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Capitalismo y crisis ambiental

Como con cualquier otro debate que afecte al estatus quo, en cuanto el problema ambiental abandonó el ámbito científico y se introdujo en la esfera pública, el debate se convirtió en una cuestión de valores, de orientaciones culturales y de identidad política. La controversia inicial sobre el cambio climático, relacionada con su existencia o no, se superó pronto para convertirse en un debate en torno a las medidas a tomar, convirtiéndose así en una cuestión moral, relacionada con nuestros valores y visiones del mundo. Sus causas y soluciones implicaba reconocer las prácticas e intervenir en la sociedad, atendiendo a los valores y creencias de los individuos, grupos culturales, organizaciones, comunidades y sociedades. Aquí entraron en juego los grandes poderes para pervertir el debate, generar dudas y apartar el foco sobre la organización social presente, modificando el discurso inicial de los grupos y individuos que señalaban la raíz de la catástrofe ambiental para absorberlo en un modo atenuado que no contenía ya la crítica radical a las causas, conteniendo sólo los elementos discursivos que no perjudicaban al poder establecido. Ocurrido esto, estos poderes se prestaron rápidamente a utilizar todos sus medios para estigmatizar este “ecologismo radical” y “violento” (aquel que no había perdido su discurso señalando las causas reales del problema) y el ecologismo “bueno” que era aquél que había aceptado el discurso vacío y las reglas de juego actuales.  Hace ya más de 30 años de todo esto.

Los ecosistemas y su capacidad de recuperación están dando muestras evidentes de degradación severa, la inmensa biodiversidad del planeta tierra está en peligro. Bosques, pesquerías, océanos, pastizales, lagos, humedales, ríos y prácticamente cualquier ecosistema está amenazado. Muchos de estos ecosistemas se encuentran al borde del colapso o la desaparición y otros muchos ya desaparecieron hace tiempo. La desertificación avanza sobre gran parte del planeta, las constantes sequías están provocando que las reservas de agua subterráneas desaparezcan convirtiendo la tierra en baldíos, mientras que en otras las inundaciones constantes arrastran el suelo fértil hacia el mar. La tasa de desaparición de especies es como mínimo mil veces mayor que cualquier tasa natural de extinción conocida anteriormente. Mientras tanto los bosques retroceden a un ritmo de 375 km2 al día y a día de hoy ya se ha perdido el 80% de los bosques vírgenes de la tierra. Por si todo lo anteriormente mencionado fuese poco, el calentamiento global sigue su curso y amenaza con subir la temperatura media en la tierra hasta 7ºC en el 2050.

¿Provoca esto una reacción en masa? No. A escala global únicamente se toman escasas medidas a nivel político mientras que el resto de la población permanecemos pasivas. Estas “reacciones” políticas (siendo optimista) únicamente inciden sobre los efectos y nunca sobre las causas. (http://bigpicture.unfccc.int/#content-the-paris-agreement) ¿Por qué? ¿Qué provoca tanta indiferencia a los datos anteriores entre la mayoría de la población de los “países desarrollados”?

La respuesta a esta pregunta no parece ni sencilla ni única, desde luego no la conocemos, pero aún así todas sentimos y podemos ver algunos de los factores que en mayor o menor medida, dependiendo de la persona, conducen a esta actitud pasiva. Vamos a poner de relieve algunos de ellos (otros tantos se quedarán en el tintero). Bien, comencemos:

La distancia que existe hoy en día entre la mayor parte de la población de los mal llamados “países desarrollados” y el medio ambiente natural. Distancia originada por los actuales entornos urbanos (medios ambientes urbanos o ecosistemas urbanos). Lugares en los cuales según datos del Banco Mundial vive alrededor del 70% de la población en áreas como Europa o EEUU (https://data.worldbank.org/indicator/SP.URB.TOTL.IN.ZS), incrementandose este porcentaje año tras año. Estos entornos creados por el hombre mediante la urbanización son ambientes alterados en todos sus aspectos en función de las necesidades del ser humano. Los humanos que vivimos en estos entornos altamente modificados nos encontramos que solo nos relacionamos con los ciclos naturales por la ropa que usamos y con la flora y fauna local (en el mejor de los casos) a través excursiones o el turismo. En resumen, no tenemos una experiencia de la “naturaleza” en cualquiera de sus aspectos. Ninguna actividad cotidiana del habitante de una ciudad es influida de forma significativa por cualquier “condición natural”, el consumo, las relaciones sociales, la reproducción, el descanso, el ocio, las vivencias sensoriales, etc. son totalmente ajenos a cualquier agente natural. Bajo estas circunstancias el clima, la naturaleza y sus interacciones con el ser humano son observadas como un espectáculo del cual somos meros espectadores (http://criticasocial.cl/pdflibro/sociedadespec.pdf)

Somos ajenos a los efectos de nuestros actos. Otro factor a tener en cuenta es el hecho de que en la cadena causal de nuestros actos difícilmente somos testigos de los efectos de estos en la naturaleza. Cuando tiramos plástico, cuando usamos un vehículo a motor, cuando decidimos subir la calefacción porque tenemos algo de frío, etc. Nunca somos testigos directos de los efectos que pueden causar y desde luego nunca los sufrimos directamente. Este distanciamiento entre la causa y los efectos, al igual que en la cadena de mando militar, permiten evadirnos con facilidad de las consecuencias de nuestros actos.

