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El despertador

Suena el despertador. No hago caso. Suena el despertador. ¿Donde estará el puto móvil? Anoche lo deje en… ¡aquí suena! A ver no se me caiga, que estos trastos cuestan una pasta…vale, apago la alarma y me dispongo a volver a la cama, porque hoy es Sábado, ¿verdad? No, hoy es Viernes. ¿Seguro? ¿Hoy no es Sábado? ¡Que No! ¡Que es Viernes!. ¡Joder! Pues tendré que levantarme a trabajar.

La vida es una mierda, y encima trabajas. Por lo menos es viernes y hoy terminamos antes. Están los compañeros desatados estos días. Lo se porque por la mañana veo que se intercambian emails a las 8, 9 y hasta las 10 de la noche (22 horas).

¿Pero a esta gente que le pasa? Si ya es absurdo trabajar en horario normal no te digo nada lo que supone estar delante del ordenador a las 22 horas mientras tu pareja (o tus churumbeles) te grita desde la cocina que la cena ya esta lista y que te toca poner la mesa (capullo).

Que puede que un día tengas una urgencia y el mundo se pare si no realizas una “intervención”. Pero es que estas haciendo otras cosas y las haces todos los putos días. Y lo peor no es eso. Lo peor es que luego los jefes se creen que pueden pedirnos a las personas normales tener esa misma responsabilidad y compromiso corporativo. Y ahí ya estas jodiendo al resto.

Una cosa es que seas imbécil y te creas dueño de la empresa (que es tu puto problema, aquí tampoco vamos a solucionar tus problemas cognitivos) y otra muy distinta es que por tu irresponsabilidad y falta de conciencia me crees un conflicto con el jefe y que se crea que podemos estar disponibles para currar fuera del horario.

Al hacer horas extras no solo estás quitando curro a alguien, como se dice en ciertas campañas de sindicatos que se dicen anarquistas (otro día hablamos de por qué un sindicato nunca puede ser anarquista, da para libro). También estas dando mal ejemplo a tus compañeros y asentando situaciones que van en contra de los derechos de tus compañeros. O sea, que no solo estas siendo idiota. También estas siendo egoísta, insolidario y, además, capullo. ¡No se curra fuera de horario! Que la vida es corta para perderla trabajando.

el alcalde y la bandera

El ayuntamiento de Madrid ha decidido que este año habrá luces de Navidad.

Normalmente esto no sería noticia, ya que es algo que se hace todos los años y lo normal es que cada año sea más hortera que el anterior (da igual donde vivas y el color de tu ayuntamiento, son una horterada nivel hombreras con brillantina), pero dado que este año es muy probable que vivamos las fiestas de Saturnalia/Navidad/Solsticio/Oloquecoñosea en la más estricta intimidad y sin salir de casa parece un gasto, quizá, poco oportuno.

Al margen de la cantidad (que será alta, estas mierdas cuestan más que llevar el Ave a la Meca) también esta el detalle en una situación de emergencia económica con cada vez más gente al borde de la pobreza. Que ponerse a mirar lo de la situación de lo que ahora llamamos “población vulnerable” y antes eran simplemente “pobres” debe ser cansado.

Pero lo que la ha liado de verdad (al fin y al cabo Madrid no es la única ciudad que pone lucecitas) es que la luminaria festiva incluye una franja con la bandera (de España, se entiende) de lucecitas en todo lo que viene siendo el eje de Prado/Recoletos. Cuentan que entre la plaza de Neptuno y la de Colón (ese ser), habitual lugar de perfomances “no-fascistoides-y-nada-nacionalistas” en estos tiempos.

¿Hortera? Un montón. Como todos los años, claro. ¿Patético? Bueno, cada uno con sus fetiches y hay quien se emociona ante la visión de de un trapo de ciertos colores, una cruz con un tipo colgado dentro y esas cosas. También los hay que pondrían una decoración a base de calaveras, tachuelas y demás parafernalia de cuero y cadenas, pero no suelen llegar a la alcaldía. Lo que es una pena, la verdad.

