LA importancia del CUERPO Y MOVIMIENTO. en la Educación Infantil

”Ser testigo y, al mismo tiempo, participante activo del instante maravilloso en que un niño pequeño se abre al mundo, cuando sin pensarlo, sin saberlo siquiera, extiende su mano y se aferra a los dedos del otro que lo mira tiernamente, asombrado, y que a su vez le brinda su propia mano para iniciar el camino, es, creo, la experiencia más intensa, más significativa de la vida humana”.

(MYRTHA CHOKLER)

En gran medida somos lo que somos hoy por lo que fuimos y nos dejaron ser en nuestra primera infancia. La evolución del niño y la niña en sus primeros seis años es fundamental, hasta el punto de marcar, para bien o para mal, su posterior desarrollo y desenvolvimiento como persona a lo largo de su vida.

La educación infantil de cero a seis años debería considerarse, por lo tanto, como una etapa educativa esencial –educativa, repito, y no meramente asistencial- puesto que es entonces cuando se forjan los cimientos sobre los que nos construimos progresivamente como personas. Y todos sabemos lo importantes que son los cimientos a la hora de construir algo…

Por ello, la escuela debe plantearse la finalidad de enseñar a pensar y enseñar a vivir y desechar el aprendizaje curricular.

Estos aprendizajes curriculares fuerzan un pensamiento único, tanto mental como físico, exigiendo un mismo ritmo de aprendizaje sin respetar la evolución y desarrollo personal, mental y emocional de cada uno/a de los/as niños/as, dándose así en las siguientes eras académicas el dichoso fracaso escolar. “ A cada uno según sus necesidades, de cada uno según su capacidad” (Proudhon)

En estos últimos años, uno de los aspectos más significativos y relevantes en la concepción de la educación infantil gira en torno al reconocimiento del niño/a como sujeto desde el mismo momento de su nacimiento. Esto supone reconocerle una identidad propia, así como defender el respeto a sus características individuales y su realidad concreta. Pero este respeto debe ir acompañado también del reconocimiento de su derecho a recibir una atención adecuada a sus necesidades básicas, tanto biológicas como cognitivas, emocionales, psicomotoras y sociales. Por ello hay que proporcionar al niño el máximo de oportunidades para adquirir la gama más variada de experiencias ligadas a esas necesidades.

El desarrollo de cada niño va a depender tanto de factores genéticos propios como de la influencia del ambiente en el que vive. Eso hace que, dentro de unos parámetros, cada niño y niña se desarrolle a su propio ritmo que, por supuesto, hay que respetar.

Todo ello nos lleva a defender la necesidad de partir de metodologías globalizadoras que favorezcan un acercamiento activo por parte del niño a la realidad en la que vive. La actividad se torna imprescindible, tanto para el desarrollo físico y psicomotor, como para la construcción del conocimiento. Por lo tanto, en la educación infantil se deben potenciar situaciones y actitudes que permitan a las niñas y niños de estas edades desarrollar sus capacidades de observar, explorar, manipular y experimentar. A veces nos sorprende –incluso molesta- esa tendencia de los pequeños a querer cogerlo todo; a tocar, a probar…Pero es que es su forma de aprender; sólo de este modo podrán ir conociendo y podrán adaptarse a la realidad física y social que les rodea.

En este sentido, la dimensión psicomotriz es un pilar fundamental del desarrollo y, por lo tanto, debe tener el protagonismo que se merece en una educación infantil de calidad. Especialmente en esta etapa de cero a seis años, es cuando el movimiento tiene una incidencia más elevada en todo el desarrollo global infantil. De hecho, es imposible desligar el desarrollo motor del resto de las áreas. El cuerpo es el medio que, desde los primeros momentos de nuestra vida, nos permite ir descubriendo lo que nos rodea; de la misma manera es también nuestro primer vehículo de expresión. El movimiento es la primera forma, y la más básica, de comunicación humana con el medio.

 

El niño se comunica con los demás a partir del movimiento; con él expresa sus necesidades, deseos, estados de ánimo,..; con él se desplaza, manipula, actúa e interactúa. A partir de la acción, de las conductas exploratorias, irá consiguiendo desarrollar también sus capacidades intelectuales.

 

Además, debemos valorar la importancia del movimiento en el niño como medio de acceso a un mayor número de experiencias que le irán permitiendo progresivamente una cierta autonomía con respecto al adulto, con las consiguientes consecuencias positivas para su auto concepto y su autoestima.

