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Penitenciagite

Últimamente proliferan en algunos balcones banderas monárquicas con crespón negro. Responden así a cierto llamamiento a mostrar dolor y luto “por los muertos del Coronavirus”. Obviamente, el enarbolar los símbolos nacionales para mostrar dolor es, en este contexto, una forma de atacar al resto. A quienes no muestran su dolor “adecuadamente” y a quienes no son “lo bastante españoles”. Las banderas sirven para remarcar las diferencias e identificar tu bando en caso de guerra. O sea, el “nosotros” frente a los “otros” (me temo que nosotros, vamos a ser los “otros”).  El movimiento del crespón negro en la banderita no es inocente, busca señalar a los que no son “nosotros”. Podríamos decir que los fascistas están subiditos, pero habría que matizar un poco.

 

La ultraderecha hispana no es “fascista” desde un punto de vista estricto, eso hay que entenderlo. Llamar a alguien “facha” o “fascista” es agradable, sonoro, resultón y descarga adrenalina.  Pero la ultraderecha de por aquí no toma su modelo en figuras como Mussolini o Hitler, ni siquiera en Jose Antonio (a ver, Falange siempre fue una opción muy minoritaria incluso en sus momentos de máximo esplendor allá por los primeros años 40 del siglo pasado, ya integrado en eso que se llamó “Movimiento Nacional”). Quitando círculos muy concretos y reducidos, que por supuesto que nazis haberlos “haylos”.

 

Aquí se es más de gente como Torquemada (Tomás, primer inquisidor general de Castilla y Aragón). De manera consciente o no, aquí se repiten modelos y formas propios de la institución que dirigió el dominico de infame recuerdo: señalamiento, penitencia y “relajo”. La Inquisición Española (a la que nadie espera) es, seguramente, la organización dedicada a la represión y control social más longeva y exitosa de la historia. Son 4 Siglos (más o menos, hasta su abolición definitiva en el siglo XIX) de dedicación y experiencia que, necesariamente, tienen que dejar su poso en el cuerpo social al que se dedicaron a fustigar.

 

Aquí ha quedado la idea de la penitencia, el dolor, la culpa como manera de plantear la realidad política. Esta vez se visten de banderas y se van en coches de procesión, pero el fondo sigue siendo el mismo. La elevación a mito de determinados dirigentes tardomedievales (el Cid, los Reyes Católicos…), y el señalamiento y penitencia o relajo del hereje que no cree en nuestra grandeza y nuestra identidad. En realidad, lo dicho es aplicable a todos los nacionalismos que pululan por la península, al fin y al cabo, sólo les cambia el color de la bandera.

 

El hereje por aquí es siempre el enemigo. Aquel que piensa por sí mismo y que no quiere someterse a los presupuestos y exigencias de “lo que es lógico”, lo que dicen “los expertos” y lo que decimos “nosotros”. Es posible que de toda la vida haya quien se sienta inquisidor y quien se sienta hereje. El ser hereje significa que los símbolos te dan igual (es decir, no los necesitas), que siempre cuestionas al líder y que, vaya, siempre te van a mirar como sospechoso aquellos que son “nosotros”.

 

Es verdad que denominar a alguien como Torquemadista o Inquisitorial (creo que esto se lo he dicho a alguien supuestamente libertario, pero eso es otra historia) no queda tan bonito y sonoro como decirle “facha”. No pretendemos que se deje este lado del folklore rojeril, que también hay que tener alguno. Pero debemos ser conscientes de la naturaleza de lo que representa exactamente lo que llamamos ultraderecha en este lado del mundo.

 

Y cuidado si te toca ser hereje.

Elogio de la Propaganda

Estos días todos denostamos la propaganda en la que se han metido los distintos gobiernos del territorio. Unos con más habilidad que otros, unos más divertidos que otros, todos intentan colarnos su relato y “liderar” el cuento, acerca de lo que está ocurriendo y, sobre todo, lo que vamos a vivir en los próximos años. Y el por qué. Mientras, los de abajo despotricamos contra toda esta invasión propagandística por parte de las altas instancias del Estado (central, autonómico, municipal, “periodístico”…) tildando las informaciones de pura propaganda política, con todo el desprecio del mundo.

Y no tenemos razón, al menos en lo que es la propaganda en sí misma y su utilidad en el debate político. Hemos olvidado el valor, utilidad y servicio que la propaganda puede dar a la difusión de nuestras ideas y plantear debate. De hecho, en vez de despreciar tanto las alocuciones y desbarres de cierta derecha ultramontana (fascista? Medieval? Son más hijos de Torquemada que de Mussolini, yo diría) deberíamos analizar las formas y modos en las que con sencillas ideas clave consiguen llevar el debate hacia el sitio que les conviene y se sienten cómodos. Esta ultraderecha ha conseguido lo que parecía más difícil en gente que admira a personajes de la calaña de Millan Astray o Blas de Lezo (esa admiración por gente que va perdiendo partes de sí mismo por ahí tiene que tener alguna implicación psicológica, y no muy favorable): conectar. Consiguen que determinado tipo de gentes, no necesariamente hijas del Barrio de Salamanca conecten y empaticen con ellos. Y esto puede darnos miedo, pero no es para despreciarlo sin más.

