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El trabajo en la actualidad

El Postfordismo: flexibilidad y globalización.

Llegan los años setenta y EEUU abandona el patrón oro para el dólar (1971), a partir de ese momento los dólares impresos no estarían avalados por oro y cualquier garantía de estabilidad del valor del dólar era una fantasía. Pasan dos años y estalla la crisis del petróleo, Europa y Japón se vieron gravemente afectados por la crisis. Será dentro de la crisis cuando se introducen las ideas neoliberales, ideas que con el paso de los años finiquitan el fordismo.

Como resultado en los últimos 40 años en los países con un capitalismo avanzado el trabajo ha sufrido una transformación tan profunda que es difícilmente identificable frente al modelo previo, el fordismo. Los nuevos paradigmas neoliberales son: globalización, deslocalización, desindustrialización, multinacionales, flexibilidad, temporalidad, precariedad, crisis de la economía productiva.

La economía giró hacia el sector servicios: las fábricas cerraron desapareciendo el obrero de mono azul y surgiendo el obrero de camisa blanca. Mientras tanto en las regiones periféricas (los países con un estado menos avanzado del capitalismo) se dio un proceso de taylorización que permitió al empresario aprovecharse de una mano de obra más barata gracias a la globalización. El nuevo modelo basado en el sector servicios apuesta por la descentralización, la rotación laboral,la deslocalización, y flexibilidad laboral. La constante es la inestabilidad.

Como objetivo último la reducción de los costes de la mano de obra y huir de los riesgos de la centralización del trabajo.

La globalización, que es la punta de lanza del neoliberalismo, ataca al trabajo, mediante un discurso que asegura que ya no es posible proteger el trabajo ni sus derechos a nivel nacional porque el país y las personas tienen que competir internacionalmente. El trabajo se convierte en una mercancía como todas las demás. En este marco el estado de bienestar es inútil.

La identidad obrera

El trabajo había sido el punto central de la identificación colectiva como grupo. Este espacio ha sido ocupado por las tribus urbanas, por los estilos de vida, por los hábitos de consumo. Estas ultimas cobran más importancia en la conformación de la experiencia vital y por lo tanto de la percepción de identificación que el hecho del trabajo, haciendo que las identidades se multipliquen, y que al mismo tiempo que varien según el ciclo vital o la tendencia cultural. Siempre de una forma más débil más individualizada y menos perdurable en el tiempo e incapaz de transmitirse de generación en generación. Estilos de vida, grupos y trayectorias explican más que el concepto tradicional de clase.

Varios factores se han aliado para debilitar la experiencia común que conformó la idea de pertenencia a la clase obrera:

Hasta la llegada del postfordismo el trabajo definía las identidades, ya que la experiencia del trabajador era una vida laboral larga en el mismo centro de trabajo con los mismos compañeros y en el mismo barrio que el resto de sus compañeros. El trabajo era el nexo de unión de estas identidades, de los espacios de sociabilidad, de los valores, etc. Aún el trabajo identifica al individuo, es importante a la hora de definir al sujeto social pero a la vez hay que tener en cuenta otros elementos sociales como el consumo y estilo de vida para tener una visión completa del individuo.

La precariedad laboral, la temporalidad dan como resultado una experiencia laboral muy fragmentada, en la que las biografías laborales se han roto. El comienzo de la vida laboral se retrasa y a la vez la salida de la misma es abrupta y temprana.

El paro ya no es, como en la época anterior, un desempleo coyuntural en el que el sistema de desempleo actúa en momentos determinados como hilo de continuidad entre largas experiencias laborales. En estos momentos el paro es un factor de ruptura de la experiencia laboral ya que la salida del mercado puede ser un proceso radical que te obliga a cambiar por completo tus expectativas, experiencias y profesión. Así como un elemento de disciplina mediante el miedo, miedo a perder el trabajo, miedo a quedarte en paro, miedo a perder todo.

Deslocalización, descentralización, subcontratación, los modelos de empresa en red. Herramientas para disminuir la identificación empleador/empleado e individualizar las relaciones laborales.

Desaparición de los barrios obreros. Los mercados, centros de teleoperadores y oficinas no generan barrios obreros a su alrededor. Por lo tanto la conciencia obrera, de la cual era un importante motor los barrios obreros, ha ido progresivamente fragmentándose, individualizándose. Ahora ya no sólo no se forman barrios obreros alrededor de los centros de trabajo sino que la clase obrera postfordista no sólo no vive en barrios obreros sino que ha expulsada de las ciudades hacia la periferia en un modelo de viviendas hacia construidas hacia dentro, fortalezas aisladas en las que se necesita el uso el del coche para acceder a todo tipo de servicios, fortalezas en las que se desarrolla la vida sin contacto con los vecinos.

El empleo.

Los derechos laborales, y seguridad laboral se han debilitado hasta el punto de dudar en la existencia del derecho del trabajo. La realidad cotidiana incumple sistemáticamente los escasos derechos laborales, extendiéndose la idea de precariedad vital. El trabajo actual es un tipo de trabajo que no asegura ni tu manutención ni reproducción, que no tiene derechos y no genera ninguna estabilidad en las expectativas de vida. Un trabajo que obliga a vivir en la deuda permanente.

Diferencias entre el trabajo durante el fordismo y el actual:

  • Burocratización del trabajo y la pirámide empresarial. El trabajo actual es un modelo líquido, en red que funciona por procesos de micro competencia e individualización máxima.
  • Subcontratación. En el modelo actual las empresas subcontratan partes de la producción para evitar la acción colectiva.
  • Empresarialización del obrero, a través de contratos meramente decorativos o las relaciones autónomo/empresa.
  • La red de seguridades y derechos del trabajo ha desaparecido. El mercado laboral ya no está regulado.
  • Difuminación de la relación entre el patrón y el empleado. El empleador se pierde en una red y desaparece como enemigo social.
  • Todo el proceso se ha desdibujado hasta el punto de que los sujetos deben ser sus principales disciplinadores.
  • Alto grado de desempleo.
  • Altas franjas de población excluidas.
  • Despolitización de los grupos sociales antes calificados como obreros.
  • Supresión de la cultura propia. Entiéndase como tal los términos alrededor de la cultura y política de clase.

el-fordismo

El Fordismo, el desplazamiento no es remunerable.

