre el tema a discutir que se haya dado en nuestro entorno, a cargo de Sebastien Faure, pedagogo francés, director de La Ruche y amigo de Louis Mitchel (y autor de varios libritos de jugosa lectura). El discurso es muy difícil de encontrar por esos mundos de Internet, tal vez porque a determinada gente no le gusta que les pongan las orejas rojas incluso 80 años después de pronunciadas las palabras o porque siempre pinta más la épica de la violencia que la certera visión de la reflexión. O tal vez lo dicho por Faure no sea tan interesante como nos ha parecido a nosotras.

Lo que venia a decir Faure es que la estrategia, la oportunidad y la táctica están muy bien, que se comprende que a veces es duro y que es verdad que en algunos momentos parece que no hay otra salida, pero hay que creerse lo que uno dice. Y hay que ser coherente con lo que se cree. Y si, en algún momento, se encuentra uno en discrepancia entre lo que se cree y lo que cree que hay que hacer, solo puede haber dos motivos: o estas actuando en contra de tus principios y mejor te lo haces mirar porque te vas a dar la hostia (o te la van a dar), o tus principios están equivocados y deberías adoptar otros y combatir los anteriores por falsos y erróneos igual que antes los defendías.

Con palabras más finas, con mucho cariño hacia gentes que, en ese momento, se estaban jugando más que la vida (y que vivían en un infierno, que es la única manera de definir una guerra, y si alguien tiene otra nos lo diga), pero con toda la firmeza y convencimiento de quien se cree su historia. Un pedagogo tiende a ser didáctico en sus alocuciones.

Hoy día lo que decía Faure (ya no dice nada, claro, una vez muerto uno ya no opina, aunque todavía nos pueda dar alguna que otra lección a través de su experiencia ) nos sigue pareciendo válido, y no sólo para anarquistas y librepensadores raros, que alguno habrá, ¿verdad?.

Hay mucha gente que en función de una táctica, una estrategia o una conveniencia (porque me viene bien, vamos) abandona sus principios y decide actuar con «inteligencia» y “estrategia”. Así el anarquista acaba votando, o procura ser elegido como delegado en su empresa , o manipula su organización para que actúe según lo «lógico». Porque en ese momento «es lo que hay que hacer», «porque no hay otra manera», «porque si no el fascismo nos come».

Bueno, se entiende. Sobre todo el miedo. Nosotros también tenemos esos miedos (el fascismo, la irrelevancia, la inutilidad de según qué lucha), y otros distintos que no vienen a cuento.

Pero dejarnos llevar por esos miedos es un error, no podemos llevar nuestras vidas (y luchas) como si fuésemos “maquiavelos” de pacotilla. Nuestras mejores decisiones las tomamos con el corazón, más que con la cabeza. Y es verdad, podríamos estar equivocados en nuestras ideas, y es por eso, precisamente, por lo que siempre hay que reflexionar, pensar y analizar para rectificar en caso de que descubriéramos que así es.

Mientras tanto, mientras creamos que nuestras ideas anarquistas son válidas, justas y necesarias, intentemos actuar como decimos y vamos a creernos lo que decimos. Es posible que nos fuese mejor así.

El hooligan

Continuamos con nuestra serie sobre manipulación de asambleas. En esta ocasión vamos a hablar de un biotipo raro pero necesario para todo buen manipulador que se precie: el hooligan, o fan incondicional. Dentro de toda asamblea más o menos grande (o sea, que tenga cierta entidad, si tu asamblea es de las pequeñitas la manipulación no tiene lugar, simplemente convences a los otros dos de tus posiciones, por absurdas o egoistas que sean (desengáñate, tú no quieres hacer la revolución ni nada parecido. Tú quieres alimentar tu ego, y tu ego tiene mucha hambre). En tu asamblea ya habrás formado tu grupo decisiorio, con el que conviertes tus designios en “decisiones de asamblea legítimas”. Pero además conviene que haya gente ajena al grupo que apoye y siga los designios dictados por el líder carismático (tú). Y este es el hooligan o fan de la asamblea.

