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El Anarcosindicalismo son los padres

En 1910 se fundó en España el sindicato más potente que se ha relacionado con el llamado Anarco-Sindicalismo, la CNT. Han pasado ya más de 100 años desde entonces y lo que entonces era una fuerza enorme, capaz de condicionar la política, forzar leyes y hasta, llegado el momento, influir decisivamente en revoluciones, es un crisol de grupúsculos más o menos reducidos empeñados en recoger el legado de la que fuera la gran organización obrera de los años 20-30 del siglo XX (ya ha llovido, y hasta granizado). En otros países la situación no es mucho más halagüeña, apenas unos cientos, o miles en el mejor de los casos, pugnan por la defensa de los derechos de los trabajadores desde presupuestos (al menos propagandísticos) anarquistas. ¿El anarcosindicalismo ha muerto? O lo mismo son los padres, es decir, nunca existió algo que pudiéramos denominar como “anarcosindicalismo”. Aclaremos conceptos.

En primer lugar, no existe ninguna corriente sindical que se pueda denominar “anarquista”. El anarquista no pretende obtener una mejora del 10/15% en la masa laboral de la empresa. El anarquista lo que quiere es que se colectivicen todos los medios de producción y que se forme una sociedad distinta basada en el apoyo mutuo y el libre acuerdo entre iguales. Aclaramos que como medios de producción nos referimos a aquellos medios que pueden producir bien y beneficio humano. Descartamos bancos, compañías de seguros y todo aquello relacionado con la economía especulativa…a no ser que se quiera comer billetes (creemos que sería un poco indigesto).

En segundo lugar la CNT (ni ninguna de las variantes en las que ahora está dividido aquel legado histórico) nunca se ha auto denominado específicamente “anarquista”, sí habla de anarcosindicalismo o de sus imbricaciones en el mundo libertario, pero nunca ha pretendido ser una organización específica. No sería lógico, ya que como decimos un sindicato no es una organización específica y ni siquiera revolucionaria.

Pero, y esto es importante, en un momento dado entre los anarquistas se vio la necesidad de participar de las luchas sociales y laborales, así que se propugna en crear organizaciones dedicadas a ello. Serían anarquistas los que alimentasen esas organizaciones y participasen en esas luchas, pero la organización sería un sindicato. De ahí que se empezasen a llamar “anarcosindicalistas”. Y el invento funcionó, y funcionó muy bien.

Entre esto y pretender que existe una ideología “anarcosindicalista” hay un mundo. Desconfiamos profundamente de cualquiera que se reclame como “anarcosindicalista”, como desconfiamos de aquellos que diferencian entre lo “libertario” y lo “anarquista”. Una cosa es ser anarquista y participar del sindicato y otra pretender que eso es parte de una ideología coherente. No lo es, pero quizá sea necesario llegar a un compromiso entre lo que se desea y lo que se puede.

¿Ha muerto el anarcosindicalismo? Es decir, ¿esta estrategia sigue siendo válida hoy en día? Hay síntomas de que podría ser así, de que quizá hay que dar una vuelta a la historia y replantearnos, de una u otra manera, si la vía sindical es todavía válida para la participación de los anarquistas en las luchas sociales y laborales a las que nos vemos abocados en estos tiempos de desregularización salvaje de nuestras condiciones vitales. Quizá tengamos que buscar nuevas estrategias, quizá haya que incidir todavía más en las antiguas formas y modos. Tendríamos que tener todas una profunda reflexión acera

Lo que es seguro es que no se puede dejar la lucha. Viva el 1 de Mayo!

Accion directa en Grecia: Grupo Anarquista Rouvikonas

El grupo anarquista griego Rouvikonas es conocido por sus espectaculares acciones que, en ocasiones, consiguen repercusión planetaria. Usando como excusa la entrevista realizada por el canal teleSUR que vamos a proyectar previamente sobre este grupo, nos proponemos abrir un debate en el que reflexionaremos sobre los las características propias del grupo Rouvikonas, las acciones directas no-violentas en lugares públicos, ámbito de aplicación, objetivos, éxitos, fracasos, etc. que seguro será enriquecedor para todas.

Debate «Disidencias en el anarquismo»

¿Tiene sentido hablar de disidencias en el anarquismo?, ¿existe un bloque unánime teórico-práctico anarquismo?, ¿cuáles son las acciones, decisiones o palabras para ser considerado disidente?, ¿cuáles son las motivaciones de los disidentes?, ¿cómo afrontan los colectivos libertarios la existencia de opiniones minoritarias, ya san estratégicas o ideológicas, dentro de su seno?, ¿se reproducen dinámicas de acoso y derribo asumidas con normalidad en otros ámbitos?
Estas y otras preguntas semejantes pueden ser planteadas cuando analizamos la historia de las disidencias y sus casos más famosos o, por lo menos, mejor documentados como el de Kropotkin, Peiró o Makhno. Sus respuestas deberían ayudarnos a reflexionar también sobre los presupuestos del anarquismo, su invariabilidad en el tiempo, su aceptación, o su homogeneidad.

Como apoyo documental, no exclusivo, se recomienda «El otoño de Kropotkin» editado por LaMalatesta.

Cita X de «La conquista del pan»

El hombre no es sin embargo un ser que pueda vivir exclusivamente para comer, beber y procurarse albergue. A partir de que se hayan satisfecho las exigencias materiales, se presentarán más apasionadamente las necesidades a las cuales puede atribuírseles un carácter artístico. Tantos individuos equivalen a otros tantos deseos, y cuanto más civilizada está la sociedad y más desarrollado el individuo, estos deseos son más variados.
La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita IV de «La conquista del pan»

Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización que nos enorgullece. Otros millones, diseminados por todo el globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, en menos de cincuenta años no quedarían más que escombros. Hasta el pensamiento, hasta la invención, son hechos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores, conocidos o desconocidos, muertos en la miseria, han concebido esas máquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y pensadores han trabajado para elaborar el saber, extinguir los errores y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no han sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores? ¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, tanto en lo físico como en lo moral, por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases? ¿No tomaron su impulso de todo lo que les rodeaba?