Henry Ford, dueño de los automóviles Ford le da una vuelta de tuerca al taylorismo introduciendo la cadena de montaje (inspirada en las cintas transportadoras de los mataderos).

Esta cadena de montaje provoca cambios en la organización del trabajo que tienen que ver con:

  • Perseguir mayores ganancias.
  • Perseguir mayor disciplina en el trabajo. Con esto consigue evitar los desplazamientos de los trabajadores en la fábrica, desplazamiento que se considera un tiempo perdido, fijando a los mismos en un punto determinado. Permitiendo así la fabricación a gran escala.

Introduce novedades en la gestión de la mano de obra con el objetivo de disciplinar:

  • el salario alto (5$ por día).
  • Investigadores para que investiguen a los trabajadores y así saber si cumplen ciertas condiciones: estar casados, tener una vida ordenada, tener estabilidad familiar, no abusar del alcohol, etc.
  • El que no cumple los requisitos no cobra el salario alto.

Pero por encima de todo el fordismo trae un cambio en el paradigma capitalista: el beneficio está en producir gran cantidad de productos iguales, de manera masiva. Nace el consumo de masas.

El fordismo se extiende a nivel mundial, con el consumo de masas, a partir de la Segunda Guerra Mundial. Guerra tras la cual el capitalismo vive sus 30 años dorados y el fordismo que es un gran consumidor de mano de obra no cualificada necesita mantener un nivel salarial más o menos constante. Para evitar la subida de salarios habiendo agotado la mano de obra local se amplía el mercado de trabajo con mano de obra extranjera (de las antiguas colonias y de la cuenca mediterránea en Europa) estableciéndose acuerdos entre estados para importar mano de obra (acuerdos bilaterales). En paralelo a esta migración regulada existía una migración irregular que en número era comparativamente equivalente a la primera.

Las condiciones de vida y trabajo de los obreros.

El nuevo modelo de trabajo necesita un tipo de trabajador sano y descansado para lo cual aparece un nuevo contrato: salario relativamente alto a cambio de orden y disciplina llevada a la vida privada.

El obrero masa convertido ahora en consumidor no produce solo para las élites si no para todo el mundo y por lo tanto parte del salario retorna al patrón (a través de los bienes consumidos por el trabajador).

Ya no es necesaria la coacción del cronómetro, es la propia maquinaria de la cadena de producción la que impone el ritmo y de la cual el trabajador se convierte en un engranaje más.

Los ritmos de trabajo son los ritmos de la cadena de montaje y por lo tanto los ritmos de trabajo son los de la máquina.

Disciplina extrema en el ritmo de trabajo, el trabajador que vas más lento o para, provoca un desequilibrio en la cadena que afecta tanto al producto final como al siguiente compañero en la cadena, etc.

El reclutamiento de la mano de obra que siempre había sido un problema ahora queda resuelto ya que el salario alto hace que las masas se acumulen en la fábrica para ser contratadas.

Es el periodo del pacto social, y el estado del bienestar.

Surgen los suburbios obreros alrededor de las principales ciudades industriales. La mano de obra, que trabaja en fábricas gigantes con miles de personas, con trabajos de por vida, con condiciones de trabajo muy similares regidas por convenios y en barrios muy homogéneos en términos de clase (doble socialización en el lugar de trabajo y de vivienda) vive experiencias muy similares y esto provoca el resurgir del concepto de clase (la identidad del obrero masa).

Barrios hacinados, contaminados, con escasas dotaciones públicas.

El fordismo dejó huecos por los cuales la resurgida clase obrera atacó. La cadena de montaje tenía un punto débil: atacar cualquiera de sus puntos provocaba la parálisis de toda la cadena así que la clase trabajadora obtuvo su poder de nuevo parando un punto de la cadena.

Estas luchas consiguieron grandes mejoras en la calidad de vida asociadas a la época siendo el sindicato el medio y el convenio el marco de referencia para obtener esos beneficios.

Taylorismo

Taylorismo, la organización científica del trabajo

Alcanzamos el siglo XX, los grandes países europeos están completamente industrializados, la industria ha alcanzado un gran tamaño y un alto grado de complejidad. Europa ha vivido las revoluciones burguesas y un siglo de fuerte crecimiento demográfico que ha llegado a duplicar su población gracias a los avances en medicina y agricultura. El transporte está acortando las distancias gracias a la extensión del ferrocarril, la aparición de la máquina de vapor y los grandes barcos con casco de hierro y acero. Desgraciadamente el paro y la pobreza en la clase obrera europea son un mal endémico. Todo esto provoca grandes migraciones de población europea a países en industrialización. En este contexto alcanzamos el año 1911, año en el que Frederick Taylor edita un libro que cambiará para siempre la fábrica, “The Principles of Scientific Management”.

Hasta este momento los métodos de organización del trabajo querían soslayar el oficio, bien sea mediante la máquina, o el estímulo con salarios complejos, o enfrentarlos a ellos mismos con el sistema de destajo. Taylor: ataca la base, destruye el oficio.

La extensión del taylorismo es un proceso muy lento y desigual que comienza en EEUU pero en Europa encuentra grandes dificultades debido a la fortaleza de los sindicatos.

La organización científica del trabajo.

Taylor se dedica a observar los gestos productivos de los trabajadores cualificados en la industria americana y comprende que estos tienen un ritmo propio formado por una serie de movimientos encadenados y repetidos a lo largo de la jornada de trabajo. Con esta información propone un modelo organizativo en la fábrica con el objetivo de acabar con lo que él considera la holganza obrera, ineficacias en el proceso productivo (la autonomía obrera en los ritmos de trabajo y transferencia del conocimiento profesional). Este modelo se basa en la división del trabajo, la reducción del proceso productivo y la introducción de un sistema de salarios con dos escalas.

La división vertical del trabajo separa el trabajo en:

  1. Trabajo de oficina (encargados de concebir, supervisar y organizar el proceso productivo).
  2. Trabajo de ejecución (obreros encargados de llevar a cabo el proceso productivo).

La reducción del proceso productivo consiste en desmenuzar el proceso que ocurre en una fábrica en gestos productivos simples (utilizando al obrero más apto) de tal forma que estos puedan ser cronometrados y transmitidos con facilidad por parte de la comisión técnica a los obreros.