 

Todo lo planteado hasta ahora nos lleva a defender el papel de la EXPERIMENTACIÓN en la educación infantil. Como disciplina, en su vertiente más teórica, estudia y explica cómo la persona es un ser global, una unidad psicosomática (mente y cuerpo), que implica aspectos motores y psicológicos, y que se expresa a través del cuerpo y el movimiento. Su finalidad principal es el desarrollo de las competencias motrices, cognitivas, socioafectivas y comunicativas, todas ellas en continua interacción.

El experimentar es todo lo contrario a ofrecer saberes finalizados o dar respuestas con libros de textos o una clase magistral unidireccional del profesorado.

La experimentación es la vivencia de cada uno/a de los niños/as, es partir de un camino con los conocimientos y capacidades que ya tiene interiorizados.

De esta manera podemos construir nuestros propias herramientas para tener nuevos conocimientos, resolver conflictos e ir eligiendo la vida que podemos tener.

El vivenciar el aprendizaje de forma activa nos ayuda a experimentar con todo el cuerpo junto con la mente, no como actualmente en el sistema educativo que solo se presta atención a la mente ya que se reduce todo a los libros de texto, exámenes para memorizar….En la experimentación se fomenta aspectos como la autoestima, el respeto, la cooperación, la empatía, la frustración y los sentimientos.

La Psicomotricidad, por ello también es muy importante en esta etapa, o música y movimiento, en su vertiente de técnica aplicada o de intervención educativa presenta dos corrientes o modelos: la psicomotricidad dirigida y la psicomotricidad vivenciada. La primera se centra más en los aspectos motores y cognitivos a partir de ejercicios y actividades dirigidas por el psicomotricista o educadora. La psicomotricidad vivenciada, por su parte, pone su énfasis en los aspectos socioafectivos, trabajando más a partir de la actividad espontánea del niño.

En realidad, elegir una metodología u otra es algo que debe responder, por coherencia, a la concepción sobre educación de la que partamos y al papel que creamos que tiene el propio niño o niña en su proceso de desarrollo y aprendizaje. Lo mismo ocurre a la hora de elegir una metodología para trabajar en el aula. No nos engañemos: elegir una metodología u otra tiene sus consecuencias. Por ello no nos debería dar lo mismo que se empleen unas u otras…

Particularmente creo que la educación infantil debe atender la necesidad y el deseo de aprender del niño, no sólo aceptando su actividad, sino valorándola y estimulándola. Esto supone reconocer al niño y la niña como seres activos y auténticos protagonistas de su proceso de desarrollo, dando una importancia muy especial a los aspectos emocionales y afectivos. Debemos plantearnos metodologías que partan de la acción, del movimiento, de la vivencia del cuerpo, para conseguir el desarrollo de su personalidad global, un tipo de pensamiento cada vez más elaborado y una forma de comunicación más rica y expresiva. En definitiva, el reto está en encontrar la manera de atender y acompañar al niño en esta etapa para que sea agente activo en la adquisición del conocimiento de sí mismo y de lo que le rodea, y para que acceda, con placer, a la conquista de su propia autonomía. Y la Psicomotricidad puede ser –debería ser-  un medio fundamental en dicho proceso.

Desde una postura libertaria defendemos una educación cuyo objetivo es conseguir un mundo justo, igualitario y feliz ( una sonrisa es el mejor medicamento y más eficaz para afrontar este mundo de oscuridades, y nunca se ofrece en las escuelas).

Tenemos que mejorar la vida presente para que asiente las bases de un futuro mejor.

La escuela debe ser algo dinámico, flexible y que evolucione adaptándose a los tiempos que vivimos y sobre  todo a las personas que pasan por ella, buscando el bien universal y común de la sociedad que creamos y creemos juntos/as.

En el mundo educativo, lo importante debe ser la investigación constante, que sea cambiante ya que tratamos con personas diferentes todos los días y que provienen de procesos sociales distintos, por lo que no tenemos que buscar “métodos guías”, sino realizar estudio, formación, reflexión, compromiso y esfuerzo de cada uno/a de los educadores, maestros/as y/o acompañantes de la educación.

Por eso, es importante que el Anarquismo lo veamos como una forma de vida a compartir y no como una doctrina.

Madres, padres, educadores, maestros/as , acompañantes y todos aquellos que participamos en la educación de nuestros niños y niñas tenemos el privilegio de compartir con ellos todo este camino y acompañarles en esta apasionante aventura que es crecer

Buenas,
Se me olvidó meter la bibliografía del artículo

“Dejarnos aprender”
Reflexiones desde la pedagogía libertaria
Manuel Rodriguez ” Txelu”
Ed. Volapük

“25 años de educación libertaria”
Colectivo Paideia
Ed. Villakañeras

Por meterlo al final.

Salud