Resulta enternecedor ver como gentes que han llegado calles, plazas y cabezas de banderitas, lacitos y demás simbología nacional ahora salgan a criticar la medida del ínclito alcalde de Madrid, como si no supieran lo que es jugar a las banderitas y al control de masas (con diversa suerte).

Y los que ahora hablan de “la bandera de todos los españoles” y de lo legítimo de exhibirla en el espacio público (aunque sea una exhibición tan poco navideña) ayer se quejaban de tener las calles inundadas de banderitas, lacitos y demostraciones de patriotismo. De otro distinto al propio, claro.

Los políticos y sus cosas. Me envuelvo en mi bandera, lloro por mi sufrimiento y te señalo la tuya y lo tuyo.

Los nacionalismos son así. No se reconocen como tales, tienden al fascismo tanto como al ridículo y, si se les deja, crean un clima irrespirable para los que nos importa una mierda el color de tu puta bandera (o para los que les importa pero resulta que no es esa), que además la sacas para tapar tus miserias y para separar y enfrentar a unas gentes contra otras, aunque me insistas en que eso no es verdad y que tu bandera nos representa a todos nosotros. Pues vale.

Hay que estar atentos a estas cosas y al peligro intrínseco que tienen estas cosas porque algunos seremos siempre de “los otros”, los que no somos “pueblo”, los que seremos herejes de cualquier fe.

Es indiferente cual es la banderita que te emociona (la española, ya sea monárquica o republicana, la catalana, la Ikurriña, la Francesa, la Union Jack o la de Mongolia) por mi te la puedes meter por donde no te quepa.

Y sí, gastarte la pasta en exhibir los valores patrios es de ayuntamiento fachorro. Pero que los primeros que lo señalen sean unos tipos que previamente han hecho lo mismo con otra también es bastante sonrojante.

democracias y consensos

Democracia divino tesoro
Es la palabra comodín, el santo y seña

(Habeas Corpus. “Democracia divino tesoro”)

Democracia. Constitución. Consenso. Ciudadanía. Con cuatro palabras (o derivadas) hoy día se construye un discurso político. Lo siento, el nivel está así de lamentable. Da igual de lo que se este hablando, de lo burro (xenófobo, racista, autoritario) que sea el fondo (o el todo) del mensaje a transmitir. Si en medio se cuenta que se hace en nombre de “la democracia”, atendiendo al “Consenso Constitucional” y por el bien de “la Ciudadanía y nuestros valores Democráticos”…pues, oye, cuela y nos la comemos con patatas y en pepitoria.

En los baños más sórdidos del congreso está escrito: la ciudadanía traga.

Se me olvidaba, a todo esto, que a veces se cambia “constitución” por la expresión tipoRégimen de Libertades” (viene a ser lo mismo, pero es una expresión que me encanta, por lo absurdo e irónico que tiene, especialmente en boca de un político). Lo del “Régimen de Libertades” se comenta, sobre todo, cuando, de alguna torticera manera, van a restringirse las, pues eso, las libertades.

O sea, que estas palabrejas, en realidad, están vacías de contenido (o al menos de su contenido original, en estos tiempos el significado de las palabras muta de discurso en discurso y de momento a momento) y su inclusión en nuestro vocabulario suponen un mero adorno gramatical para disimular lo que se está diciendo. O lo que se está queriendo no decir, no se si se me entiende.

Se procura cambiar la percepción que se tiene de otras palabrejas si acaso se necesita que tengan que ser aceptada acríticamente (pista: todo lo debes aceptar acríticamente. Sí, aquello otro también. Es lo justo, lo democrático, lo Constitucional).

