Muerte a los gilipollas

Esta frase se leía en el jeep del coronel Dronne a su entrada en París, a finales de agosto de 1944. El coronel Dronne tenía mando sobre La Nueve, la compañía adscrita a la legión francesa compuesta, en su mayoría, por veteranos de la Guerra Civil Española. La mayoría anarquistas, con algunos republicanos, socialistas y algún que otro comunista. La epopeya de esta gente es bien conocida (o debería serlo), desde el exilio en África pasaron de los campos de concentración a alistarse al ejército de la llamada “Francia Libre” de De Gaulle dentro de la divisón Leclerc. La gente de La Nueve bautizó sus vehículos con nobres alegóricos a su procedencia y sus sufrimientos, así se veían blindados con nombres como “Guernica”, “Guadalajara” o “Don Quijote” (si hay dudas sobre la afiliación libertaria de buena parte de esta gente que bautizasen con el nombre del caballaero de la triste figura a uno de sus blindados debería despejarlas, pero de eso ya hablaremos otro día). Y, claro, intentaron llamar a uno de estos trastos como “Durruti”, cosa que el alto mando francés prohibió (un militar es siempre un militar, por muy francés de la francia libre que sea), así que le cambiaron el nombre por “los Pingüinos”, que es como despectivamente se les llamaba a los españoles. El más divertido, no obstante, fue este “Muerte a los Gilipollas” (aclarar que todos estos nombres estaban en francés), dedicado con indudable cariño y respeto al alto mando francés y, en general a aquellos que desde sus filas entorpecen, estorba y tocan los huevos a la gente hasta el hartazgo ya desmoralización de la tropa rasa.

Diríase que nuestros espacios siguen llenos de esos mismos gilipollas, o quizá se han reproducido hasta invadirlo todo. Gentes con más ego que capacidades, “líderes” impostados de algún «movimiento obrero/libertario» (aunque hablar de «movimiento» en cualquiera de las dos cuestiones no deja de tener su punto cínico). Su labor consiste en aplicar las buenas tácticas, evitar la decisión común del colectivo, asegurar que la “lógica” y la “racionalidad” se imponga en la estrategia común . Por supuesto, esta estrategia la definirán ellos, que para eso ejercen el liderazgo y el control, siempre el control.

Esa gente pedirá cargo, mando y control mientras pregona a los cuatro vientos la importancia de su «orientación» y «liderazgo». Nadie se lo ha pedido, ni la orientación, ni el liderazgo, ni la ascendencia sobre el grupo. Pero claro, cuando San Durruti se te aparece (ojo, que su “Durruti” se parece bastante a algún Stalin cañí) no hay más remedio que que ponerse al frente y dirigir, evitando peligrosas desviaciones “irracionales”.

Muerte a los gilipollas. O por lo menos que se metan en algún partido o algo.

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