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negacionistas y otras yerbas

El negacionismo parece ser el nuevo mal que enfurece a los ciudadanos de bien, aquellas personas “cívicas” y “responsables” que solo miran por el bien común (eso sí mientras que no les suponga mucho esfuerzo o no les perjudique en exceso) y aquellas que no miran tanto pero que nunca se pierden una ejecución pública. Bajo el término se incluyen a personas con ideas de lo más dispar, algunas absurdas, otras muy creativas, y algunas que tal vez no sean ni tan creativas ni tan absurdas. Todas estas personas probablemente tengan solo una cosa en común, están en contra de la configuración social actual, compuesta por toques de queda que se llaman “restricciones de movilidad nocturna”, estados de excepción llamados “estados de alarma” y toda una batería de medidas coercitivas y restrictivas más propias de una guerra que de una emergencia sanitaria. 

Por una extraña casualidad el poner en duda la eficacia de restricciones (a cada cual más creativa), de criterios supuestamente “científicos”, o la duda sobre la seguridad de una vacuna concreta (con una aprobación condicional) caen en el mismo saco que las ideas terraplanistas, de la tierra hueca, de los antivacunas y de conspiraciones varias. Acto seguido los medios de comunicación machacan a todo incauto televidente con el término NEGACIONISTA y con imágenes de los más vergonzantes integrantes del saco, para que ni por asomo se nos ocurra tener ideas que puedan parecer “negacionistas”. Una forma no tan creativa de aniquilar cualquier posible discurso disidente al mayoritario, lo que no es el discurso oficial es propio de los personajes más cómicos y de baja estopa de la sociedad, a los cuales nadie se quiere parecer. 

Sin embargo la inmensa mayoría de esas “cívicas” y “responsables”, lapidadoras públicas comparten un aspecto fundamental con las versiones más cómicas de las integrantes del odiado “negacionismo”, un aspecto que las acerca tanto como las dos caras de la misma moneda. Ni las unas ni las otras apoyan sus ideas en información contrastada, en conocimientos propios, etc. Las certeza de ambos grupos en sus ideas se sustentan en terceros, se sustentan sobre el principio de autoridad. Sus ideas son “verdaderas” porque las han escuchado/leído de determinados medios, de los “expertos” que aparecen en esos medios, del gobierno, etc. El principio de autoridad como forma de crear certezas tiene semejanzas con los actos de fé de las religiones y para desgracia de ambos significa que en cualquier momento tanto unos como otros pueden cambiar a la otra cara de la moneda… 

Sin embargo el conocimiento, el verdadero, el que enriquece al individuo, requiere reflexión, experimentación, tiempo y una dosis importante de duda y suspicacia y esto para desgracia de la humanidad no lo aprendemos en las escuelas, lo que sí aprendemos es el principio de autoridad…