Ciertamente, el genio de un Seguin, de un Mayer o de un Grove, ha hecho más por el desarrollo de la industria que todos los capitalistas del mundo. Pero estos mismos genios son hijos de la propia industria, igual que de la ciencia, porque ha sido necesario que millares de máquinas de vapor transformasen, año tras año, a la vista de todos, el calor en fuerza dinámica, y esta fuerza en sonido, en luz y en electricidad, antes de que esas inteligencias geniales llegasen a proclamar el origen mecánico y la unidad de las fuerzas físicas. Y si nosotros, los hijos del siglo XIX, al fin hemos comprendido esta idea y hemos sabido aplicarla, es también porque, para ello, estábamos preparados por la experiencia cotidiana. También los pensadores del siglo pasado la habían entrevisto y enunciado, pero quedó sin ser comprendida en su totalidad, porque el siglo XVIII no creció, como nosotros, junto a la máquina de vapor. Pensemos solamente en que si Watt no hubiese encontrado en Soho trabajadores hábiles para construir con metal sus presupuestos
teóricos y perfeccionar todas sus partes –y hacer por fin el vapor, aprisionándolo dentro de un mecanismo completo, más dócil que el caballo, más manejable que el agua, hacerlo, en una palabra, el alma de la industria–, podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que han permitido revolucionar la industria moderna.

Cada máquina tiene la misma historia: una larga serie de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que han añadido a la invención primitiva esas pequeñeces sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aun más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria. Todo se entrelaza: ciencia e industria, saber y aplicación. Los descubrimientos y las realizaciones prácticas que conducen a nuevas invenciones, el trabajo intelectual y el trabajo manual, la idea y los brazos. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor
parcela de ese inmenso todo y dice: “Esto es sólo mío y no de
todos”?

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita VIII de «La conquista del pan»

Ese muchacho, perezoso para el latín y el griego, trabajará como un negro si se lo inicia en las ciencias, sobre todo a través del trabajo manual. Esa jovencita reputada como una nulidad para las matemáticas será la primera matemática si ella da azarosamente con alguien que la sepa interpretar y le explique aquello que ella no comprende de los elementos de la aritmética. Y aquel obrero, negligente en la fábrica, rotura su jardín desde el alba mientras contempla cómo el sol se levanta y caen la tarde y la noche, hasta que toda la naturaleza entra en reposo. Alguien ha dicho que el polvo es la materia que no está en su sitio. La misma definición se aplica a las nueve décimas de los llamados perezosos. Son personas desorientadas en una senda que no responde a su temperamento ni a sus capacidades. Leyendo las biografías de los grandes hombres, sorprende el número de “perezosos” entre ellos. Perezosos en tanto no encontraron su verdadero camino, y laboriosos a ultranza más tarde. Darwin, Stephenson y tantos otros figuraban entre esos perezosos.

Muy frecuentemente, el perezoso no es más que un hombre a quien repugna hacer toda su vida la dieciochava parte de un  alfiler o la centésima parte de un reloj, cuando se siente con una exuberancia de energía que quisiera gastar de otra manera. También con frecuencia es un rebelde que no puede admitir la idea de estar toda su vida clavado en ese banco, trabajando para proporcionar mil satisfacciones a su patrón, sabiéndose mucho menos estúpido que él, y sin otra culpa que la de haber nacido en un cuartucho, en vez de haber venido al mundo en una mansión.

Finalmente, buen número de perezosos no conocen el oficio con el que se ven obligados a ganarse la vida. Viendo el objeto imperfecto salido de sus manos, esforzándose vanamente en hacerlo mejor y comprendiendo que nunca lo conseguirán a causa de los malos hábitos de trabajo ya adquiridos, toman odio a su oficio y, por no saber otro, hasta al trabajo en general. Millares de obreros y de artistas fracasados se hallan en este caso. Al contrario, aquel que, desde su juventud, ha aprendido a tocar bien el piano, a manejar bien el cepillo, el cincel, el pincel o la lima, de manera de sentir que lo que hace es bello, no abandonará jamás el piano, el cincel o la lima. Él encontrará placer en un trabajo que no lo fatigará, mientras no esté desbordado.

Bajo una sola denominación, la pereza, se han agrupado toda una serie de resultados debidos a causas distintas, cada una de las cuales podría convertirse en fuente de bienes en vez de ser un mal para la sociedad. Aquí, como para la criminalidad, como para todas las cuestiones concernientes a las facultades humanas, se han reunido hechos que nada tienen en común entre sí. Se les llama pereza o crimen, sin siquiera tomarse el trabajo de analizar sus causas. Hay premura en castigar, sin preguntarse siquiera si el mismo castigo no contiene una prima a la “pereza” o al “crimen”*.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita VII de «La conquista del pan»

¿La vida  valdría la pena de ser vivida, con todas sus inevitables tristezas, si el hombre no pudiera, fuera del trabajo, procurarse un solo placer de acuerdo con sus gustos individuales?

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita V de «La conquista del pan»

 Pero lo que nos importa no es hallar ejemplos que imitar a ciegas, y que, por supuesto, tampoco podría suministrarnos la sociedad actual. Lo que nos hace falta es destacar que, a pesar del individualismo autoritario que nos asfixia, hay siempre en el conjunto de nuestra vida una parte muy vasta donde no se obra mas que por el libre acuerdo, y que es mucho más fácil vivir sin gobierno de lo que se piensa.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin