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Objeción a las mesas electorales.

Es normal, o al menos a mí me ocurrió, que ante la situación de desobedecer una ley o requerimiento estatal surjan dudas y miedos. Desobedecer te posiciona, te expone, te vuelve vulnerable y siempre existe la posibilidad de que finalmente alguno de los miedos se materialice. Pretendo explicar los pasos necesarios para realizar objeción a la mesa y resolver las mismas dudas que a mí me surgieron a partir de mi experiencia y los pasos que dí en las elecciones generales del 28 de abril del 2019. Y el primer paso siempre es saber qué haces, cómo lo haces y qué implicaciones tiene hacerlo de esta manera. 

¿Por qué hacemos Objeción a la mesa electoral?

Hacemos Objeción Electoral porque queremos desobedecer a la imposición del estado de una forma política de la que no deseamos ser partícipes. Al tomar la vía de la desobediencia hacemos uso de una herramienta de lucha muy potente y con características propias. Debemos de ser consciente que con esta vía el objetivo no es librarnos de la injusticia que supone esta imposición (la mesa electoral) sino utilizar de forma pacífica esta misma injusticia y las trabas que ponga el Estado contra nosotras y nuestra voluntad como altavoz y amplificador de nuestra lucha para así llegar a la mayor parte posible de la sociedad y hacer a la misma favorable a nuestra postura. 

La Objeción a la mesa electoral como cualquier proceso de desobediencia requiere cierta preparación mental, operativa y colectiva para alcanzar el objetivo fijado de la forma menos traumática posible. 

Tres semanas antes de las elecciones…

Una tarde al llegar a casa me encontré el aviso de un certificado proveniente de la Junta Electoral, sólo tenía clara una cosa, no me iban a obligar en contra de mi voluntad a participar en la farsa de la democracia representativa pero no sabía cómo proceder, después de tener una conversación telefónica con un amigo con experiencia en este tema decidí que lo mejor era recoger el certificado cuanto antes. Empezaron los nervios, esa noche dormí poco y mal.   

¿Recojo la notificación en la que se me informa de que formo parte de una mesa electoral?

En este punto solo existen dos opciones: no recoger o recoger la notificación. En caso de no recoger la notificación el ayuntamiento bajo la supervisión de la Junta Electoral está obligado a realizar la notificación de forma fehaciente así que en ese caso dependiendo del ayuntamiento y la Junta correspondiente podrás recibir posteriormente un Burofax (aunque no sea recogido tendrá la misma validez que si se hubiese recogido a efectos de notificación), que se lo comuniquen a vecinos o familiares, o que insistan con la notificación. En cualquier caso si posteriormente decides realizar alegaciones y comenzar una campaña tienes que tener en cuenta que dispondrás de menos tiempo. 

En caso de recoger la notificación tendrás un plazo de siete días (hábiles, no cuentan sábados, domingos ni festivos) desde la notificación para realizar alegaciones ante la Junta Electoral de Zona correspondiente.

¿Qué tengo que poner en las alegaciones?¿Cómo las entrego?¿Dónde? ¿La van a aceptar? ¿Qué va a ocurrir después? ¿Cúal es el siguiente paso? Aquí las dudas se dividieron, multiplicaron y realizaron varios procesos de mitosis hasta convertirse en varios millones de dudas grandes y oscuras que disfrutaban atormentandome. 

Existen múltiples modelos de alegaciones circulando por internet (abajo enlazamos algunas), pero sea cual sea el modelo usado (o texto redactado por una misma) es importante que figure lo siguiente:

  • Que va dirigido a la Junta Electoral de Zona correspondiente.
  • La fecha.
  • El motivo por el que se realiza la alegación (recepción de la notificación).
  • La mesa electoral a la que se nos convoca y en fecha se nos convoca.
  • Nuestra intención de no presentarnos y la comunicación de la OBJECIÓN DE CONCIENCIA.
  • El motivo de la objeción de conciencia.
  • Que la convocatoria a la mesa electoral atenta contra tu conciencia, convicciones y libertad.

Además, y teniendo en cuenta que la Desobediencia Civil es una herramienta política, es importante que esta alegación sea lo más personal posible y no un simple corta y pega de una alegación de internet. Ten en cuenta que no pretendemos librarnos de estar en la mesa electoral, queremos hacer visible a toda la sociedad la injusticia de esta imposición y allanar el camino para las que vengan después. 

¡Bien ya tenemos la alegación redactada!¡Y solo hemos tardado 10 horas y 30 cambios en la redacción de la misma! Por suerte no han transcurrido los 7 días de plazo…

Ahora tenemos que entregar la alegación y tenemos de nuevo la opción de entregar la alegación presencialmente en la Junta Electoral (y aprovechar la entrega para realizar un acto visibilizando el problema) o entregar la misma vía carta certificada, burofax, etc, a la Junta Electoral de Zona que corresponda.  (aquí tienes el directorio de Juntas Electorales )

Tanto si  recogiste la notificación como si decidiste ignorar la misma tienes la opción de no presentarse el día de las elecciones a la mesa electoral y hacer como que no ha pasado nada. Aunque esta opción funciona en muchos casos sin tener ningún tipo de consecuencias, y siempre tendrás un amigo que te dirá que lo hagas, has de ser consciente que con esto no conseguirás visibilizar la injusticia que supone la presentación forzosa a las mesas electorales.  