La propaganda siempre se ha usado en el contexto político. Algunos de los referentes más importantes del anarquismo eran, en realidad, grandes propagandistas de nuestras ideas (de La Idea). Emma Goldman, Alexander Berckman, Louise Mitchel, Anselmo Lorenzo, Sebastien Foure, etc, dedicaron buena parte de su obra a labores propagandísticas. O no es verdad que los ciclos de conferencias que hacían no se correspondían con el interés por difundir La Idea? Obras como el “ABC del Comunismo Libertario” de Berkman o los famosos diálogos ficticios que se preparaba el gran Malatesta, no son sino obras de propaganda. Y son, desde nuestro punto de vida, una maravilla muy recomendable para cualquiera que quiera acercarse a comprender y asimilar las ideas anarquistas.

El problema no es, de ninguna manera, la propaganda en sí misma. Ocurre que si tus ideas son una mierda tu propaganda irá en ese sentido y resultará una exaltación del racismo, la xenofobia y el militarismo. Pero lo problemático no es que se haga propaganda, sino más bien que tus ideas son una mierda y se reflejan en tu mierda de propaganda.

En el mundo anarquista nos conviene empezar a aprender algunas lecciones de nuestros enemigos y empezar a diseñar mejor nuestra propaganda. No podemos seguir dirigiéndonos a nosotros mismos (de verdad, yo ya estoy convencido, no hay que insistir), tenemos que empezar a plantear nuestras posiciones a la población en general y articular nuestro discurso de manera que sea inteligible para la gente en general, anarquistas o no. Especialmente debemos pensar si no son cercanos o no han tenido contacto con las ideas libertarias (por cierto, “libertario” es un hallazgo genial del anarquismo francés), que puedan entender lo que queremos decir. Dejemos de quejarnos de la propaganda de los demás y hagamos que la nuestras sea buena.

Teletrabajo y ERTE. La tormenta perfecta.

Durante la crisis Covid19, una innumerable cantidad de personas trabajadoras han sido enviadas a teletrabajar a sus casas. La causa es de todos/as bien conocida, promover el distanciamiento social para evitar el contagio y transmisión del virus. Se trata de una medida de prevención sanitaria que obliga a empresas a modificar el modelo de organizativo y productivo y a quienes en ellas trabajan a modificar sus hábitos y costumbres.

Por otro lado, se han producido un elevadísimo número de ERTEs que en muchas ocasiones se ha solapado con la nueva situación de teletrabajo.

Hoy entrevistamos, vía teleconferencia (el presupuesto nos da para eso, estamos que lo tiramos) a uno que le gusta ir de tertuliano televisivo al que llamaremos Inexperto-1 y otro que dice ser un currito al que llamaremos Inexperto-2 (no nos da para mas, lo expertos se los lleva todos La Sexta), para que nos resuelva las dudas que nos surgen a este respecto. Transcribimos el resultado de tan interesante charla.

Pregunta: ¿Estábamos preparados para esta nueva situación?

Inexperto-2: Pues no se el resto, pero ya te digo que en mi curro, no. Llevan años hablando de “teletrabajo”, “conciliación” y demás mierdas (perdón) sandeces y se han vuelto locos para encontrar equipos para que la gente que tenía que teletrabajar “obligatoriamente” tuviese un equipo disponible en su casa con conexión a Internet y salida hacia los servidores del curro. Por cierto, que se, que a gente le han “sugerido” aportar su propio portátil y del gasto del ADSL de cada uno ni se ha oído hablar. Preparados, algunos lo han sacado porque los equipos de sistemas se han dejado los cuernos y han podido improvisar a destajo soluciones que NADIE había previsto. Seguramente en las empresas más grandes fuese distinto, pero las medianas/pequeñas estaban en general tan preparadas para teletrabajar como para mandar un cohete a la luna.

Inexperto-1: Pues no te sabría decir. Uno esta preparado para algo, cuando espera o prevé que suceda. Y vista la experiencia, en unos casos se ha realizado de manera caótica, lo que ha supuesto tener que improvisar y reinventarse, en palabra de algunos CEO. En otros, no ha sido ni mucho menos traumático, pues ya disponían de la estructura, digamos que estaban preparados, para llevarlo a cabo, pese a no hacer apenas uso de ella antes de esta situación.

