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Sobre los procesos re(des)organizativos en CNT Madrid

El 27 de Octubre de 2018, en convulso pleno, la CNT decidió desfederar a la Federación Local de Madrid. Y en su decisión incluía el veto a volver a afiliarse a aquellos ex-miembros que en el momento de la expulsión (hay quien dice que una desfederación no es una expulsión, pero a mi me gusta el diccionario de sinónimos: se expulsó a toda la Federación Local, incluida la parte que pidió la desfederación) militaran en el sindicato de Oficios Varios (el SOV, para entendernos). La decisión, por controvertida y discutible, no es objeto de este escrito (tan poco el muy discutible sistema de reorganización del sindicato en Madrid, que da para libro). Cada organización tiene perfecto derecho a autoinmolarse según sus gustos y preferencias. En CNT gusta la desfederación compulsiva de “insensatos”. Pero sí merece la pena entretenerse un poco en el proceso que lleva a una resolución tan drástica para dar salida a un viejo conflicto de lucha de poderes. Por si interesara a alguien no repetirlo.
La antigua Federación Local de Sindicatos de Madrid era un ente profundamente disfuncional. Con dos colectivos claramente enfrentados intentando dominar al resto. Y, si no se puede, por lo menos estorbar al otro sector en sus actividades. En Madrid poca gente se afiliaba por el sector productivo al que se pertenecía. Se procuraba acudir a aquel sindicato que más se acercase a tu concepción de la actividad sindical y social. Incluso había quien cuestionaba la afiliación de determinada gente si no cumplían los requisitos ideológicos previos, con todo lo que eso significa a la hora de plantear la afiliación al sindicato. La actividad sindical así se limitaba a aquellos que ya venían con un conflicto abierto, hecho lastimoso que imagino ocurrirá en otras latitudes (aunque esperamos que con menos entretenimiento orgánico/ideológico).
La actividad social también se veía paralizada por las diferencias de criterio en cuanto a la estrategia(s) a seguir. Y porque se mantenía un acuerdo tácito por el que si no había acuerdo entre sindicatos cada uno podía hacer de su capa un sayo en este ámbito. Si querías hacer algo que fuera contrario al resto era tan fácil como forzar un disenso en pleno local (el 8 marzo pasado fue el último caso), provocando así situaciones absurdas y bastante embarazosas cómo 2 y hasta 3 grupos afirmando ser la CNT con discursos diferentes, y hasta contradictorios a veces. En definitiva, aquello era una jaula de grillos donde se vivía pero no se convivía (y no entramos a valorar la presencia, siempre distorsionadora, de personas con problemas serios de adicciones, que los había, sí. Pero la clave de todo este asunto es otra).
El conflicto de CNT no era ideológico, no obstante lo dicho hasta ahora. Ni siquiera de estrategias. Si así hubiera sido los acuerdos y los consensos hubieran sido posibles entre personas que proclaman a los cuatro vientos su condición de “anarquistas”. El conflicto era personal y de cuotas de poder. Y de falta de respeto mutua. Unos llamaban “refor” a los otros. Los otros “tercos” a los unos (y se definen a sí mismo como “los sensatos”, colocando en la insensatez al resto. Como si pensar o valorar las cosas diferente a “los sensatos” significara estar falto de conexiones neuronales).
En algunos momentos hubo, y hasta el último momento, los que intentaron tender puentes, acercar posturas, buscar acuerdos (incluso hubo momentos en los que estos se producían, tan extraños como emocionantes). Recordar a toda la Federación Local que estaban en la misma organización, algo que no debería hacer falta explicar. Que si aparte de siglas compartieran colectivo serian más fuertes y podrían aportarse mucho unos a otros. Hacia falta generosidad, compañerismo, empatía y creerse los famosos PTF (principios, tácticas y finalidades, esas cosas que hay que creerse más y nombrar menos) que se tiraban unos y otros a la cabeza. No había nada de eso, o había muy poco. Había, sí, rencor, ganas de victoria y recuento de votos. Y a uno de los dos grupos le salían las cuentas, y actuó en consecuencia. Del otro lado tampoco había mucho interés en el entendimiento. Al fin y al cabo, el papel de víctima permite armar discursos épicos y puros desde ciertas perspectivas ideológicas. Todos contentos, claro. Y la autocrítica borrada del diccionario. Queda la victoria y la épica, valores ambos muy libertarios, todos sabemos.
Para otros lo sucedido provoca tristeza,desasosiego y sensación de fracaso absoluto. ¿Se podría haber encontrado otra salida? ¿Se podría haber encontrado otra resolución al conflicto? Sin duda, pero eso pasaba por renunciar a cuotas de poder. Por hacer algun esfuerzo por encontrar consensos. Y nadie quería eso.


David.