Las dos escalas salariales sirven para castigar a los que no cumplían con los tiempos cronometrados con un salario más bajo que los que sí. Introduciendo además como ganancia secundaria la competencia y profundizando la división entre obreros.

Las condiciones de vida y trabajo de los obreros

Tras la Primera Guerra Mundial los países cerraron sus fronteras, se acabó con la libre circulación (leyes de prioridad de la mano de obra nacional sobre la extranjera). Libre circulación que era desde hacia tiempo un problema para la patronal, patronal que quería evitar el abandono de los puestos de trabajo para llevar a cabo labores agrícolas estacionales, etc.

El taylorismo hace que el oficio desaparezca y en consecuencia disminuye el número de trabajadores cualificados (oficiales), que se suplen por trabajadores sin cualificación. Es un modelo consumidor de mano de obra sin cualificar o de baja cualificación. A la vez se introducen nuevas figuras en la administración, los cronometradores y se crean los cuerpos de ingenieros industriales encargados de definir los procesos productivos de ahora en adelante.

El sindicato de oficio entra en su declive definitivo y lo sustituye el sindicato de ramo.

El poder obrero en la empresa se hunde (se mantenía gracias al conocimiento del proceso de proceso de producción y su control). La autonomía obrera desaparece y se esconde en la oficina ya que el conocimiento antes en manos del oficial ahora pasa a manos de la comisión técnica, el control del ritmo de trabajo ahora es realizado por un cronómetro que no entiende de descansos, desplazamientos, o cualquier tipo de ocio. El trabajo por arte de magia se convierte en una serie de gestos simples repetitivos.

Así tenemos que el cronómetro se convierte en un instrumento de control político del obrero en el trabajo, un arma contra la clase obrera organizada: el trabajador de oficio y el sindicato. Pasando como por arte de birlibirloque del obrero profesional al obrero masa.

Destruye el oficio porque el oficio es el saber de una manera de producir (se adquiere en un proceso de aprendizaje) en la que el oficial tiene un conocimiento que necesita el patrón dotándole de autonomía frente al patrón al que le queda la subcontratación. Al descomponer las operaciones complejas (el conocimiento de los oficiales) en elementos simples realizados en cadena Taylor destruye este conocimiento y lo traslada a la oficina. Por lo tanto el poder de negociación se destruye.

El nacimiento de la clase obrera

La formación de la clase obrera

En la Baja Edad Media se dan una serie de procesos que concluirán a lo largo del siglo XVIII dando lugar al surgimiento de la clase obrera. En este sentido podemos decir que la misma clase obrera ya estaba allí cuando surgió ya que fué un proceso de proletarización cuya culminación ocurrió en el siglo XVIII. En este proceso las cronologías (y los procesos) son distintos en cada país, siendo Inglaterra el primer país europeo en vivir el nacimiento de la clase obrera.

El factor decisivo para el cambio fue el nacimiento del pensamiento ilustrado (Adam Smith, John Locke) en el siglo XVIII. Los ilustrados, en su momento, hacen propaganda de la propiedad privada y la libertad de uso, consumo y producción. Como resultado de estas ideas la organización del trabajo precapitalista (el gremio) sufre un ataque por parte del poder del estado (en los países ilustrados) y del poder económico. Los gremios pasaron a ser instituciones molestas en el momento en el que se comienza a liberalizar los procesos productivos.

A finales del siglo XVIII los estados europeos dictan las leyes que permitirán acabar con los restos del viejo régimen, se regulariza el trabajo no agremiado. El toque final a los gremios se da con la abolición de los mismos en Francia (1776 Seis decretos de Turgot), a partir de ese momento cada uno de los estados europeos (en un plazo de tiempo largo) dicta leyes similares.

Este proceso de mercantilización del trabajo urbano camina en muchos países de forma paralela a la expropiación del campo (disolución de comunales y el cercamiento de tierras). En consecuencia una gran parte de la población campesina que se queda sin sustento acabará emigrando a las ciudades y pasando a formar parte en la ciudad de una masa de mano de obra barata. Mano de obra que, junto a los artesanos no agremiados y otros grupos laborales como las mujeres o los niños, entrará también en conflicto con los gremios. Las luchas en esta época fueron tanto contra el patrón como contra los trabajadores ya proletarizados.

Los trabajadores de oficio (procedentes de las organizaciones gremiales) se sentían todavía orgullosos de su estatus, heredado de sus antiguas organizaciones en las cuales habían creado una cultura de siglos en torno a la autonomía y la economía social. Este orgullo y defensa de su estatus chocó con aquellos que consideraban indignos. Indignos por vender su trabajo a bajo precio, por no tener conocimientos o especialización, por no tener autonomía, por someterse a los ritmos del trabajo industrial.

Por lo tanto las primeras organizaciones de resistencia fueron construidas en torno a los oficios y dejaban de lado a la mano de obra no cualificada. Fueron luchas en torno al control y la autonomía y enfrentados a la maquinaría y la mano de obra no cualificada.

La cultura de estos grupos despreciaba el trabajo alienado, las urgencias de la producción masiva y el control del patrón en su trabajo.

Según se fue conformando la clase obrera y los oficios se abrieron a un sindicalismo más amplio legaron estas tradiciones (de autonomía obrera, autogestión y control de los medios de producción) al movimiento obrero.

Aunque los gremios desaparecieron la cultura gremial pervivió a los mismos y se extendió al resto de la población trabajadora.

El espacio dejado por los gremios

Con la desaparición de los gremios parte de sus atribuciones son tomadas por las sociedades de socorros mutuos. Estas eran sociedades abiertas y de libre asociación que se reunían en espacios públicos y daban asistencia a los trabajadores del oficio, además en algunos casos estas sociedades incorporaron actividades sindicales.

Más tarde surgieron los sindicatos de oficio, organizaciones que reunieron trabajadores de un oficio concreto y tenían un ámbito local o comarcal. Estos sindicatos tenían una influencia limitada y con la expansión del capitalismo se vieron superados rápidamente.

Finalmente aparecen las organizaciones de clase a finales del siglo XIX, estas eran de ámbito nacional, estatal o imperial. Estas organizaciones terminan de formar el imaginario de la clase obrera (1 de mayo 1886, etc) y la conciencia de clase (acumulación de experiencias individuales y colectivas de resistencia).