Pregunta: Esas empresas que tenían preparada la estructura ¿Estaban esperando que esto sucediese?

Inexperto-1: Nadie, creo yo,esperaba la aparición de un virus así. Ahora bien ¿si lo que me preguntas es, si esperaban a una situación, que bajo determinados factores supusiesen un pistoletazo de salida para realizar un cambio de modelo organizativo y productivo? Pues como persona normal, no lo se. Pero ahí queda la duda.

Inexperto-2: pues no. ¿Quién puede imaginarse que un día tienes que mandar a toda la gente a su casa? En eso, hay que decirlo, no podía estar nadie preparado.

Pregunta: Si las empresas no esperaban que esto sucediese, entonces ¿por qué, si había empresas que estaban preparadas para teletrabajar, no lo hacían?

Inexperto-1: Ninguna empresa invierte dinero y esfuerzo en algo de lo que no espere sacar beneficio económico, y dedicar inversiones a prepararse para cambiar el modelo de trabajo presencial por el teletrabajo, no habrá sido, supongo, por una mera cuestión decorativa. A tu pregunta, solo se me ocurre pensar que cambiar radicalmente de modelo, puede provocar desequilibrios productivos, y en un sistema en donde la competencia es un factor fundamental, hacer de manera individual ese cambio de forma radical, puede suponer una apuesta arriesgada frente a tu competencia.

Inexperto-2: Y porque son unos cabrones…les gusta tenerte en la oficina porque desde allí se te puede putear en directo, que es mucho más efectivo que tele-joderte.

Pregunta: Pero ya había empresas que apostaban fuerte por el teletrabajo. Vamos que ya lo estaba realizando.

Inexperto-1: Si, es cierto. Habría que analizar caso por caso, pero a nivel general, y hablo de los casos que mas o menos conozco, que son empresas tecnológicas o grandes compañías, el teletrabajo que se desarrolla convive con el presencial. Además solo se había implementado en determinados departamentos o lineas productivas y en muchos de los casos ese teletrabajo consiste mas, en lo que siempre se ha denominado el “llevarme el trabajo a casa”.

Inexperto-2: Bueno, en algunos casos se hacía por una cuestión de “conciliación”, durante determinados periodos y para una parte muy pequeña de la plantilla. Muchas veces para poder decir que “fomentaban” el teletrabajo y la “conciliación”. De hecho hay empresas en las que estas cosas se hacen para que “ya que tienes el pc en casa pues este sábado puedes realizar tal o cual tarea” (ya te la pagarán en abrazos). Creo que han tenido la suerte de que una medida que concebían como “de relaciones públicas” ha sido clave para una situación como la que ahora vivimos. De hecho hay jefes (capataces) que quieren que vuelvan sus esclavos, que no rinden igual en casa que en la ofi.

Pregunta: Actualmente hay infinidad de puestos de trabajo que realizamos sentados con algún dispositivo electrónico (PC, portátil, tablet, smartphone…) ¿Tanta diferencia hay entre trabajar sentado en una oficina o hacer lo mismo en tu casa?

Inexperto-1: Mucha. La RAE define empresa como “Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. La diferencia fundamental entre el trabajo presencial y el teletrabajo radica en que el modelo organizativo y productivo cambia radicalmente y es aquí donde surgen los dos principales puntos de conflicto.

Inexerto-2: Lo que quiere decir mi compañero es que ahora para amenazarte hay que dejar un rastro electrónico que antes con una conversación “amistosa”, por supuesto, en la máquina de café ya te dejaba las cosas claras de tu futuro laboral (en el SEPE).

Pregunta: ¿Por qué surgen estos puntos de conflicto?

Inexperto-1: Los principales atractivos, para una empresa, que tiene el trabajo presencial, son la facilidad para controlar el cumplimiento de horarios y dedicación de sus empleados/as y mas en un país como España donde se esta tan arraigado el síndrome laboral de la “presencialidad”. Quizás sea esa una de las causas por las que hasta ahora no se encontraba mas implantado el modelo de teletrabajo.

Por otro lado, las empresas que si han apostado por esta modalidad, no lo han hecho por facilitar la conciliación de sus empleados con su vida personal, sino que les han motivado más, razones de mejora de la productividad, pues les supone una reducción del espacio físico (oficinas, mobiliario, pluses de comedor, transporte…) y han considerado que el tiempo que el/la trabajador/a se ahorra en desplazamiento y la ausencia de un control de fichaje, supone una desregularización de los tiempos de trabajo, que aprovechan para sobrecargar de tareas a el/la trabajador/a .Hablamos de aquellas empresas que llevan tiempo implantando este modelo, pues en aquellas empresas que apenas han desarrollado este modelo y se han visto “obligadas” a aplicarlo, las consecuencias han podido ser mas conflictivas pues ha supuesto una sobrecarga de tareas derivadas de la falta de adaptación al nuevo medio.