La identidad cultural. Estas identidades suelen implicar la defensa de un conjunto de valores y estilos de vida por parte del individuo frente a identidades diferentes, percibidas, en ocasiones, como enemigas y la negación irracional de determinadas evidencias contrarias al ideario aceptado por el grupo. No podemos obviar la realidad de que aunque no seamos puramente irracionales, nuestra racionalidad es limitada y está condicionada por nuestras emociones y nuestro entorno. Tenemos así que la información no reduce por lo general el peso de la identidad cultural en nuestras decisiones, y por lo tanto en algunos casos el peso de la subjetividad. Al contrario de lo que solemos pensar, la información por sí sola es insuficiente para cambiar las actitudes de los individuos. En ocasiones, incluso, disponer de información nueva y variada sobre el cambio climático, como la que suelen proporcionar los medios de comunicación, puede producir una mayor polarización de la actitud, ya que la información es procesada de modo asimétrico por los que creen que el cambio climático es responsabilidad del ser humano y los que no creen en la ciencia del cambio climático, como muestra el reciente estudio de Cass Sunstein y colaboradores «How People Update Beliefs about Climate Change: Good News and Bad News» [Cómo actualizan las personas sus creencias sobre el cambio climático: buenas y malas noticias].

La dispersión del debate. Originada por distintos grupos de poder con un interés en confundir y subjetivizar el debate en torno al cambio climático, con el objetivo de soslayar las evidencias respecto al mismo ocultando las evidencias tras confrontaciones personales, de bandos o información contradictoria. Hemos de tener en cuenta que las acciones necesarias para mitigar el cambio climático implican que los intereses de determinadas organizaciones y actores colectivos se verán afectados. De modo que estos actores tienden a amplificar y polarizar el debate, y a atenuar el riesgo del cambio climático para proteger sus intereses, produciendo cambios en la cobertura en los medios, en las actitudes del público, en los mercados de consumo y en las políticas de los gobiernos.

La extenuante vida cotidiana.  Probablemente una de las más potentes herramientas del control en manos de los estados, el discurrir del día a día con sus problemas, conflictos y tareas destruye nuestras voluntades y nuestra habilidad para pensar en cualquier otro aspecto de la vida que no sea esta carrera de velocidad diaria. El poder anulador de la rutina diaria en las personas y el poder destructor de la voluntad de una sociedad que lleva a sus componentes a la extenuación diaria mediante jornadas laborales interminables y cotas de estrés elevadisimas.

Aunque no podemos identificar todas las causas de la inacción colectiva ante la destrucción de la tierra conocemos qué está causando esta destrucción.

El anterior discurso apocalíptico, que vaticina el fin de toda la humanidad si no cambia, únicamente genera miedo, apatía, espanto o tristeza; no las energías necesarias para impulsar fuerzas creadoras. Estas potencias sólo pueden venir de un discurso que traiga esperanza, muestre alternativas alcanzables y la oferta de un mundo mejor. Por lo tanto decimos que el cambio sí es posible, que es abordable y que comienza por identificar el causante de la situación actual y afrontar soluciones radicales, entendiendo como radicales aquello que ataca a la raíz del problema y no a sus efectos. No son deseables las soluciones intermedias que solo alargan el drama actual y obligarán a emplear mayores energías en un futuro.

El primer enemigo a batir no es ni más ni menos que la sociedad capitalista. No vamos a descubrir nada nuevo ya que aceptamos las ideas de la Ecología Social y afirmamos que los males que aquejan actualmente el planeta son los mismos que afectan a las sociedades humanas y sus causantes también. Que para terminar con los primeros debemos acabar con los últimos ya que están íntimamente ligados.

Aquí parece razonable pensar si estamos errando, y que lo que apuntamos como originado por la sociedad actual en realidad fuese inherente al ser humano y por lo tanto inevitable. Sin embargo de nuevo para desmontar este argumento para tirar de datos de esa organización “antisistema” que es la ONU:

  • La tasa de desaparición de bosques (el mayor y más diverso ecosistema de la tierra) es de trescientos setenta y cinco kilómetros cuadrados día, ya se ha perdido el ochenta por ciento de los bosques originales. Uno con uno billones de acres de bosque tropical han desaparecido entre 1960 y 1990. Las causas directas de la deforestación y degradación de los bosques (según la misma fuente) en orden de importancia son la expansión de los terrenos de cultivo y la sobreexplotación de madera para su uso industrial, de calefacción y comercial. Según el mismo informe las motivaciones subyacentes de estas prácticas incluyen la pobreza, el incremento de la población y el comercio de la madera.
  • En cuanto a los ecosistemas costeros y marinos. los datos no son más halagüeños. El 75% de las pesquerías están en estos momentos extintas, sobreexplotadas o en recuperación. La degradación de los ecosistemas marinos (según los mismos datos de la ONU) es causa del incremento de la presión en los recursos de estas zonas y en su uso como depósito de vertidos. Frente a esta sobreexplotación nos encontramos con el dato aterrador de que (según la FAO) ⅓ de los alimentos se pierde o desperdicia en la cadena de suministro, situación que es únicamente causada por la sociedad del consumo y sus hábitos.