Desde su aparición los sindicatos son muy duramente reprimidos y por lo general estaban prohibidos con algunos momentos puntuales de tolerancia, momentos que eran aprovechados para crear las organizaciones obreras que pervivieron. Los sindicatos durante esta época tienen una vida y fuerza intermitente dependiendo siempre del nivel de persecución y con una continuidad mantenida en la clandestinidad.

A través de la experiencia se vertebra la conciencia de clase que es la acumulación de sentimientos y recuerdos compartidos de resistencia frente a otros con intereses distintos.

La nueva clase obrera

La nueva clase obrera estaba compuesta por:

  • Los trabajadores de oficio y artesanos urbanos. Antiguos trabajadores gremiales (oficiales, aprendices y algunos maestros) que con la transición de las instituciones gremiales a los oficios veían como sus condiciones de vida, laborales y valoración social eran degradadas (generalmente carpinteros, zapateros, alfareros y sastres).

Mantuvieron el control del proceso productivo y la transmisión del conocimiento del oficio. Este control fue el punto de conflicto con el patrón y a la vez la baza que jugaron estos para mantener su posición. En cuanto que se perdían estas ventajas bien con la formalización del aprendizaje del oficio por parte del Estado, o de la automatización del proceso productivo con la introducción de máquinas estos trabajadores perdían su condición rápidamente.

  • Los trabajadores de nuevos oficios. Estos no provenían de los gremios (mecánicos, etc.) y sus condiciones de trabajo estaban ya inicialmente adaptadas a los nuevos tiempos (peores condiciones).
  • Los trabajadores fabriles. Trabajadores no cualificados y que como en el caso anterior muchos procedían del campo. Las condiciones de vida y laborales variaron en función de la presencia de antiguos trabajadores de oficios. Las primeras fábricas fueron generalmente de la industria textil, formadas por compartimentos estancos de distintos oficios (con organizaciones sindicales). Por otro lado las fábricas modernas como la industria del metal, explosivos, papeleras introdujeron una nueva forma de trabajar distinta de la de los talleres (aunque en algunos casos las diferencias no son tan grandes).
  • Los peones. Trabajadores no cualificados, en muchos casos procedentes del campo, y para los cuales las condiciones de trabajo y vida estaban muy degradadas.
  • Los trabajadores de la obra pública. En esta época empiezan a surgir los estados modernos y estos hacen fuertes inversiones en infraestructuras. Las grandes infraestructuras de esta época absorben una gran cantidad de mano de obra no cualificada (peones) procedente del campo y de la ciudad, y mano de obra cualificada (oficios). Las condiciones de vida y laborales son las mismas que las del resto de la clase obrera. En cuanto a las resistencias, este sector no genera prácticas sindicales o de resistencia a largo plazo pero sí que dio a otras formas de lucha como motines, sabotajes, revueltas.

Las condiciones de vida y trabajo de los obreros.

Es una época compleja de grandes transformaciones (como la llegada de la industrialización y el declive de los gremios), en la que las condiciones de vida de los trabajadores se degradan apreciablemente. El objetivo final de esta época era la disciplinación del trabajador y su adhesión al nuevo modelo productivo.

Mujeres y niños pasaron a constituir una buena parte de la mano de obra (hacia mediados de siglo se cree que el 50% de la mano de obra estaba constituida por mujeres).

Los salarios eran muy bajos y ajustados a únicamente satisfacer las necesidades básicas de los trabajadores. El trabajo infantil y de las mujeres estaba mucho peor pagado, recibiendo alrededor de la mitad del salario de los hombres. A mediados de siglo la tendencia cambió ligeramente, los salarios tendieron a subir (especialmente para los obreros cualificados) pero el nivel de vida de los trabajadores continuó siendo muy bajo.

El alimento principal era la harina en forma de pan o de gachas, y la patata (hacia mediados del siglo XIX). El consumo de carne, frutas, verduras y pescado fue muy escaso.

La indumentaria del trabajador se diferenciaba mucho de la de los burgueses: la blusa y la gorra eran elementos distintivos de los hombres; y un vestido largo, era el atuendo de las mujeres. La clase obrera en ciernes no recibía un salario suficiente como para ir bien vestidos.

En las zonas industriales las viviendas de los trabajadores se acumularon cerca de las fábricas, así surgieron los barrios obreros. Viviendas cuyo interior era muy pobre, con pocas habitaciones, siendo frecuentes las cocinas y letrinas comunitarias. Estos barrios obreros crecieron de forma desordenada, sin que los poderes se preocupasen de dotarlos de unas condiciones mínimas como era el trazado urbano, alumbrado, alcantarillado, gestión de basuras, etc. Las calles y patios estaban muy degradados por el amontonamiento de basuras, desperdicios y aguas sucias estancadas. Esta situación, unida al hacinamiento y la mala ventilación, aumentó el peligro de infecciones.

Los ritmos de trabajo y el proceso de producción que hasta el momento eran controlados por el trabajador se convierten en el campo de batalla de los patrones. Patrones que pretenden eliminar los privilegios que aún mantienen los trabajadores de oficios. Para conseguir estos fines utilizan distintas estrategias (por ejemplo el destajo) a lo largo del tiempo. Allí donde esas batallas se perdieron las condiciones de vida de la clase trabajadora en formación se veían muy degradadas. Aún así es imposible entender la imposición de jornadas maratonianas y el control férreo en el centro de trabajo sin considerar altas tasas de absentismo laboral y una resistencia soterrada en forma de sabotaje y boicot.

El intento de los patronos de aumentar la intensidad y regularidad del trabajo mediante el disciplinamiento (hojas de horario, control de tiempos, eliminación de las relaciones sociales) se encontró con el rechazo frontal de los oficios con resistencias tanto cotidianas como a mayor escala.

No todos los esfuerzos de los burgueses fueron represores también durante esta época se intentó la adhesión del obrero al modelo productivo mediante la recompensa. Un ejemplo de esto es el paternalismo industrial. Práctica que para conseguir la disciplina, extiende el control de la mano de obra más allá del lugar de trabajo:

  • Mediante premios a trabajadores modelo y sanciones a las prácticas no aceptadas.
  • El uso de las colonias industriales gestionadas por el empresario (que permitía controlar su reproducción). Se trataban de barrios para los empleados de una fábrica y se edificaban junto a la misma. Eran colonias construidas por iniciativa del empresario, él vivía en una gran mansión, los directivos ocupaban casas amplias y los obreros tenían pequeñas casas. En algunos casos estas colonias también tenían iglesias, tiendas, escuelas y hasta cementerios. Por lo tanto, proporcionaban vivienda y otros servicios (economato, etc), siendo todos gestionados por el empresario. Esto alejaba a los trabajadores de las organizaciones obreras y por lo tanto reducía la posibilidad de revueltas.
  • Mediante un comportamiento patriarcal del patrón hacia sus trabajadores (comidas, fiestas, eventos deportivos organizados por el patrón).