No nos conviene que el hooligan esté metido en nuestro grupo de influencia. Podría descubrir cómo se toman estas decisiones y para qué, lo que le elimina como hooligan. Al hooligan hay que tenerle convencido de que está en una organización asamblearia, horizontal, revolucio-algo y toda esa mierda que no te crees. Al hooligan, ojo, no lo eliges, el hooligan es.. Es el tipo de persona al que todo le parece bien, todo es maravilloso y que vive convencido de que sólo dentro de nuestra asamblea se puede llevar a cabo nuestros proyectos revolucionarios (o por lo menos, que te de para dar una chapa en alguna okupa o el ateneo de Tomelloso). El hooligan, sí, vive en Narnia.

Siempre hay alguien así: es gente maja, simpática y con un sentido crítico orientado hacia el exterior y anulado completamente hacia la propia organización (tienes que estar atento de lavarle el cerebro convencerle de ello periódicamente, esta gente lee y la gente que lee acaba pensando por sí misma si la dejas sola).

Necesitas tener controlado constantemente a tu hooligan porque siempre verá cosas raras, como por ejemplo un comportamiento errático de su líder carismático (insistimos, ese eres tú, créetelo, joder!) y habla y se relaciona con todos los miembros de la asamblea, no como tú que no te soporta media asamblea. Y es bueno que hable con el resto, para convencerles de tus posiciones, dado que buena parte de la asamblea a estas alturas ya no te soporta. Normal, les mola la cosa esa de la toma de decisiones en común, la asamblea, el debate y pensar entre todos. De verdad, qué pesados!

En definitiva, querido manipulador asambleario, un hooligan es necesario en tu asamblea. Cuídalo, él se encargará de dar la brasa al resto con las bondades de la “organización revolucionaria”. A liderar por tí, por supuesto. ¡Suerte!

Electoralismos

Cada hombre un voto, se decía cuando el derecho al voto era censitario, esto es, dependiente de unos ingresos determinados. Se luchó mucho por conseguirlo, y por evitarlo. Se temía que la extensión del derecho llevase al caos o al «socialismo». Se implantó, finalmente, y no pasó casi nada. Los conflictos sociales se seguían dilucidando en las calles y los tajos, con mayor o menor dureza. En el parlamento, todo lo más, se reflejaban de vez en cuando. Más adelante algunas mujeres exigieron su derecho: eran las sufragistas. Las apalearon, las humillaron, las encarcelaron, pero al final consiguieron su derecho. Sorprendentemente, ni hubo akelarres en las calles (una pena, son ceremonias muy vistosas), ni se transformó la sociedad en feminista.

Es curioso, que con todo lo que se ha luchado por un sistema electoral (parlamentario en estas latitudes ) sus éxitos parecen más propios de la voluntad de sus defensores que de los hechos históricos. Tal vez falla la cuestión de base. Consideramos, porque así nos lo enseñan, que democracia y electoral son la misma cosa. Que una sociedad democrática es una sociedad que vota. Sin más. Y no es verdad.

El acto de votar es hermoso, es un ritual evocador de la democracia. “Habla pueblo, habla”, se decía en la transición (o transacción). Y así gusta que hable, de manera educada, formal y ordenada. Justo como no se expresa el pueblo «soberano» (de la caraja que lleva). Pero el pueblo, cuando habla, suele ser brutal, áspero y arrollador. Todo lo contrario, vamos. Pero el ritual es bonito, vamos a reconocerlo. Eso sí, como todo ritual encierra una mentira y una historia de dominación y sumisión.

Electoral viene de elegir, al contrario que democracia, que habla de quien gobierna, quien manda. En el sistema electoral eliges quien, o quienes, van a gobernar en tu nombre. Quien va a discutir sobre violencia de género, tus derechos (laborales y como persona en general), subvenciones (a gente rica, generalmente), la paz, la guerra…es decir, es un acto de cesión de soberanía a un tercero, que será quien tome las decisiones. Y en eso se aleja del ideal democrático, porque ya no gobierna el pueblo, sino sus representantes. Y no es lo mismo, claro. Seguro que es mejor que corea del norte (casi todo es mejor que eso, salvo tal vez Tele 5), pero no deberíamos confundir los términos. Si es democracia, no es electoral.

una película de ficción y mentiras

Parece que esta semana se acaba la película de ficción y mentiras que llevan meses trasmitiendo en nuestras vidas cotidianas.