Por ilustrarnos, vemos en un telediario dedicar un corte entero para explicar que “toque de queda” es una expresión que suena “demasiado dura” porque solo se había aplicado (hasta ahora) en casos de guerra (aquí me imagino a un payaso chocando los platillos). Y es que resulta que el toque de queda es una medida que se aplica, sobre todo, en caso de guerra y por eso nos parece una medida muy “militar”. Así que hay quien al toque de queda lo está llamando “restricción nocturna de movilidad”, que suena como mucho más cuqui que eso del “toque de queda”, que suena a esos sitios donde los Ford Falcon negros se pasean por las calles en la noche.

Son geniales. Orwell estaría orgulloso. Cualquier día retiran los fusilamientos del 3 de mayo del Museo del Prado porque dan “una imagen distorsionada” de lo que viene siendo un “fusilamiento Democrático dentro de nuestro Consenso Constitucional en el Régimen de Libertades que nos ha sido dado“. Claro, que Orwell creía que lo que escribía era ficción y no un tratado para tiranos.

Son tiempos orwellianos, de “doblepensar”, de neolenguaje, de posverdad (o como se diga). De retorcer el lenguaje para decir lo que no se dice. Y nos toca aprender a distinguir entre lo que nos dicen y lo que realmente nos están diciendo. Buena suerte y ojo a quien te hable de “democracia”, seguro te está engañando.

De camino al curro

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Vamos enfilado Fátima. A ver si arranca pronto el portátil y puedo echarme una siesta.

Elogio de la Propaganda

Estos días todos denostamos la propaganda en la que se han metido los distintos gobiernos del territorio. Unos con más habilidad que otros, unos más divertidos que otros, todos intentan colarnos su relato y “liderar” el cuento, acerca de lo que está ocurriendo y, sobre todo, lo que vamos a vivir en los próximos años. Y el por qué. Mientras, los de abajo despotricamos contra toda esta invasión propagandística por parte de las altas instancias del Estado (central, autonómico, municipal, “periodístico”…) tildando las informaciones de pura propaganda política, con todo el desprecio del mundo.

Y no tenemos razón, al menos en lo que es la propaganda en sí misma y su utilidad en el debate político. Hemos olvidado el valor, utilidad y servicio que la propaganda puede dar a la difusión de nuestras ideas y plantear debate. De hecho, en vez de despreciar tanto las alocuciones y desbarres de cierta derecha ultramontana (fascista? Medieval? Son más hijos de Torquemada que de Mussolini, yo diría) deberíamos analizar las formas y modos en las que con sencillas ideas clave consiguen llevar el debate hacia el sitio que les conviene y se sienten cómodos. Esta ultraderecha ha conseguido lo que parecía más difícil en gente que admira a personajes de la calaña de Millan Astray o Blas de Lezo (esa admiración por gente que va perdiendo partes de sí mismo por ahí tiene que tener alguna implicación psicológica, y no muy favorable): conectar. Consiguen que determinado tipo de gentes, no necesariamente hijas del Barrio de Salamanca conecten y empaticen con ellos. Y esto puede darnos miedo, pero no es para despreciarlo sin más.

La propaganda siempre se ha usado en el contexto político. Algunos de los referentes más importantes del anarquismo eran, en realidad, grandes propagandistas de nuestras ideas (de La Idea). Emma Goldman, Alexander Berckman, Louise Mitchel, Anselmo Lorenzo, Sebastien Foure, etc, dedicaron buena parte de su obra a labores propagandísticas. O no es verdad que los ciclos de conferencias que hacían no se correspondían con el interés por difundir La Idea? Obras como el “ABC del Comunismo Libertario” de Berkman o los famosos diálogos ficticios que se preparaba el gran Malatesta, no son sino obras de propaganda. Y son, desde nuestro punto de vida, una maravilla muy recomendable para cualquiera que quiera acercarse a comprender y asimilar las ideas anarquistas.