Espacios de sociabilidad y ocio

Las clases trabajadoras se apropiaron de la calle para la vida social mientras que las clases privilegiadas se recluyeron en sus villas y demás espacios privados. Por lo tanto la ciudad ofreció espacios de reunión en los que obreros de muy distintas procedencias se juntaron (tabernas, cafés, clubs, sociedades recreativas, bailes, etc.), en estos lugares se creó y distribuyó la propaganda obrera. El movimiento obrero intentó mejorar el ocio de los obreros a través de nuevos centros como las casas del pueblo o ateneos, donde además de reunirse para debatir sobre aspectos laborales y políticos, se podía encontrar una alternativa a la taberna con clases, charlas, teatro, biblioteca, etc…

Debido a las malas condiciones de vida y que la taberna fuese uno de los lugares principales de ocio la incidencia del alcoholismo fue devastadora entre las clases trabajadoras, incidencia que las organizaciones obreras intentaron mitigar.

El trabajo en la edad media

El trabajo agrícola en la Edad Media.

Con la caída del Imperio romano de occidente dos siglos después de las reformas de Diocleciano Europa Occidental había quedado convertida en una sociedad rural en la que casi toda la tierra pertenecía a señores feudales (el resto quedó en manos de campesinos libres: colonos y villanos) y siendo trabajada por una clase social de personas que no la poseían, los siervos (herederos de la reforma de Constantino del año 322).

Estos siervos estaban sometidos a un régimen que les imponía:

  • El siervo no podía abandonar el feudo.
  • Pertenecía al patrimonio del señor feudal.
  • Tenía que dar parte de su producción y/o trabajar un número de días las tierras del señor

A cambio obtenían protección y manutención por parte del señor.

Hacía finales del siglo XI grandes avances en la agricultura acompañados de una ampliación importante de la superficie de terrenos cultivables generaron un excedente de producción en el campo. En paralelo se dio una importante expansión del comercio en gran parte facilitado por el excedente agrícola. A partir de este momento la producción agrícola se empleó preferentemente no para el autoconsumo sino para la venta en ferias/mercados. A la par que estos procesos (y para permitirlos) las relaciones sociales comenzaron a cambiar y la servidumbre se relajó.

A medida que este cambio en las relaciones sociales se fue asentando los campesinos comenzaron a obtener un plus de ingresos durante los meses de parada agrícola trabajando para burgueses (mercaderes). Sin embargo esta relación económica no fue una relación equilibrada, y pronto provocó el endeudamiento del campesino (proceso paralelo al endeudamiento del artesano) y finalmente su conversión en asalariado.

Artesanado urbano en la Edad Media.

A medida que transcurre la Edad Media (siglo XI aproximadamente) Europa vivió el auge de las ciudades (expansión comercial), en las cuales se asentó una nueva clase social de artesanos y comerciantes que no estaba sujeta al régimen de servidumbre: los burgueses.

El trabajo realizado por los artesanos tenía varias características diferenciadoras respecto al trabajo capitalista:

  • Escasa división del trabajo.
  • No hay una periodización clara del tiempo de trabajo (no existen ni jornadas, ni calendarios de trabajo).
  • La producción se realizaba para el autoconsumo y para vender en el mercado. Por lo tanto el trabajo artesano estaba muy vinculado a la demanda.
  • Este trabajo tiene fundamentalmente un valor de cambio.
  • Son independientes, controlando tanto el proceso de producción como los medios de producción.
  • Controlan los tiempos de trabajo siendo la separación entre tiempo de trabajo y ocio difusa.
  • Valoran la destreza y la calidad, los productos están realizados con esmero y precisión dando un alto valor añadido a los mismos.
  • Normalmente la producción era local pero con el paso del tiempo se extiende a mercados lejanos.
  • Los artesanos se agrupaban por oficios (totalidad de la actividad) en gremios.

El tiempo de trabajo.

El ritmo de trabajo de los artesanos nunca estuvo marcado por la maximización del beneficio como ocurre en la sociedad capitalista si no por la necesidad de cubrir las necesidades inmediatas de los trabajadores.

En el día a día de los artesanos el trabajo y el ocio fluían en un continuo en el cual los dos elementos se fusionan, siendo las jornadas irregulares pero sin empezar nunca antes del amanecer ni prolongarse más allá del anochecer. Un día de trabajo de un artesano comenzaría con la salida del sol, tras desayunar empezaría a trabajar tranquilamente, más tarde haría un paro para comer y echar una siesta tras la cual continuaría el trabajo, finalmente terminaría antes del anochecer para cenar y descansar.

Está cadencia de trabajo/ocio no era igual a lo largo de la semana ni del año. No existía un calendario laboral explicitado, sino vinculado a los ciclos naturales, fiestas y celebraciones populares. El tiempo dedicado al trabajo comenzaba el martes y se iba incrementando poco a poco hasta el sábado que era el día de mayor esfuerzo (siendo aún así menor que el de una jornada normal de un trabajador actual). El sábado por la tarde se recibía la paga y se dejaba de trabajar hasta el próximo martes.

Este ritmo de trabajo semanal estaba además modulado tanto por unas cadencias anuales, como por ejemplo la ocurrencia de ciertas condiciones (lluvias, viento, etc), como por un sinfín de fiestas tanto oficiales como especiales (bodas, nacimientos o defunciones).

Así tenemos que los trabajadores en la edad media tenían un ritmo de vida relajado en el cual trabajaban poco tanto a lo largo del día como del año y únicamente para cubrir sus necesidades, siempre controlando los tiempos de trabajo y nunca dejando de lado el ocio y la vida privada.

Con el paso del tiempo y la introducción de las máquinas estos artesanos resistieron con energía y empeño los intentos de quitarles el control de los tiempos de trabajo. Por el contrario el objetivo de los primeros capitalistas fue disciplinar a los trabajadores, obligar a mantener unos horarios fijos, una intensidad en la producción, doblegar sus tradiciones en cuanto a sociabilidad, festividades, autonomía, etc.