Terminé la redacción de las alegaciones y después de pensar en si tenía tiempo para organizar algo para la entrega de las mismas decidí que la entregaría vía correo certificado. Los nervios empezaron a crecer a la vez que me afirmaba en que estaba haciendo lo correcto. 

Desgraciadamente es muy difícil que acepten unas alegaciones motivadas en la Objeción de Conciencia pero al menos existe un caso reciente  y nunca se sabe si nosotras seremos las siguientes. 

Como máximo, cinco días después de la notificación de nuestra objeción de conciencia la Junta Electoral resolverá nuestras alegaciones y nos notificará su resolución. Contra esta resolución no cabe recurso en vía administrativa, la única vía legal posible en este momento es el recurso judicial ante los Juzgados de lo Contencioso-Administrativo. 

Vaya que sorpresa han rechazado las alegaciones, después de leer la respuesta tipo que recibí la rabia me invadió, su respuesta era prácticamente un insulto a todo lo que había pretendido expresar. Necesitaba responder a sus alegaciones así que me puse manos a la obra aunque no era la vía que me habían aconsejado. A la vez comencé a pensar en cómo iba a hacer pública mi objeción. La rabía ya había sustituido al miedo.

A estas alturas ya tendrás claro que la vía de la empatía y la escucha no es la del Estado y su Administración. En este punto las compañeras del Grupo Tortuga recomiendan mantener la comunicación con el Estado presentando ante un juzgado un escrito (documento 2 de la web del Grupo Tortuga) y a la par dar a conocer a la opinión pública la injusticia a la que estás siendo sometida. En este momento es en el que debes de poner en marcha la campaña que tengas pensada para dar a conocer la objeción de conciencia (carteles, comunicados a prensa, charlas, debates, acciones, etc).

Solo queda trabajar en la campaña y esperar al día de las elecciones. 

¡Y llegaron las elecciones!

Me desperté pronto, ya que aquella noche apenas había dormido por los nervios y decidí desaparecer de casa por si daba la casualidad de que aparecía por allí policía municipal para llevarme a la mesa (estaba seguro de que no iba a ocurrir pero sabía que en algún caso en lugares pequeños había ocurrido).

El día de las elecciones es importante que no te presentes a la mesa, puedes realizar cualquier actividad en torno a la campaña de difusión pero debes prestar mucha atención este día a la ley electoral, pues podríamos estar incurriendo en nuevos y más graves delitos. Ten en cuenta que durante la jornada de elecciones la ley es muy dura con cualquier actividad política y que no serías el primer caso de objetor electoral que sufre penas mayores debidas a acciones realizadas durante la jornada electoral. 

Después de las elecciones y demás cuestiones jurídicas.

Durante estos días es posible aprovechar el interés que demuestran los medios de comunicación con todo lo relacionado con las elecciones para hacer más visible nuestra campaña, es posible que algún medio decida entrevistar, publicar o dar unos segundos a esa persona que ha decidido hacer un acto político de objeción a las mesas electorales. 

Nadie fue a buscarme a mí casa, como era de esperar, me sentí un poco ridículo pero ya había pasado el día de las elecciones y a posteriorí todo es más sencillo. Parason los días, estuve esperando durante un tiempo la citación para juicio, citación que nunca recibí y a la cual todavía hoy no tengo claro como hubiese respondido. 

Pero resulta también que no solo pueden ser los momentos dulces de difusión de la campaña, a partir de este momento la administración puede comenzar un proceso judicial en nuestra contra amparándose en el artículo 143 de la Ley del Régimen Electoral, en base al cual nos pueden solicitar penas de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses (las multas de las que tenemos constancia oscilan entre rondar los 300 o los 1000 euros). Cada persona en este momento y en caso de recibir la denuncia debe decidir cómo actuar y que puede o no asumir, lo único que podemos recomendar en que en cualquier caso saque el mayor rédito político a la situación y que después de realizar la objeción no permanezca aislada sino que se ponga en contacto con otras personas que hayan pasado por el mismo proceso. 

Enlaces de interés:

Manifiesto por la Objeción de Conciencia Electoral

https://descensoelectoral.wordpress.com/

https://www.grupotortuga.com/Por-que-y-como-hacer-Objecion



El Candidato

El candidato me miraba desde el cartel electoral, aquella noche de mayo en la que esperaba en la parada mi bus para llegar, por fin, a casa. La débil luz de las farolas, de un tono anaranjado apagado, hacían que me fuese difícil distinguir exactamente las facciones del candidato en aquella solitaria calle a esas horas de la noche. Sólo veía esa sonrisa.