Inexperto-2: yo creo que mis jefes, por ejemplo, están divididos entre lo que mola ahorrarte el gasto de luz, teléfono, mobiliario, mantenimiento que supone tenernos allí, además de todo el rollo de que tienes a la gente en casa con conexión permanente con la empresa para lo que haga falta y la falta de control efectivo sobre nuestras personas. Es decir, en tu casa te organizas como quieres (o puedes, claro, porque con 2 o 3 críos pululando a tu alrededor tu capacidad de organización es distinta. Eso sí, las teleconferencias se hacen muy divertidas a ratos con ese chaval pidiendo la merienda por la webcam).

Pregunta: ¿Parece entonces que la solución pasaría por hacer una nueva regulación de este nuevo modelo para permitir a el/la trabajador/a que recupere para sí?

Inexperto-1: ¿Tú cree? El objetivo de quienes son propietarios de las empresas y quienes en ellas sirven desde puestos de dirección y mando, es ganar dinero y obtener beneficios, y los salarios y los costes de las mejoras sociales son considerados un gasto que reduce el beneficio.

Las fuertes luchas obreras y sociales se produjeron en momentos en donde las personas trabajaban y vivían juntas, pues tenían capacidad para organizarse y perseguir juntas un mismo objetivo. Esa fue su fuerza. Las empresas son conscientes de su debilidad ante esa situación fueron modificando su modelo productivo desde mediados del siglo XX atomizando la unidad productiva e inculcando un modelo de beneficios individuales con salarios y condiciones contractuales individualizadas que les ha reportado buenos resultados minimizando la conflictividad social y laboral que les ha permitido revertir sutilmente y poco a poco ciertas mejoras y condiciones. ¿Que fuerza va a tener, con esta nueva situación, el colectivo de trabajadores/as para forzar a las empresas a reducir beneficios a cambio de mejoras para sus empleados/as?

Inexperto-2: Lo que hace falta es que se cumpla la que ya tenemos, y luego hablamos de si hay que hacer otra. Claro que para eso haría falta que fuésemos conscientes de que, por más que trabajemos con maquinitas y hagamos braindins raros y demás mierdas nuestras relaciones siguen siendo las mismas. Antes la gente ya se dejaba pisar tranquilamente sin necesidad de teletrabajar. Ahora por lo menos no tengo que verle el jeto al puto lameculos que no hace una huelga ni aunque le de su jefe de latigazos, y eso a mi estómago le hace bien.

Pregunta: El teletrabajo es, entonces¿Una liberación o un nuevo modelo de (auto)explotación?

Inexperto-2: Creo que es lo mismo de siempre, ni una cosa ni la otra. Eso sí, me estoy ahorrando la hora y media de viaje de todos los días para llegar al curro. Lo importante es que tengas claro que cuando termina tu jornada se apaga el cacharro y te vas a hacer tus cosas. No todo el mundo lo tiene claro, es evidente

Pregunta: Permite flexibilizar horarios ¿a la empresa o a quien teletrabaja?

Inexperto-2: Bueno, eso ya ocurría. Lo más que te beneficia al trabajador es la cuestión del transporte. Y no ver a tu jefe dando por saco todos los días. Por otra parte, tienes tu trabajo a golpe de ratón en un ordenador en la cómoda de tu habitación. O sea, que corres el riesgo de acabar currando gratis a cuenta de “tu responsabilidad con el proyecto”.

Nos despedimos por ahora, esperando que nuestros inexpertos tengan un buen día.

Pildoras para el 1 de mayo

El 1 de mayo de 1886 se inició una huelga en Chicago (EEUU) con el objetivo de conseguir la jornada de 8 horas laborales (queda tan lejos eso, que ya hasta nos parecen pocas). El 4 de mayo, como consecuencia de las protestas y la represión consiguiente, se produjeron una serie de disturbios en Haymarket Square con detenciones de centenares de obreros durante los días siguientes. Finalmente se condenó a 8 de ellos a penas que iban desde la cadena perpetua (3 de los condenados) hasta la pena capital (los otros 5). Los anarquistas somos muy pesados con esto porque los 8 obreros juzgados en aquella parodia de juicio se proclamaban, orgullosamente, anarquistas. ¿Dónde quedaría todo ese orgullo? ¿Cuándo perdimos la claridad de ideas? ¿En qué momento adquirimos todos los complejos que hoy atenazan al “movimiento” (o lo que sea)? A saber, pero creemos importante empezar a mirar al futuro con alegría, quitarnos los complejos y mirar a la cara a todos aquellos que se pretenden superiores a nosotros porque fundaron una confluencia allá por el 2011.