El espacio de trabajo: Los talleres

El taller no es solo el lugar de trabajo, es la unidad productiva y social de la ciudad durante la Edad Media. No eran entidades aisladas, si no que se relacionaban entre ellos de distintos modos, por ejemplo mediante redes de subcontratación del trabajo.

El taller es el lugar en el que el artesano se relaciona socialmente y en el que ocurre la vida privada. Esto lo facilita el hecho de que el trabajo en el taller no es exclusivo del padre de familia sino que toda la unidad familiar trabaja (hijos, miembros no consanguíneos y mujeres) y el que por lo general estos talleres eran una estancia más de la vivienda familiar al igual que en la antigua Roma.

El trabajo en el taller estaba jerarquizado de tal forma que el varón (padre de familia) es el único con derecho de ser el maestro artesano (derecho convalidado por el gremio a través de la misma carta de examen). Por debajo del maestro artesano se encontraban los oficiales, estos cobraban por su trabajo y eran miembros del gremio por derecho.

En la parte más baja del escalafón gremial se encontraban los aprendices, a los cuales el maestro estaba obligado a alojar y alimentar y este a cambio enseñaba el oficio (por lo general en un periodo de varios años), periodo tras el cual eran admitidos en el gremio y pasaban a ser oficiales.

Mención especial recibe el trabajo de las mujeres que tuvo gran importancia al comienzo de la Edad Media participando en todas las profesiones en mayor o menor medida siendo admitidas en los gremios en términos de igualdad respecto a los hombres y que fue perdiendo peso con el paso del tiempo por la influencia de la Iglesia y las clases altas burguesas, finalmente alrededor de los siglos XIV o XV fue prohibida la aceptación de mujeres en los gremios. Aún así las mujeres continuaron teniendo presencia en el mundo gremial pero este trabajo por lo general ya no estaba regulado por el gremio (aunque pervivieron determinados gremios de mujeres como las bordadoras de seda y oro de París).

Los gremios

Dentro del concepto de gremio se incluyen múltiples realidades diferentes (que van desde universidades hasta los oficios) con algunos puntos en común. Por lo tanto dar una definición completa y que incluya todas estas realidades puede incurrir en errores en determinados casos, aún así se puede dar una visión simplificada de la idea de gremio en la Edad Media.

Los gremios son instituciones compuestas por personas de un mismo oficio que se encargan de regular la actividad industrial y a veces la comercial en el área de una ciudad, localidad o área de influencia de estas. Pueden ejercer esta regulación gracias a que consiguen del poder político un privilegio (libertad) de practicar su oficio en un área determinada.

Los gremios tienen el privilegio y las atribuciones para:

  • Cobrar una cuota.
  • Controlar la entrada al gremio mediante el aprendizaje y la carta de maestría.
  • Organizar el currículo artesano (mediante el aprendizaje).
  • Controlar la cantidad y calidad de la producción.
  • Intervenir en la fijación de precios y salarios.
  • Comprar y almacenar de forma colectiva las materias primas que necesitan los agremiados.
  • Gestión de los impuestos de los agremiados.

Por encima de todas las atribuciones del gremio, existe una característica fundamental de los mismos que marcó el trabajo a lo largo de la Edad Media: Los gremios responden a un modelo de economía moral.

Esta economía moral no persigue la maximización de los beneficios como ocurre en el capitalismo, sino la calidad de la producción, la autonomía del productor y el bien del gremio en conjunto. Esta economía moral parte de la idea de que es el gremio la herramienta para mitigar las desigualdades entre los agremiados y para garantizar unos ingresos estables y una calidad de vida al agremiado aún en momentos de dificultad.

Para conseguir estos objetivos el gremio disponía de una garantía de asistencia social (la corporación ayuda a los miembros que pasan una mala racha: enfermedad, falta de trabajo, etc). Además para mitigar la diferencia entre el agremiado más rico y más pobre el gremio disponía de mecanismos equilibradores (lógica de la desigualdad limitada) como el reparto de materia prima con preferencia a los más desafortunados, o el pago de impuestos en función de los ingresos.

Por lo tanto los gremios no eran solo entidades económicas sino políticas.

La regulación de los gremios es colectiva. Los miembros crean estas regulaciones, deciden el tamaño del gremio, comparten costes de formación, deciden los códigos de conducta, regulan la calidad y cantidad del producto, etc.

Para asegurarse del cumplimento de esta regulación, el gremio tiene mecanismos sancionadores como las multas, el escarnio público e incluso el castigo físico. Este control era ejercido por los “sindicos”, miembros elegidos del gremio que mediante la inspección velaban por el cumplimiento de la regulación colectiva.

La decadencia de los gremios

En algún momento de la Baja Edad Media ocurren una serie de cambios en el sistema productivo que suponen un punto de no retorno para el sistema gremial.

El auge del comercio (y el comercio de larga distancia) provocó que gradualmente los mercaderes se fuesen haciendo sedentarios y acumulasen poder y riqueza. Como contrapartida el artesano que ya no puede soportar los costes asociados al comercio se va endeudando con el mercader (mientras que en paralelo se desarrollan las herramientas financieras que permiten esta nueva forma de relación de poder) hasta que este finalmente se hace con el control del proceso de producción.

El mercader a través de la deuda se convierte en propietario de los medios de producción y distribuidor de la materia prima y crea una nueva forma de relación: el asalariado.

Así con esto nos encontramos un punto en el que el mercader adelanta el capital para la compra de la materia prima y de los medios de producción y el artesano trabaja a cambio de un salario pero manteniendo todavía el control de los tiempos y procesos productivos.

El trabajo durante el imperio romano

El trabajo durante el Imperio Romano

En la cultura greco-romana se consideraba indigno verse obligado a trabajar para vivir. Culturas en las que se valoraba la posesión de tierras y no la acumulación de riquezas.

Este modo de pensamiento era el dominante en unas sociedades en las que el trabajo era tarea de esclavos, plebeyos (ciudadanos sin derecho a voto) y libertos, excluyendo a las clases altas que únicamente se dedicaban al ocio y la administración de lo público.