Ahora empezamos con la de terror (un mal terror). Este sábado se formará gobierno. Y mientras tanto ¿qué estamos haciendo? ¿Qué hemos hecho para llegar hasta aquí? Si, hace unos días se llenaron las calles de personas protestando por las reválidas.

El sábado se hará otra mani tipo…rodea el congreso… Pero… ¿qué se ha hecho hasta hoy? ¿Por qué hemos llegado a esta mierda?
En mi opinión porque se sigue creyendo en esta democracia de libertad por ir a  votar (me da igual al partido), porque se sigue delegando nuestras vidas a un sistema capitalista, superficial y conformista.

Pensamos que por cambiar de actores, la película será diferente o mejorará, lo que no estamos viendo es que el escenario y el contenido es el mismo. Una ficción casposa y retrógrada,con actores sin formación y ansiosxs de poder.

Igual lo que hay que plantearse seriamente, es buscar cine de buena calidad, y darse cuenta que en esta sociedad capitalista, clasista e inhumana no vale solo con votar cada cuatro años y aguantar lo que nos echen. Es triste ver la crisis en que estamos metidos (que nos han metido) y ver las calles vacías de gente, de lucha, de rebeldía.

Es indignante ver todos los días noticias de políticos corruptos, mentirosos e incompetentes… y que a pesar de eso siguen saliendo reelegidxs o se sigue manteniendo a esos partidos políticos que solo buscan fama, pasta y mantenerse en el poder.
Y me sigo preguntando,

¿Qué hacemos mientras tanto?

Me considero una persona optimista y luchadora… pero cuando veo que ahí fuera va ganando el capitalismo me entra un poco la desesperanza… empieza a calar el miedo de esta película de mal terror, y ¿por qué? Porque estamos dormidas. No queremos ver lo que nos rodea, las marionetas que quieren que seamos, porque quitarnos esa venda de conformismo casi da más miedo, porque solo se busca esa calidad de vida que pensábamos que teníamos y que nunca volverá. Porque la dignidad se pierde en estos trabajos de mierda que tenemos, porque las palabras compañerismo, lucha y libertad han perdido su sentido y significado.


Vivimos en  una sociedad resignada, educada para asumir y no pelear. Educada en el miedo y en las mentiras. En pensar que es mejor valorar por lo que se tiene y no por lo que se es. Porque se vive en un individualismo absoluto y no en un colectivo, porque nos da miedo sentir. Porque nos educan en el MIEDO. Herramienta increíble para tener el control.

Me considero anarquista, por lo que este sistema de partidos, estado y democracia no me lo creo, y me entristece ver que cuestionan más esa vida libre y libertaria que a un sistema podrido. Con esto no quiero dar lecciones a nadie, solo quiero entender y saber porque no nos movemos, avanzamos y sobre todo cuestionamos este sistema. Sistema que nos ahoga cada vez más y nos hace caminar como  borregos. Porque solo se queda en la crítica a la forma y no al contenido.

Tenemos que creernos que hay que luchar para cambiar este sistema desde la base, que pelear día a día dará sus resultados y hacerlo por nosotrxs mismos, poco a poco, y no esperar a que nos dirijan, nos lleven y nos den las soluciones.


¿En serio nos creemos que van a dejarnos decidir cuestiones de nuestras vidas? ¿Qué nos van a dejar ser libres? ¿Qué podemos autogestionarnos en tiempo, ideas, pensamientos…? Sería la muerte de ellos mismos. De su poder.

Por eso creo que hay que dejar de ver películas que nos impongan y empecemos hacer las nuestras. Siendo nosotrxs los actores y eligiendo la temática que queremos y nos gusta.

Por eso a pesar de la tristeza, rabia e indignación que tengo hoy seguiré luchando, moviéndome siempre con una sonrisa sin decaer y sin perder los ánimos.

Hoy más que nunca quiero esa anarquía bella en la que creo.