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Compromisos

Una de las palabras más recurrentes en toda reunión que tengas con jefazos, managers o coach enterprise lo que sea , es “compromiso”. Por encima de “sinergia”, que también se las trae. El compromiso no se sabe muy bien lo que es o, siendo precisos, lo que interpreta el cortijero (tu general manager tiene más que ver con “Don Pedro” que con un Mark Zuckerberg cualquiera, si bien este último también tiene su aquel) de turno que significa.

Sí es evidente que, sea lo que sea lo que se mide, se hace en horas. Cuando te dicen que no estás “comprometido con el proyecto” lo que te dicen es que llega tu hora de salida y tú vas y chapas y te vas a casa. Lo contrario, es decir, el trabajador “comprometido” con la Empresa es alguien que se pela 10, 12 o 14 horas diarias, fines de semana, fiestas de guardar y lo que haga falta, señor, estamos aquí para lo que necesite, un admirador, un esclavo, un siervo.

Valoramos mucho la familia y te agradecemos mucho que sacrifiques tu vida personal y familiar por el bien de la compañía”. Literal. Te lo dicen sin descojonarse, sin que les tiemble una ceja. Ponen su mejor cara de mármol y te sueltan esa mierda, con su mejor sonrisa angelical, dando gracias al Señor (el buen cortijero es Católico, Apostólico, Romano y un poquito Farlopero) y deseando que tu familia sea comprensiva con tu sacrificio en pos de “nuestro proyecto empresarial”, que somos muy familiares aquí, pero jódete.

No es nada nuevo esto. Desde hace mucho (bueno, concretamente, de siempre) la pretensión empresarial es que tengas una disponibilidad 24/7 (horas/días) para lo que diga el amo (lo último, están proponiendo la semana laboral de 7 días, porque…bueno, porque son así). Eso de las 40 horas semanales es cosa de rojos o, peor, anarquistas (un día hablamos de estas cosas, prometido, de momento se sepa que no es lo mismo).

Al fin y al cabo, la metamorfosis de Kafka nos habla precisamente de esto.

El trabajo nos destruye como personas, nos socava, nos acabará convirtiendo en bichos asquerosos ajenos a todo lo que no sea nuestro “compromiso ” con la empresa. En definitiva, nos deshumaniza.

La próxima vez que tu jefe te hable de “tu compromiso” quiero que pienses en Kafka: que te imagines convertido en una asquerosa cucaracha que vive para currar y molestar a la gente que se supone quieres. Cuando lo haces se te pasa todo ese jodido “compromiso”