LAS EMOCIONES EN TIEMPOS DE CRISIS

Siguiendo con el texto anterior, nos gustaría poner la atención en el tema emocional, ya que en la realidad psíquica, además de influir lo que hemos vivido, lo que condiciona muchos de nuestros comportamientos y determina muchas de nuestras conductas, son las emociones y sobre todo las emociones negativas, que son las que se potencian tanto desde nosotros mismos como por el Estado. Porque es mucho más fácil controlar a las personas potenciando su miedo, incrementando su inseguridad, aumentando la visión negativa de tal manera que aumenten tanto la angustia y la ansiedad. Así, se nos lleva a pensar que lo mejor es la seguridad que ofrece el Estado, el ejército o la religión o incluso la veneración ciega en la ciencia y la tecnología.

Es decir,  no se potencia conocerse a uno mismo o la inteligencia emocional, porque teniendo estas carencias, nunca seremos personas fuertes que podamos buscar otras realidades, que nos cuestionemos tanto a nosotros mismos como a todo lo que nos rodea o que busquemos otras formas de afrontar los problemas o las crisis.

El cómo nos enfrentamos y vivimos nuestras emociones es lo que se debería enseñar desde pequeños para poder lograr ser unas personas adultas que asuman sus emociones con responsabilidad y conociéndose a uno mismo para también saber qué es lo que nos gusta o nos hace sentir bien para lograr estar fuertes y evitar así muchas veces la manipulación emocional que entre otros el Estado aprovecha continuamente y en momentos como los que ahora estamos viviendo se hace más visible. Porque en todos los discursos de estos días se nos trata de hijos de un papá Estado que nos dice no sólo lo que tenemos que hacer sino también lo que tenemos que sentir y si alguien no siente lo mismo que nosotros (ejemplo: miedo al contagio) se le ridiculiza socialmente, se le enfrentan sus opiniones o teorías acusándole de insolidario o cospiranoico porque se extiende de una manera totalmente autoritaria que o se siente lo de la mayoría o se está frente a la mayoría.

Por eso quiero dejar en el aire la pregunta:

¿Sentimos nosotros o sienten por nosotros?

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