Hubo un tiempo en donde el 1 de mayo suponía participar en una jornada de reivindicación de mejora de condiciones de trabajo, o al menos, esa fue la intención del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889 que acordó convertir este día en una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Hoy se ha convertido en otro día de ocio, para aquellos que lo disfruten como día festivo, salvo para una minoría, que ha transformado la jornada de lucha reivindicativa y homenaje a sus mártires en una jornada de reivindicación festiva.

¿En qué momento la llamada «clase trabajadora» renunció a la lucha y la reivindicación de mejoras?

Necesitaríamos más tiempo y espacio para analizarlo, pero no es ese el objetivo de este texto. Quizás si, invitar a una reflexión individual.

¿Ya no salimos a luchar porque no es necesario?¿Será que no hay necesidad de reclamar mejoras en nuestras condiciones de trabajo y de vida, porque vivimos muy bien?¿Ya no existen las desigualdades?¿Ya no hay explotadores ni explotados?


Hoy es un primero de mayo raro: en soledad y en casa. Un día de reivindicación  silencioso y lleno de incertidumbre ante el futuro que tendremos despues de esta crisis en la que estamos desde marzo. 

Seamos sinceros, la crítica molesta, pero es necesaria si queremos avanzar o mejorar lo que hacemos. A los anarquistas muchas veces nos falla la forma de hacer crítica y autocrítica (esta última casi no existe), porque en vez de elaborar críticas constructivas que nos ayuden a crecer y a formar una masa crítica que pueda analizar, reflexionar y criticar teorías, acciones,… terminamos usando formas que se quedan en la queja o el ataque. 

Aprovechemos este 1 de mayo para repensar nuestras estrategias para hacer visibles nuestras ideas y forma de vida,  nuestras alternativas. Porque de la situación en la que estamos  vamos a salir mucho más débiles y solos de lo que estábamos a principios de marzo. Ahora más que nunca necesitamos el Apoyo Mutuo,  la solidaridad,  el estudio,  la reflexión,  etc.

Necesitamos la Anarquia.


Otro año de nuevo 1 de mayo, aunque este será bastante distinto a los de años anteriores, sin la esperanza que te dá ver una manifestación multitudinaria como en algunas ocasiones hemos visto. Tenemos mucho trabajo por delante ya que se nos avecina un mundo laboral nuevo, del que se lleva viendo su nacimiento años en determinados sectores como el TIC. Tenemos que idear las tácticas y estratégias que debemos usar en este mundo laboral de teletrabajo que se nos avecina para poder tener éxito en nuestros reivindicaciones tanto a corto como a largo plazo. Estas tácticas y estrategias, algunas serán viejas conocidas otras ideas totalmente nuevas pero todas deben surgir del trabajo y la mente colectiva, de la solidaridad, la igualdad y el apoyo mutuo.

Por la abolición del trabajo y de la propiedad privada.


Hoy es un día importante para volver la vista atrás y recordar a aquéllos y a aquéllas que en el pasado lucharon por un mundo mejor, en concreto en el ámbito del mundo laboral. Lucharon y algunos murieron por una idea que ahora sería revolucionaria. Pedían trabajar 8 horas entre otras cosas. Y ahora sería revolucionaria, porque, en los tiempos que corren, ya poca gente lucha por una idea y mucho menos revolucionaria. Es momento entonces de reivindicar alternativas al trabajo capitalista, basadas en esfuerzos colectivos y solidarios, en los que no existan patrones ni obreros, sino compañeras y vecinas. Hubo un tiempo donde se decía: De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades. Esto sí que sería revolucionario.

Salud!


La historia social está regada con la sangre de quienes, antes que nosotros, lo dieron todo en busca de un mundo mejor. Ser conscientes de esto no implica rememorar hasta el fetiche estas luchas ni el inmolarse en busca de ese martirio (los mártires, mejor en las iglesias. Nosotras celebramos la vida y la alegría).

Miramos al futuro con esperanza, aún sabiendo que nos queda mucho camino por delante. ¡Salud y libertad!

AUTOENTREVISTA

En estos días de confinamiento/arresto domiciliario nos hemos decidido a autoentrevistarnos en un ejercicio de, bueno, que nos apetecía. Así que, a gritos desde el balcón, nos hemos gritado esta entrevista con un personaje ficticio cualquiera. Al final, nos ha salido tan bien que los vecinos nos han aplaudido y todo.

Periodisto: Antes que nada, ¿Cómo estás?

Josef K: Hola, pues bien. Físicamente bien, aunque me encuentro mentalmente cansado. Un poco asustado por la situación, también preocupado ante la perspectiva de tener que mantenerme encerrado en casa durante mucho más tiempo. Temo por mi salud física, pero sobre todo por mi salud mental. Pero de momento, sano. O con las mismas dolencias que antes.

Periodisto: Estás haciendo alguna rutina para mantenerte ocupado durante el confinamiento?

