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Pildoras para el 1 de mayo

El 1 de mayo de 1886 se inició una huelga en Chicago (EEUU) con el objetivo de conseguir la jornada de 8 horas laborales (queda tan lejos eso, que ya hasta nos parecen pocas). El 4 de mayo, como consecuencia de las protestas y la represión consiguiente, se produjeron una serie de disturbios en Haymarket Square con detenciones de centenares de obreros durante los días siguientes. Finalmente se condenó a 8 de ellos a penas que iban desde la cadena perpetua (3 de los condenados) hasta la pena capital (los otros 5). Los anarquistas somos muy pesados con esto porque los 8 obreros juzgados en aquella parodia de juicio se proclamaban, orgullosamente, anarquistas. ¿Dónde quedaría todo ese orgullo? ¿Cuándo perdimos la claridad de ideas? ¿En qué momento adquirimos todos los complejos que hoy atenazan al “movimiento” (o lo que sea)? A saber, pero creemos importante empezar a mirar al futuro con alegría, quitarnos los complejos y mirar a la cara a todos aquellos que se pretenden superiores a nosotros porque fundaron una confluencia allá por el 2011.


Hubo un tiempo en donde el 1 de mayo suponía participar en una jornada de reivindicación de mejora de condiciones de trabajo, o al menos, esa fue la intención del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889 que acordó convertir este día en una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Hoy se ha convertido en otro día de ocio, para aquellos que lo disfruten como día festivo, salvo para una minoría, que ha transformado la jornada de lucha reivindicativa y homenaje a sus mártires en una jornada de reivindicación festiva.

¿En qué momento la llamada “clase trabajadora” renunció a la lucha y la reivindicación de mejoras?

Necesitaríamos más tiempo y espacio para analizarlo, pero no es ese el objetivo de este texto. Quizás si, invitar a una reflexión individual.

¿Ya no salimos a luchar porque no es necesario?¿Será que no hay necesidad de reclamar mejoras en nuestras condiciones de trabajo y de vida, porque vivimos muy bien?¿Ya no existen las desigualdades?¿Ya no hay explotadores ni explotados?


Hoy es un primero de mayo raro: en soledad y en casa. Un día de reivindicación  silencioso y lleno de incertidumbre ante el futuro que tendremos despues de esta crisis en la que estamos desde marzo. 

Seamos sinceros, la crítica molesta, pero es necesaria si queremos avanzar o mejorar lo que hacemos. A los anarquistas muchas veces nos falla la forma de hacer crítica y autocrítica (esta última casi no existe), porque en vez de elaborar críticas constructivas que nos ayuden a crecer y a formar una masa crítica que pueda analizar, reflexionar y criticar teorías, acciones,… terminamos usando formas que se quedan en la queja o el ataque. 

Aprovechemos este 1 de mayo para repensar nuestras estrategias para hacer visibles nuestras ideas y forma de vida,  nuestras alternativas. Porque de la situación en la que estamos  vamos a salir mucho más débiles y solos de lo que estábamos a principios de marzo. Ahora más que nunca necesitamos el Apoyo Mutuo,  la solidaridad,  el estudio,  la reflexión,  etc.

Necesitamos la Anarquia.


Otro año de nuevo 1 de mayo, aunque este será bastante distinto a los de años anteriores, sin la esperanza que te dá ver una manifestación multitudinaria como en algunas ocasiones hemos visto. Tenemos mucho trabajo por delante ya que se nos avecina un mundo laboral nuevo, del que se lleva viendo su nacimiento años en determinados sectores como el TIC. Tenemos que idear las tácticas y estratégias que debemos usar en este mundo laboral de teletrabajo que se nos avecina para poder tener éxito en nuestros reivindicaciones tanto a corto como a largo plazo. Estas tácticas y estrategias, algunas serán viejas conocidas otras ideas totalmente nuevas pero todas deben surgir del trabajo y la mente colectiva, de la solidaridad, la igualdad y el apoyo mutuo.

Por la abolición del trabajo y de la propiedad privada.


Hoy es un día importante para volver la vista atrás y recordar a aquéllos y a aquéllas que en el pasado lucharon por un mundo mejor, en concreto en el ámbito del mundo laboral. Lucharon y algunos murieron por una idea que ahora sería revolucionaria. Pedían trabajar 8 horas entre otras cosas. Y ahora sería revolucionaria, porque, en los tiempos que corren, ya poca gente lucha por una idea y mucho menos revolucionaria. Es momento entonces de reivindicar alternativas al trabajo capitalista, basadas en esfuerzos colectivos y solidarios, en los que no existan patrones ni obreros, sino compañeras y vecinas. Hubo un tiempo donde se decía: De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades. Esto sí que sería revolucionario.

Salud!


La historia social está regada con la sangre de quienes, antes que nosotros, lo dieron todo en busca de un mundo mejor. Ser conscientes de esto no implica rememorar hasta el fetiche estas luchas ni el inmolarse en busca de ese martirio (los mártires, mejor en las iglesias. Nosotras celebramos la vida y la alegría).

Miramos al futuro con esperanza, aún sabiendo que nos queda mucho camino por delante. ¡Salud y libertad!