Me sonreía, con esa sonrisa brutal y despiadada tan característica de estos personajes. Una sonrisa propia de quien sabe lo que te conviene. Me ponía nervioso esa mirada estampada en el papel couche del cartel. Parecía mirarme. Me moví hacia otro punto de la parada, fuera de la marquesina tal vez dejara de sentirme observado. Pero una vez me coloqué fuera de la marquesina, no demasiado lejos por si llegaba el bus, me di cuenta de que seguía mirándome. Como esos cuadros que hay en el Prado, que mires el retrato desde donde lo mires el personaje te sigue observando. Pero esto era algo diferente. Su sonrisa parecía haberse ampliado, mostrando sus dientes perfectamente blancos, alineados y cuadrados. Amenazantes. Era la sonrisa de una fiera a punto de saltar sobre su presa.

Miré a mi alrededor. La calle, aunque de doble sentido, era relativamente estrecha. Enfrente podía ver la marquesina de la parada de enfrente, la que lleva los autobuses de vuelta al centro de la ciudad. Había en ella otro cartel electoral, de otro partido distinto. En las farolas de la calle había más carteles de otros partidos, y ninguna luz en las casas delos edificios de la calle. Ya era tarde, pero es extraño que no hubiese nadie despierto, viendo la tele o algo así. Era como si en esa calle no viviese nadie.

No tenía escapatoria, observé el cartel de la parada de enfrente. Otro candidato mirándome, sonriendo con la misma sonrisa despiadada, de quien ha pasado la vida mordiendo yugulares y pisando cuellos (y rindiendo pleitesía cuando toca). Distintos ojos, algunas canas más, pero la misma mirada sin alma. Levante la vista, tal vez la luna me infundiría algo de valor, mi mirada se cruzó con la imagen que se veía en el cartel colgado de la farola, de un tercer candidato. El cartel se balanceaba ligeramente con el viento, pero podía apreciar perfectamente la mirada y la sonrisa del candidato. Un color distinto, otras siglas, otra cara. La misma sonrisa, la misma mirada. Y el mismo mensaje: vótame o iré a buscarte.

Tengo la sensación de ser la presa disputada por una jauría de fieras. En cualquier momento el más cercano sacará la mano del cartel y me agarrará, para convencerme y vaciarme por dentro. Los demás candidatos, perdida su oportunidad, llorarán por no tener su presa, pero estarán satisfechos, cómplices de la nueva captura.

Ya llega el bus, el número de línea en el frontal, iluminado en un amarillo más brillante que he visto nunca (o eso me parece) me hace soltar un suspiro de alivio. Subo al autobús y pico mi billete. El conductor, un hombre ya entrado en la cincuentena, encorvado sobre el volante y algo desaliñado, tras una jornada completa a punto de terminar, arranca según escucha el clinc de mi billete. Miro a la marquesina y el candidato me sigue mirando. Me parece que ya no sonríe.

Electoralismos

Cada hombre un voto, se decía cuando el derecho al voto era censitario, esto es, dependiente de unos ingresos determinados. Se luchó mucho por conseguirlo, y por evitarlo. Se temía que la extensión del derecho llevase al caos o al «socialismo». Se implantó, finalmente, y no pasó casi nada. Los conflictos sociales se seguían dilucidando en las calles y los tajos, con mayor o menor dureza. En el parlamento, todo lo más, se reflejaban de vez en cuando. Más adelante algunas mujeres exigieron su derecho: eran las sufragistas. Las apalearon, las humillaron, las encarcelaron, pero al final consiguieron su derecho. Sorprendentemente, ni hubo akelarres en las calles (una pena, son ceremonias muy vistosas), ni se transformó la sociedad en feminista.

Es curioso, que con todo lo que se ha luchado por un sistema electoral (parlamentario en estas latitudes ) sus éxitos parecen más propios de la voluntad de sus defensores que de los hechos históricos. Tal vez falla la cuestión de base. Consideramos, porque así nos lo enseñan, que democracia y electoral son la misma cosa. Que una sociedad democrática es una sociedad que vota. Sin más. Y no es verdad.

El acto de votar es hermoso, es un ritual evocador de la democracia. “Habla pueblo, habla”, se decía en la transición (o transacción). Y así gusta que hable, de manera educada, formal y ordenada. Justo como no se expresa el pueblo «soberano» (de la caraja que lleva). Pero el pueblo, cuando habla, suele ser brutal, áspero y arrollador. Todo lo contrario, vamos. Pero el ritual es bonito, vamos a reconocerlo. Eso sí, como todo ritual encierra una mentira y una historia de dominación y sumisión.

Electoral viene de elegir, al contrario que democracia, que habla de quien gobierna, quien manda. En el sistema electoral eliges quien, o quienes, van a gobernar en tu nombre. Quien va a discutir sobre violencia de género, tus derechos (laborales y como persona en general), subvenciones (a gente rica, generalmente), la paz, la guerra…es decir, es un acto de cesión de soberanía a un tercero, que será quien tome las decisiones. Y en eso se aleja del ideal democrático, porque ya no gobierna el pueblo, sino sus representantes. Y no es lo mismo, claro. Seguro que es mejor que corea del norte (casi todo es mejor que eso, salvo tal vez Tele 5), pero no deberíamos confundir los términos. Si es democracia, no es electoral.