Josef K: Lo primero de todo, vamos a llamar a las cosas por su nombre. Estamos en una situación que a lo que más se asemeja es a un arresto domiciliado. Me cansa mucho que queramos suavizar las situaciones para hacerlas más llevaderas. Estamos encerrados por orden del gobierno, o sea, nuestras libertades han sido limitadas de forma muy evidente. Ójala sea de manera temporal, pero cuando el gobierno se toma libertades que luego no está dispuesto a renunciar. En cuanto a las rutinas…por qué tendría que hacerlas? Qué es esto? Unas vacaciones en un crucero? Paso mil de dedicarme a hacer esas jinkanas salvajes que nos recomiendan por la tele. Si me apetece leo un libro, o me veo una peli o algo. Pero si no me apetece me tiro en en sofá, y tan a gusto.

Periodisto: Entonces, consideras que las medidas adoptadas son exageradas?

Josef K: No lo se. No soy médico o virólogo de esos como para poder decir si es necesario mantener un contacto mínimo con la calle. Es verdad que parece que la enfermedad se ceba con las personas más mayores y con problemas previos de pulmones y esas cosas. Si eso es así, debemos procurar cuidar a estas personas. Las sociedades más exitosas son aquellas que se basan en la colaboración y en el apoyo mutuo. Es mentira que la competencia y el egoismo de mejores resultados. Vale, de acuerdo, vamos a aceptar que hay que intentar cuidar a esta parte más débil de la sociedad, dado que si no se colapsa todo el sistema de atención sanitaria (montado desde hace años alrededor del lucro de entidades privadas que “gestionan” sus recursos), lo que hará, o está haciendo, que muera gente que no debería morir en condiciones normales.

Periodisto: Crees que la gente está confinada por solidaridad..

Josef K: NO! La gente esa en casa porque se lo ha ordenado La Autoridad. Esto hace que no sepan qué están haciendo. Estamos tan acostumbrados a obedecer que parece que no sabemos hacer otra cosa. Y desarrollamos actitudes y formas de actuar egoistas y autoritarias. Hay gente que desde su balcón se dedica a fiscalizar lo que hacen los vecinos de enfrente o de escalera e incluso les denuncian ante la policía. Crees que lo hacen por “solidaridad”? No, claro que no. Lo hacen porque están enseñados a ser así de ruines, crueles y tontorrones.

Periodisto: Pero si alguien incumple la ley…

Josef K: Qué ley? Y si hay alguna, cómo sabes que la ha incumplido? Lo decides porque eres un capullo que te crees con derecho a decidir si los demás pueden o no pueden hacer determinadas cosas. En realidad, eres el tipo de persona que le encanta al gobierno, dócil, manipulable, servil con el poderoso y cruel con tus iguales.

Periodisto: Dicen que la gente del sur no somos disciplinados y por nuestra cultura tendemos a mantener un contacto cercano. ¿No piensas que eso justifica imponer unas estrictas normas de aislamiento social?

Josef K: No soy antropólogo o sociólogo, como para asociar tan alegremente el comportamiento social en función de la latitud. Hablar de “disciplina” para definir a los pueblos en función de su climatología, sin tener en cuenta su historia o el tipo de relaciones sociales que se han ido estableciendo con el tiempo parece bastante falto de rigor. Para el poder las cualidades solidarias nunca han sido de su gusto, así que nos ven como una masa individualizada y egoísta. Así, en esta situación, su única solución posible se baja en los viejos valores de la imposición, la amenaza y el castigo y la imposición de una “disciplina” de carácter militarizado. Nada que ver con la sociedad civil.


Deberiamos aprovechar esta situación para reflexionar hacia donde estamos yendo como sociedad y lo fácil que es perder nuestras libertades individuales. Una sociedad dependiente de de quienes ostentan el poder (económico), se convierte en una sociedad frágil, pues cuando ve peligrar su dominio, pondrá las medidas necesarias para mantenerlo, limitando e incluso eliminando las libertades individuales,
si fuese necesario, utilizando a su brazo político, que se ve inducido a tomar medidas dirigidas.

Periodisto: Qué crees que pasará cuando acabe el confinamiento?

Josef K: Me parece que vamos a tener una sociedad más desconfiada, más inhumana. Estamos demostrando, como sociedad, con nuestro individualismo, que somos fácilmente controlables y que se nos puede estabular con facilidad, igual que a las ovejas de un rebaño que llevan al matadero. Me gustaría que sacásemos alguna lección positiva de todo esto, relativa al apoyo mutuo, lo absurdo de las fronteras o lo que necesitamos tener un sistema sanitario fuerte y de gestión pública (no necesariamente estatal, pero no quiero extenderme en ello) y de lo inútil que son esas “cosas importantes” que surgen alrededor de las banderas, los mítines y los himnos. Pero soy pesimista, me da miedo que la conclusión sea justamente la contraria.