El Anarcosindicalismo son los padres

En 1910 se fundó en España el sindicato más potente que se ha relacionado con el llamado Anarco-Sindicalismo, la CNT. Han pasado ya más de 100 años desde entonces y lo que entonces era una fuerza enorme, capaz de condicionar la política, forzar leyes y hasta, llegado el momento, influir decisivamente en revoluciones, es un crisol de grupúsculos más o menos reducidos empeñados en recoger el legado de la que fuera la gran organización obrera de los años 20-30 del siglo XX (ya ha llovido, y hasta granizado). En otros países la situación no es mucho más halagüeña, apenas unos cientos, o miles en el mejor de los casos, pugnan por la defensa de los derechos de los trabajadores desde presupuestos (al menos propagandísticos) anarquistas. ¿El anarcosindicalismo ha muerto? O lo mismo son los padres, es decir, nunca existió algo que pudiéramos denominar como “anarcosindicalismo”. Aclaremos conceptos.

En primer lugar, no existe ninguna corriente sindical que se pueda denominar “anarquista”. El anarquista no pretende obtener una mejora del 10/15% en la masa laboral de la empresa. El anarquista lo que quiere es que se colectivicen todos los medios de producción y que se forme una sociedad distinta basada en el apoyo mutuo y el libre acuerdo entre iguales. Aclaramos que como medios de producción nos referimos a aquellos medios que pueden producir bien y beneficio humano. Descartamos bancos, compañías de seguros y todo aquello relacionado con la economía especulativa…a no ser que se quiera comer billetes (creemos que sería un poco indigesto).

En segundo lugar la CNT (ni ninguna de las variantes en las que ahora está dividido aquel legado histórico) nunca se ha auto denominado específicamente “anarquista”, sí habla de anarcosindicalismo o de sus imbricaciones en el mundo libertario, pero nunca ha pretendido ser una organización específica. No sería lógico, ya que como decimos un sindicato no es una organización específica y ni siquiera revolucionaria.

Pero, y esto es importante, en un momento dado entre los anarquistas se vio la necesidad de participar de las luchas sociales y laborales, así que se propugna en crear organizaciones dedicadas a ello. Serían anarquistas los que alimentasen esas organizaciones y participasen en esas luchas, pero la organización sería un sindicato. De ahí que se empezasen a llamar “anarcosindicalistas”. Y el invento funcionó, y funcionó muy bien.

Entre esto y pretender que existe una ideología “anarcosindicalista” hay un mundo. Desconfiamos profundamente de cualquiera que se reclame como “anarcosindicalista”, como desconfiamos de aquellos que diferencian entre lo “libertario” y lo “anarquista”. Una cosa es ser anarquista y participar del sindicato y otra pretender que eso es parte de una ideología coherente. No lo es, pero quizá sea necesario llegar a un compromiso entre lo que se desea y lo que se puede.

¿Ha muerto el anarcosindicalismo? Es decir, ¿esta estrategia sigue siendo válida hoy en día? Hay síntomas de que podría ser así, de que quizá hay que dar una vuelta a la historia y replantearnos, de una u otra manera, si la vía sindical es todavía válida para la participación de los anarquistas en las luchas sociales y laborales a las que nos vemos abocados en estos tiempos de desregularización salvaje de nuestras condiciones vitales. Quizá tengamos que buscar nuevas estrategias, quizá haya que incidir todavía más en las antiguas formas y modos. Tendríamos que tener todas una profunda reflexión acera

Lo que es seguro es que no se puede dejar la lucha. Viva el 1 de Mayo!

1 de mayo cuestionando el trabajo

Otro 1 de mayo, otra manifestación-paseo, después fiesta o comida con los compañeros  y mañana todo seguirá igual.
Además de no cambiar y ni siquiera reivincarlo, los sindicatos intentan justificar su existencia luchando por defender el trabajo, por defender unas horas de trabajo por tener más tiempo libre, cuando el tiempo libre no existe para la mayoría ya que lo que hay es tiempo de  recuperación para poder volver a trabajar al día siguiente.
Desde el Grupo Anarquista Apoyo Mutuo nos preguntamos ¿qué es el trabajo? ¿tiene sentido estar hoy día defendiendo esta esclavitud aunque ésta sea más mental que física? Es nuestra obligación cuestionar el trabajo y cuestionar cuales son nuestras metas. La lucha no debe centrarse exclusivamente en mejorar las condiciones laborales.
En la sociedad actual un trabajador feliz renunciará a sus derechos en favor de la empresa, no arriesgará su posición por defender a otras en peor situación, producirá más, no se cuestionará ni su trabajo ni su tiempo empleado, se creerá parte de la empresa e incluso se identificará con la empresa, lo que hará que nada cambie.
El trabajo es el instrumento más potente de control social que sirve al capitalismo para extender su dominio sobre todos los aspectos de la vida. Es un tiempo de obligado cumplimiento en el que hay alguien que se  beneficia  del tiempo dedicado por otros, tiempo durante el cual se imponen  asociaciones, tareas, jerarquías y es anulada nuestra autonomía.
La ruptura con esta mentalidad solo puede llegar a través de una crítica que permita una coherencia entre discurso y práctica. Crítica, que además, ofrezca una alternativa más satisfactoria a este modo de vida alienado. Esta crítica no puede ser otra que la crítica al trabajo como tal.
Nuestros esfuerzos deben ir encaminados hacia la creación de una conciencia de rechazo hacia el trabajo y la propiedad privada, hacia la creación de modos de vida en que no existiese la actividad “trabajo” ni la propiedad privada.

“El  trabajo es la fuente de casi toda la miseria del mundo. Casi todos los  males que puedes mencionar provienen del trabajo o de vivir en un mundo  diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de  trabajar” … “Nadie debería trabajar”

“La abolición del trabajo” de Bob Black.