El trabajo esclavo

El empleo de esclavos como mano de obra varió durante la civilización romana, inicialmente solo se usó como mano de obra en los grandes latifundios agrícolas. Con la expansión de Roma se incrementó espectacularmente el número de esclavos (prisioneros de guerra) y esto supuso que se comenzasen a emplear además de en las labores agrícolas en el servicio doméstico, actividades comerciales, trabajo manual y cualificado.

Con el fin de la expansión de Roma (Bajo Imperio) se deja de obtener mano de obra esclava por la vía de los prisioneros de guerra ya que al no haber nuevas campañas de expansión del Imperio no había tantos prisioneros de guerra, además se recrudecen los levantamientos de esclavos y aparece la presión de los nuevos valores traídos por el cristianismo. Debido a todo esto el trabajo esclavo comienza su declive.

Los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. Carecían de personalidad jurídica, de bienes, y hasta de familia propia. El esclavo no tenía derecho ni almatrimonio ni alparentesco ni a lapropiedad, por lo tanto cuando tenían hijos estos eran vendidos como esclavos. A estas normas se solían escapar los esclavos de ciudad a los cuales los amos frecuentemente les permitían tener familia y incluso llegar a comprar su libertad.

La vida de un esclavo dependía en gran medida del trabajo que realizaba:

  • Los que tenían peor calidad de vida eran los que estaban asignados a trabajar en las minas.
  • Después se encontraban los esclavos agrícolas.
  • Finalmente nos encontramos a los esclavos domésticos de las familias ricas de Roma y los esclavos de propiedad pública (servus publicus), que disfrutaban del nivel de vida más alto posible para un esclavo romano. A pesar de todo su alojamiento y comida eran de una calidad notoriamente inferior a la de los miembros libres de la familia pero comparable a la de muchos romanos libres, pero pobres.

El trabajo en la ciudad. Los oficios.

La producción artesanal se realizaba en los talleres, talleres que se encontraban en las ciudades. Esta producción artesanal era muy diversa incluyendo: alimentos procesados (pan, cerveza), herrería, perfumería, ropas y tejidos, joyería, cristalería, alfarería, cuero, etc.

Estos artesanos tenían como costumbre agruparse en los “collegía”, asociaciones voluntarias (con las reformas de Diocleciano en el Bajo Imperio esta colegiación se vuelve obligatoria) de artesanos de oficio a nivel municipal que tenían como objetivo defender sus intereses y elegir sus representantes públicos.

El trabajo dentro del taller se organizaba: En el taller romano trabajaban el propietario del taller que era un liberto (hombre libre) y uno o varios esclavos que hacían de peones, aunque a este modelo existieron numerosas excepciones, sobre todo en los talleres de alfarería en los cuales podían llegar a trabajar gran número de libertos.

En cuanto al taller mismo, era una estancia más de la vivienda del artesano y allí se realizaba tanto la producción como la venta de los bienes producidos.

El trabajo agrícola

Inicialmente el campo estaba dividido entre pequeños propietarios libres que trabajaban ellos mismos la tierra y grandes latifundios en los que se empleaban esclavos para realizar el trabajo. Con el paso del tiempo estos pequeños propietarios fueron desapareciendo y el campo cayó en manos de los grandes latifundistas.

Durante el Bajo Imperio Romano los esclavos escaseaban y los grandes latifundistas comenzaron a liberar a sus esclavos, los cuales recibían una parcela de su tierra (arrendados) a cambio de una parte de su producción y de trabajar también las tierra del terrateniente y estaban exentos de pagar impuestos ya que los pagaba el señor. Después de las reformas de Diocleciano este proceso se extendió a los escasos campesinos libres que ya no podían pagar sus impuestos y a un gran número de plebeyos procedentes de las ciudades en busca de sustento en el campo (colonos). Finalmente con la reforma de Constantino del año 322 el colono pasó a vivir en un régimen muy cercano a la esclavitud. Sus libertades quedaban muy limitadas y entre otras ni él ni sus hijos podían marcharse o casarse sin la autorización del señor. En contrapartida, el señor no podía expulsar a los colonos ni variar sus alquileres o deberes.

historia del trabajo

Continuamos con una serie de artículos que publicaremos quincenalmente en torno a la historia social del trabajo, artículos en los cuales se quedan fuera muchos aspectos importantes como la historia del trabajo en Asia, África (por falta de documentación nos hemos centrado en una historia del trabajo eurocentrista) o el trabajo en la prehistoria.

El objetivo de esta investigación es la de dar unas pinceladas en la evolución de las condiciones del trabajo desde su comienzo hasta nuestros días. Dividiendose en las distintas etapas productivas que ha seguido el trabajo hasta la actualidad.

Bibliografía

Pos-Trabajo. 1

Deconstrucción de la clase trabajadora. Evolución de nuestro desclase o  involución de nuestra clase.

En Madrid, en los años 60/70 hay constancia de vida colectiva en los barrios obreros, que era la traslación del modo de vida rural a ambientes urbanos. Los portales estaban abiertos y los vecinos se conocían; se ayudaban entre ellos superando, incluso, los conflictos personales que tuvieran (no necesitaban caerse bien). Las Asociaciones de Vecinos funcionaban apoyándose, igual que las casas de cultura o regionales. Esta forma de funcionar se trasladaba a los puestos de trabajo. Si bien, hablamos por experiencias vividas en nuestros entornos, no es de extrañar que estas mismas situaciones se produjesen en otros sitios como Barcelona, Valencia, Bilbao o Roma… En contraste hoy, bombardeados de propaganda, estas dinámicas y formas de organización han quedado en desuso y franca decadencia.

Hoy se dice que Amancio Ortega es un buen hombre (“nos da trabajo”) o que Mercadona es un referente de empresa donde trabajar. Se hace defensa de los empresarios por parte de los trabajadores, imbuidos en esa propaganda global, donde participar de fiestas y homenajes al empresario que te explota es la forma de agradecimiento por tener trabajo (aunque en muchos casos también es una participación obligada o “sugerida”).

En estos días en series de TV, Películas, etc. se muestra a las clases específicamente trabajadoras como torpes y “tontas”, mientras que las llamadas clases acomodadas (profesiones liberales) aparecen como ejemplo y referente a seguir. La percepción social del individuo se reduce a su poderío económico. Todo se basa en ganar dinero. No en vano se habla de que vivimos en una sociedad de consumo.Todo apunta a que el problema radica en que el referente humano actual para muchas personas asalariadas-explotadas es el empresario “de éxito”, mientras que en otros tiempos existía otro referente, que principalmente era el colectivo o algún grupo obrero destacable.