Fuente: http://www.fao.org/fishery/topic/166313/en

  • La biodiversidad se está perdiendo a una tasa muchas veces mayor que cualquier gran extinción previa. En los últimos 30 años la extinción masiva de especies se ha convertido en un grave problema ambiental, se estima que alrededor del 24% de los mamíferos, y el 12% de aves están amenazados. Esta desaparición de biodiversidad es debida principalmente a la conversión de la tierra, el cambio climático, la polución, la sobre explotación de los recursos naturales y la introducción de especies exóticas.
  • La atmósfera está siendo gravemente alterada. La concentración de CO2 desde la revolución industrial se ha incrementado dramáticamente llevando al actual calentamiento global, aunque estas emisiones se distribuyen de forma irregular a lo largo del globo.

Todos los datos presentados se deben a causas exclusivamente sociales ya que ni la pobreza, ni el comercio, ni la industria son inherentes al ser humano.Factores sociales como la desigualdad, la existencia de la propiedad privada y la desaparición de los medios de vida tradicionales (que buscaban el equilibrio con la naturaleza) están detrás de estos números.

La contaminación de las aguas costeras como hemos apuntado es causada por los vertidos. De los cuales, las aguas residuales son la mayor parte. Estos vertidos es evidente que son una causa social evitables con una organización social distinta.

En cuanto a la desaparición de biodiversidad la conversión de la tierra es la causa más frecuente en zonas tropicales (gran bolsa de biodiversidad planetaria). Esta transformación es debido a la explotación de recursos naturales y al desplazamiento de población procedente de otras áreas, siendo estas dos causas factores sociales indiscutibles. Al contrario en las regiones industrializadas (o centrales al capitalismo) la polución es la causa más común de desaparición de especies, otros factores ligados a la desaparición de biodiversidad son la sobre población, sobre explotación de recursos naturales, los vertidos y la polución, el desarrollo urbano y las guerras. Ninguno de estos factores está ligado a la especie humana como tal sino a factores sociales y por lo tanto evitables (incluido la sobre población ya que algunas sociedad humanas han controlado su población de forma natural).

De nuevo las causas de la alteración de la atmósfera son claramente sociales: la industrialización, el uso de combustibles fósiles, la producción de cemento y la quema de biomasa. Todas ellas ligadas íntimamente a lo sociedad capitalista.

Volvemos de nuevo al caso del incremento de la población ya que merece ser tratado con más detenimiento. Aunque se tiende a asociar el incremento de la población humana a causas naturales la realidad es que como todo en el ser humano en gran parte es debido a causas culturales como la religión, la pobreza y el acceso a la educación basandonos de nuevo en datos de la rádical ONU (https://www.un.org/popin/icpd/conference/bkg/wppa.html). Además de este factor es inevitable pensar que si en un tipo de sociedad distinta ocurriese también esta sobre población, los efectos de esta sobre el medio ambiente podrían ser mitigados mediante distintos métodos como el libre movimiento de población.

Así que tenemos que podemos achacar directamente la destrucción en curso a causas exclusivamente ligadas a la sociedad humana actual y que el deterioro expuesto se ha realizado prácticamente en los dos últimos siglos, en paralelo al auge y extensión del capitalismo posterior a la revolución industrial.

Ahora bien no es exclusivamente el capitalismo el problema, cualquiera de las causas anteriores tiene como origen último la idea por la cual la naturaleza está ahí esperando ser explotada por el hombre, usada como si de una máquina expendedora se tratase, por la cual cualquier ser vivo existe para ser usado por el ser humano, ser que cosifica la vida en función de un utilitarismo miope, tratando la vida como un bien de consumo más. Esta es la base conceptual que nos ha llevado a la catástrofe ambiental en curso y es la base conceptual no solo del capitalismo sino de la mayor parte de las orientaciones políticas de cualquier espectro en la actualidad. Idea que surge con la filosofía Renacentista y su apreciación de la naturaleza como obstáculo para la superación del hombre (Descartes consideraba por ejemplo a los animales máquinas apropiables por el servicio del hombre ya que carecían de alma).  

Para terminar, estamos convencidas de que para acabar con la destrucción actual de la tierra no es suficiente acabar con el capitalismo (aunque sí necesario), tenemos que erradicar la idea de que la naturaleza está al servicio del ser humano, y es que no tenemos ningún derecho moral a hacer uso de la vida de otros seres vivos en nuestro beneficio. Por lo tanto si queremos asegurar la pervivencia de la vida en la tierra y en consecuencia de los humanos debemos acabar con la sociedad actual y crear una nueva sociedad basada en los valores del respeto a la vida, de la solidaridad y el apoyo mutuo, del equilibrio con el entorno, de una idea de progreso no basada en el crecimiento económico.