El problema no es, de ninguna manera, la propaganda en sí misma. Ocurre que si tus ideas son una mierda tu propaganda irá en ese sentido y resultará una exaltación del racismo, la xenofobia y el militarismo. Pero lo problemático no es que se haga propaganda, sino más bien que tus ideas son una mierda y se reflejan en tu mierda de propaganda.

En el mundo anarquista nos conviene empezar a aprender algunas lecciones de nuestros enemigos y empezar a diseñar mejor nuestra propaganda. No podemos seguir dirigiéndonos a nosotros mismos (de verdad, yo ya estoy convencido, no hay que insistir), tenemos que empezar a plantear nuestras posiciones a la población en general y articular nuestro discurso de manera que sea inteligible para la gente en general, anarquistas o no. Especialmente debemos pensar si no son cercanos o no han tenido contacto con las ideas libertarias (por cierto, “libertario” es un hallazgo genial del anarquismo francés), que puedan entender lo que queremos decir. Dejemos de quejarnos de la propaganda de los demás y hagamos que la nuestras sea buena.

Teletrabajo y ERTE. La tormenta perfecta.

Durante la crisis Covid19, una innumerable cantidad de personas trabajadoras han sido enviadas a teletrabajar a sus casas. La causa es de todos/as bien conocida, promover el distanciamiento social para evitar el contagio y transmisión del virus. Se trata de una medida de prevención sanitaria que obliga a empresas a modificar el modelo de organizativo y productivo y a quienes en ellas trabajan a modificar sus hábitos y costumbres.

Por otro lado, se han producido un elevadísimo número de ERTEs que en muchas ocasiones se ha solapado con la nueva situación de teletrabajo.

Hoy entrevistamos, vía teleconferencia (el presupuesto nos da para eso, estamos que lo tiramos) a uno que le gusta ir de tertuliano televisivo al que llamaremos Inexperto-1 y otro que dice ser un currito al que llamaremos Inexperto-2 (no nos da para mas, lo expertos se los lleva todos La Sexta), para que nos resuelva las dudas que nos surgen a este respecto. Transcribimos el resultado de tan interesante charla.

Pregunta: ¿Estábamos preparados para esta nueva situación?

Inexperto-2: Pues no se el resto, pero ya te digo que en mi curro, no. Llevan años hablando de “teletrabajo”, “conciliación” y demás mierdas (perdón) sandeces y se han vuelto locos para encontrar equipos para que la gente que tenía que teletrabajar “obligatoriamente” tuviese un equipo disponible en su casa con conexión a Internet y salida hacia los servidores del curro. Por cierto, que se, que a gente le han “sugerido” aportar su propio portátil y del gasto del ADSL de cada uno ni se ha oído hablar. Preparados, algunos lo han sacado porque los equipos de sistemas se han dejado los cuernos y han podido improvisar a destajo soluciones que NADIE había previsto. Seguramente en las empresas más grandes fuese distinto, pero las medianas/pequeñas estaban en general tan preparadas para teletrabajar como para mandar un cohete a la luna.

Inexperto-1: Pues no te sabría decir. Uno esta preparado para algo, cuando espera o prevé que suceda. Y vista la experiencia, en unos casos se ha realizado de manera caótica, lo que ha supuesto tener que improvisar y reinventarse, en palabra de algunos CEO. En otros, no ha sido ni mucho menos traumático, pues ya disponían de la estructura, digamos que estaban preparados, para llevarlo a cabo, pese a no hacer apenas uso de ella antes de esta situación.

Pregunta: Esas empresas que tenían preparada la estructura ¿Estaban esperando que esto sucediese?

Inexperto-1: Nadie, creo yo,esperaba la aparición de un virus así. Ahora bien ¿si lo que me preguntas es, si esperaban a una situación, que bajo determinados factores supusiesen un pistoletazo de salida para realizar un cambio de modelo organizativo y productivo? Pues como persona normal, no lo se. Pero ahí queda la duda.

Inexperto-2: pues no. ¿Quién puede imaginarse que un día tienes que mandar a toda la gente a su casa? En eso, hay que decirlo, no podía estar nadie preparado.