Parece que la propaganda del capitalismo a favor de la auto explotación y dejación va ganando la batalla en el imaginario colectivo. Esta propaganda se trabaja desde los medios de comunicación y todas las instituciones, comienza en el Sistema Educativo/Cultural y se mantiene a través del Judicial, Policial… a través del miedo y fomentando la sumisión, realzando la figura de los propietarios-empresarios.

Esta propaganda, aunque apesta, funciona.

Se fomenta un modelo individualista/egoísta de promoción personal dentro del sistema en detrimento de la defensa del colectivo, lo que antes se conocía como “conciencia de clase trabajadora”. Esto en cuanto a las clases trabajadoras, sin embargo los empresarios siguen teniendo muy clara su pertenencia a su clase social, la dominante (“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando” Warren Buffett)

Ya no se pretende mejorar la situación del colectivo sino emular el ejemplo neoliberal del hombre hecho a sí mismo. Un ejemplo Steve Jobs.

Antes podías durar años e incluso toda la vida en un centro de trabajo. Hoy, un día estás en un sitio y mañana puedes estar en otro, flexibilidad laboral beneficiosa para el empresario y perjudicial para el trabajador. Hay hasta contratos por hora, e incluso horas de trabajo sin contrato.

Los problemas laborales existían antes y ahora. Antes cuando había un problema laboral se enfrentaba colectivamente. Ahora se enfrenta individualmente o ni siquiera se enfrenta, se asume como normal o inevitable: por falta de formación o auto formación por parte de los trabajadores, por miedo a sufrir represalias, por el deseo de prosperar dentro del escalafón jerárquico…Currantes que defienden la ley aunque vaya contra ellos. Asumen la propaganda interna: empatizan más con el empresario que con quien pudieran establecer una relación de igual a igual. ¿Será por comodidad para el trabajador, adoptar una postura pasiva en el conflicto de manera que no sienta necesidad de luchar, pensar o cuestionarse su situación “porque la vida es así”? Y así acabar aceptando las leyes, la justicia, el empresario, etc, tal y como se le presentan.

Desaparece la conciencia y la lucha que había antes. El concepto de “clase obrera” se pierde en la llamada “clase media” desestructurada e individualizada. Es más, esa propaganda sistémica se cuela hasta tal punto en el imaginario colectivo de manera que incluso las personas trabajadoras no quieren identificarse con una “clase baja”. El sindicalismo ya no es entendido como organización en el trabajo para la defensa del grupo, quedando absorbido por el sistema, desgastado, vacío de contenido y a la venta. Todo parece apuntar a que lo mismo está ocurriendo con otras luchas: feminismo, ecologismo, etc. La mafia de las instituciones acoge y adopta todos estos términos de lucha a su discurso en forma de propaganda/publicidad trazando una línea muy estrecha en la que se sitúa lo “moralmente aceptable” frente a lo “radical anti-sistema”, llegando incluso a utilizar toda la fuerza represiva del Estado contra estos últimos.

¿Seguimos viendo a los niños jugar en la calle?; ¿conocemos a nuestros vecinos?; ¿tenemos compañeros en el puesto de trabajo?; ¿a quién abrimos la puerta?…

Presentación segunda primer número Fábrica de Ideas

El próximo 26 de junio presentaremos el primer número de la revista temática Fábrica de Ideas  “Servicios Públicos en el Estado del Malestar”. La presentación será a las 19:30 en la librería LaMalatesta.
Para que os hagáis una idea, éstos son tres párrafos que aparecen en el texto de la revista, incluidos en la contraportada de la misma:

“La única finalidad del sistema actual es la de construir las personas
que precisa para seguir manteniendo esta estructura social, su poder y autoridad. Cuando hablamos de lo público, hablamos de una forma institucional que no quiere reconocer el cambio, que genera actitudes pasivas y nada críticas en los individuos. El Estado con sus
herramientas es autoritario y represivo; instruye y educa para mantener este sistema capitalista y deshumanizado.
Se construyen interesadamente relaciones jerárquicas sin oposición real que nos incapacita para relacionarnos horizontalmente. Esto nos expone a una situación de inferioridad y sumisión generando comportamientos de dependencia. El Estado parece que nos da y las personas parece que recibimos, cuando en realidad la relación que se establece es realmente de poder, de sometimiento.

Pensamos que la mejor oposición es la AUTOGESTIÓN. Planteamos una gestión cooperativa donde participan todos los integrantes de la misma, de forma global, libre y horizontal con independencia de factores externos a la misma.”

Os animamos a acudir y participar en el debate que deseamos que se cree en torno al concepto de servicio público.

Presentación primer número Fábrica de Ideas

El próximo 6 de junio presentaremos el primer número de la revista temática Fábrica de Ideas  “Servicios Públicos en el Estado del Malestar”. La presentación será a las 12:00 junto a la caseta de la librería LaMalatesta (caseta 88) en la Fería del Libro de Madrid (Parque del Retiro).
Para que os hagáis una idea, éstos son tres párrafos que aparecen en el texto de la revista, incluidos en la contraportada de la misma:

“La única finalidad del sistema actual es la de construir las personas
que precisa para seguir manteniendo esta estructura social, su poder y autoridad. Cuando hablamos de lo público, hablamos de una forma institucional que no quiere reconocer el cambio, que genera actitudes pasivas y nada críticas en los individuos. El Estado con sus
herramientas es autoritario y represivo; instruye y educa para mantener este sistema capitalista y deshumanizado.
Se construyen interesadamente relaciones jerárquicas sin oposición real que nos incapacita para relacionarnos horizontalmente. Esto nos expone a una situación de inferioridad y sumisión generando comportamientos de dependencia. El Estado parece que nos da y las personas parece que recibimos, cuando en realidad la relación que se establece es realmente de poder, de sometimiento.

Pensamos que la mejor oposición es la AUTOGESTIÓN. Planteamos una gestión cooperativa donde participan todos los integrantes de la misma, de forma global, libre y horizontal con independencia de factores externos a la misma.”

Os animamos a acudir y participar en el debate que deseamos que se cree en torno al concepto de servicio público.