Periodisto: Para despedirnos, alguna última cosa para nuestro lectores?

Josef K: No se, escuché a la ministra hablar de “reeducación social” porque nuestro estilo de vida “mediterráneo” era demasiado afectuoso. Es horrible esa pretensión, creo que fomenta aún más el aislamiento social al que nos someten. Me niego a pensar que los cuidados no puedan incluir el contacto humano. Tendremos que volver a tocarnos, besarnos, amarnos…y no debería tardar mucho.

Nos despedimos sin abrazo, como es preceptivo en tiempos de pandemia. Llovizna, el cielo gris augura nuestro futuro.

miedo

Esperando en la cola del Super. Todos muy calladitos, respetando la distancia de seguridad. Callados. No escuchaba silencios así desde el 11M, lo que indica el tipo de miedo al que estamos sometidos. Normal. Nos lo inculcan constantemente desde la tele. Se diría que intencionadamente. Todos lo sabíamos, una sociedad miedosa es una sociedad manejable, controlable. Es decir, disciplinable.

No es que no haya que tener miedo. Una persona tiene que ser valiente. En primer lugar los valientes suelen visitar antes los cementerios, lugares generalmente bonitos pero en los que uno no quiere fijar su residencia, al menos de momento. También porque la sociedad que queremos no es una sociedad de gente valiente, es una sociedad de gentes libres. La libertad, como decía Don Quijote, es una causa por la que luchar merece la pena. Quizá la única, después de todo. Y la libertad debe englobar también a nuestra capacidad de tener miedo, si es así como nos sentimos. Y expresarlo libre y claramente sin que ello tenga que suponer el menoscabo habitual en quienes en un momento dado visibilizan sus temores e inseguridades (directamente, no a través de agresividades, se entiende).

Tenemos que entender nuestros miedos como una parte más de nuestra naturaleza. Es una respuesta fisiológica normal ante una percepción, propia o inducida, de un peligro. En ese sentido nuestro miedo actúa como señal de alarma y nos pone en guardia. No obstante hay que ser consciente de que existe la posibilidad de que nuestro miedo ocupe todo nuestro ser y devenga en pánico, terror y parálisis. En realidad, cualquier Estado que quiera establecer un control social sobre el individuo, y,por extensión, el colectivo, quiere que se llegue a esa sensación de pánico. Extender nuestra sensación de peligro hasta que seamos nosotros mismos los que pidamos protección y control ante la adversidad y busquemos dentro de la jerarquía estatal (papá estado es, ante todo, padre y, por lo tanto, controlador, castrador y autoritario) en forma de nuevas leyes, más presencia policial y, si se tercia, las llamadas fuerzas armadas. Es verdad que para algunos este aumento de la presencia de personas uniformadas armadas en nuestras calles y distritos nos inquietan más que tranquilizan, pero para mucha gente esto no es así y no se percibe al policía o al militar como un problema en sí mismo.

En definitiva, nuestro miedo es natural, sano y normal (independientemente de si los demás lo perciben igual o no, forma parte de nuestra característica de humanos sin interés en ser héroes, esos individuos con ganas de establecerse muy pronto en los cementerios municipales, preferentemente en panteones con columnas de estilo griego). Pero no debemos dejar que nuestro miedo se convierta en pánico. Ahora más que nunca, que parece que no hay más realidad que la que se nos da desde “papa estado”, necesitamos nuestra cabeza despejada. No perder el sentido crítico y advertir que a lo mejor es más peligroso dar poder omnímodo a individuos uniformados y armados que lo que un virus nos pueda hacer (y no negamos que ese virus no nos pueda hacer daño, especialmente a los más débiles entre nosotros).

LAS EMOCIONES EN TIEMPOS DE CRISIS

Siguiendo con el texto anterior, nos gustaría poner la atención en el tema emocional, ya que en la realidad psíquica, además de influir lo que hemos vivido, lo que condiciona muchos de nuestros comportamientos y determina muchas de nuestras conductas, son las emociones y sobre todo las emociones negativas, que son las que se potencian tanto desde nosotros mismos como por el Estado. Porque es mucho más fácil controlar a las personas potenciando su miedo, incrementando su inseguridad, aumentando la visión negativa de tal manera que aumenten tanto la angustia y la ansiedad. Así, se nos lleva a pensar que lo mejor es la seguridad que ofrece el Estado, el ejército o la religión o incluso la veneración ciega en la ciencia y la tecnología.

Es decir,  no se potencia conocerse a uno mismo o la inteligencia emocional, porque teniendo estas carencias, nunca seremos personas fuertes que podamos buscar otras realidades, que nos cuestionemos tanto a nosotros mismos como a todo lo que nos rodea o que busquemos otras formas de afrontar los problemas o las crisis.