Pregunta: Si las empresas no esperaban que esto sucediese, entonces ¿por qué, si había empresas que estaban preparadas para teletrabajar, no lo hacían?

Inexperto-1: Ninguna empresa invierte dinero y esfuerzo en algo de lo que no espere sacar beneficio económico, y dedicar inversiones a prepararse para cambiar el modelo de trabajo presencial por el teletrabajo, no habrá sido, supongo, por una mera cuestión decorativa. A tu pregunta, solo se me ocurre pensar que cambiar radicalmente de modelo, puede provocar desequilibrios productivos, y en un sistema en donde la competencia es un factor fundamental, hacer de manera individual ese cambio de forma radical, puede suponer una apuesta arriesgada frente a tu competencia.

Inexperto-2: Y porque son unos cabrones…les gusta tenerte en la oficina porque desde allí se te puede putear en directo, que es mucho más efectivo que tele-joderte.

Pregunta: Pero ya había empresas que apostaban fuerte por el teletrabajo. Vamos que ya lo estaba realizando.

Inexperto-1: Si, es cierto. Habría que analizar caso por caso, pero a nivel general, y hablo de los casos que mas o menos conozco, que son empresas tecnológicas o grandes compañías, el teletrabajo que se desarrolla convive con el presencial. Además solo se había implementado en determinados departamentos o lineas productivas y en muchos de los casos ese teletrabajo consiste mas, en lo que siempre se ha denominado el “llevarme el trabajo a casa”.

Inexperto-2: Bueno, en algunos casos se hacía por una cuestión de “conciliación”, durante determinados periodos y para una parte muy pequeña de la plantilla. Muchas veces para poder decir que “fomentaban” el teletrabajo y la “conciliación”. De hecho hay empresas en las que estas cosas se hacen para que “ya que tienes el pc en casa pues este sábado puedes realizar tal o cual tarea” (ya te la pagarán en abrazos). Creo que han tenido la suerte de que una medida que concebían como “de relaciones públicas” ha sido clave para una situación como la que ahora vivimos. De hecho hay jefes (capataces) que quieren que vuelvan sus esclavos, que no rinden igual en casa que en la ofi.

Pregunta: Actualmente hay infinidad de puestos de trabajo que realizamos sentados con algún dispositivo electrónico (PC, portátil, tablet, smartphone…) ¿Tanta diferencia hay entre trabajar sentado en una oficina o hacer lo mismo en tu casa?

Inexperto-1: Mucha. La RAE define empresa como “Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. La diferencia fundamental entre el trabajo presencial y el teletrabajo radica en que el modelo organizativo y productivo cambia radicalmente y es aquí donde surgen los dos principales puntos de conflicto.

Inexerto-2: Lo que quiere decir mi compañero es que ahora para amenazarte hay que dejar un rastro electrónico que antes con una conversación “amistosa”, por supuesto, en la máquina de café ya te dejaba las cosas claras de tu futuro laboral (en el SEPE).

Pregunta: ¿Por qué surgen estos puntos de conflicto?

Inexperto-1: Los principales atractivos, para una empresa, que tiene el trabajo presencial, son la facilidad para controlar el cumplimiento de horarios y dedicación de sus empleados/as y mas en un país como España donde se esta tan arraigado el síndrome laboral de la “presencialidad”. Quizás sea esa una de las causas por las que hasta ahora no se encontraba mas implantado el modelo de teletrabajo.