El cómo nos enfrentamos y vivimos nuestras emociones es lo que se debería enseñar desde pequeños para poder lograr ser unas personas adultas que asuman sus emociones con responsabilidad y conociéndose a uno mismo para también saber qué es lo que nos gusta o nos hace sentir bien para lograr estar fuertes y evitar así muchas veces la manipulación emocional que entre otros el Estado aprovecha continuamente y en momentos como los que ahora estamos viviendo se hace más visible. Porque en todos los discursos de estos días se nos trata de hijos de un papá Estado que nos dice no sólo lo que tenemos que hacer sino también lo que tenemos que sentir y si alguien no siente lo mismo que nosotros (ejemplo: miedo al contagio) se le ridiculiza socialmente, se le enfrentan sus opiniones o teorías acusándole de insolidario o cospiranoico porque se extiende de una manera totalmente autoritaria que o se siente lo de la mayoría o se está frente a la mayoría.

Por eso quiero dejar en el aire la pregunta:

¿Sentimos nosotros o sienten por nosotros?

Resistir

El mundo es un lugar hostil y cuanto más hostil más favorece que aparezcan modelos de resistencias. Resistir o morir, puede que no se consiga nada, nada en el sentido de un efecto inmediato pero lo importante es resistir cada una a su manera. Luchar cada una como pueda, la lucha cotidiana en la que surgen las dudas, las contradicciones, los arrepentimientos,… Esas son las mejores luchas porque son reales. Cuando de repente sin saber por qué se desafía ante un simple gesto, una mirada o un comentario aparentemente sin importancia pero que despierta un resorte en quién los sufre y se encara enfrentándose al mundo que en ese momento son esas dos
personas unidas por el destino.

Me gusta la frase de “mejorar las cosas aunque sea plantando un árbol que crecerá para generaciones futuras”. Las resistencias son esas raíces que con el tiempo darán su fruto, puede que pase tiempo pero en algún momento surgirán frutos. Actos individuales que contagian al colectivo.

Resistimos cada vez que respiramos y no permitimos que se cometa alguna injusticia, algún comentario algo que nos haga no sólo defendernos sino pasar de la pasividad a la actividad.

Lo fácil es dejarse arrastrar por la inactividad, por la corriente dominante lo verdaderamente potente es cambiar la corriente. Rebelarse sobre lo establecido.

Resistimos cada vez que somos capaces de cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestro mundo, sociedad,… Cuando creamos pequeños grupos, cuando buscamos gente afín para resistir juntos.

EL FUTURO DEL ANARQUISMO

Lo has adivinado, el futuro eres tú que estás mirándote al espejo y no sabes muy bien qué pensar. Puede que estés pensando al ver tu reflejo que no puede ser, que tú eres una persona sencilla (te consideres o no anarquista) y que intentas llevar una vida lo más cercana a tus ideas.

No eres de grandes discursos sino de leer, reflexionar, repensar y pensar sobre todo lo que lees, escuchas,… desconfías de la propaganda y las noticias que tienen un eco mediático. Eres constante en tu empeño de vivir la vida, de disfrutar, cada vez más consciente de que lo más importante eres tú, cuidarte para poder demostrar con tu vida, con tus hechos las ideas que dominan tu vida.

Para mí el futuro del anarquismo tendrá nombre de mujer, el feminismo en el centro, y tendrá bastante importancia la educación.

Siempre que se habla de futuro la educación hay que ponerla en el centro, llamémosle educación o saber, el saber constante que comienza en la infancia y que nos acompañará toda la vida, porque si hay algo que distingue a un anarquista es su formación constante, siempre interesada en todo. Querer saber para poder comprender, para poder tener un criterio propio y luchar contra todo aquello que se considera injusto o perjudicial para uno mismo o para la comunidad.

Por eso porque el futuro eres tú, somos todas, necesitamos ir construyéndonos poco a poco para poder defender aquello en lo que creemos y sobre todo aplicar las ideas a la vida diaria, la cotidianidad de los hechos basados en ideas porque eso es lo mejor del anarquismo que es una teoría práctica que quién la practica comienza con pequeños cambios, pequeñas aportaciones
pero que poco a poco su vida se va dotando de comportamientos de
comunidad.

Somos una teoría política que se basa en la práctica que persigue el bien común porque el centro son las personas, la naturaleza humana, buscando el apoyo mutuo y la solidaridad.

El futuro también será de reasignación y recuperación de la memoria histórica anarquista, tenemos que dar valor y visibilidad de toda esa herencia anarquista que tenemos los anarquistas de hoy y que tendrán los del futuro porque las ideas han estado siempre en nuestros corazones. El anarquismo del 36 no fue un hecho aislado porque los hechos anarquistas siempre han estado ahí.