Por otro lado, las empresas que si han apostado por esta modalidad, no lo han hecho por facilitar la conciliación de sus empleados con su vida personal, sino que les han motivado más, razones de mejora de la productividad, pues les supone una reducción del espacio físico (oficinas, mobiliario, pluses de comedor, transporte…) y han considerado que el tiempo que el/la trabajador/a se ahorra en desplazamiento y la ausencia de un control de fichaje, supone una desregularización de los tiempos de trabajo, que aprovechan para sobrecargar de tareas a el/la trabajador/a .Hablamos de aquellas empresas que llevan tiempo implantando este modelo, pues en aquellas empresas que apenas han desarrollado este modelo y se han visto “obligadas” a aplicarlo, las consecuencias han podido ser mas conflictivas pues ha supuesto una sobrecarga de tareas derivadas de la falta de adaptación al nuevo medio.

Inexperto-2: yo creo que mis jefes, por ejemplo, están divididos entre lo que mola ahorrarte el gasto de luz, teléfono, mobiliario, mantenimiento que supone tenernos allí, además de todo el rollo de que tienes a la gente en casa con conexión permanente con la empresa para lo que haga falta y la falta de control efectivo sobre nuestras personas. Es decir, en tu casa te organizas como quieres (o puedes, claro, porque con 2 o 3 críos pululando a tu alrededor tu capacidad de organización es distinta. Eso sí, las teleconferencias se hacen muy divertidas a ratos con ese chaval pidiendo la merienda por la webcam).

Pregunta: ¿Parece entonces que la solución pasaría por hacer una nueva regulación de este nuevo modelo para permitir a el/la trabajador/a que recupere para sí?

Inexperto-1: ¿Tú cree? El objetivo de quienes son propietarios de las empresas y quienes en ellas sirven desde puestos de dirección y mando, es ganar dinero y obtener beneficios, y los salarios y los costes de las mejoras sociales son considerados un gasto que reduce el beneficio.

Las fuertes luchas obreras y sociales se produjeron en momentos en donde las personas trabajaban y vivían juntas, pues tenían capacidad para organizarse y perseguir juntas un mismo objetivo. Esa fue su fuerza. Las empresas son conscientes de su debilidad ante esa situación fueron modificando su modelo productivo desde mediados del siglo XX atomizando la unidad productiva e inculcando un modelo de beneficios individuales con salarios y condiciones contractuales individualizadas que les ha reportado buenos resultados minimizando la conflictividad social y laboral que les ha permitido revertir sutilmente y poco a poco ciertas mejoras y condiciones. ¿Que fuerza va a tener, con esta nueva situación, el colectivo de trabajadores/as para forzar a las empresas a reducir beneficios a cambio de mejoras para sus empleados/as?

Inexperto-2: Lo que hace falta es que se cumpla la que ya tenemos, y luego hablamos de si hay que hacer otra. Claro que para eso haría falta que fuésemos conscientes de que, por más que trabajemos con maquinitas y hagamos braindins raros y demás mierdas nuestras relaciones siguen siendo las mismas. Antes la gente ya se dejaba pisar tranquilamente sin necesidad de teletrabajar. Ahora por lo menos no tengo que verle el jeto al puto lameculos que no hace una huelga ni aunque le de su jefe de latigazos, y eso a mi estómago le hace bien.

Pregunta: El teletrabajo es, entonces¿Una liberación o un nuevo modelo de (auto)explotación?

Inexperto-2: Creo que es lo mismo de siempre, ni una cosa ni la otra. Eso sí, me estoy ahorrando la hora y media de viaje de todos los días para llegar al curro. Lo importante es que tengas claro que cuando termina tu jornada se apaga el cacharro y te vas a hacer tus cosas. No todo el mundo lo tiene claro, es evidente

Pregunta: Permite flexibilizar horarios ¿a la empresa o a quien teletrabaja?

Inexperto-2: Bueno, eso ya ocurría. Lo más que te beneficia al trabajador es la cuestión del transporte. Y no ver a tu jefe dando por saco todos los días. Por otra parte, tienes tu trabajo a golpe de ratón en un ordenador en la cómoda de tu habitación. O sea, que corres el riesgo de acabar currando gratis a cuenta de “tu responsabilidad con el proyecto”.

Nos despedimos por ahora, esperando que nuestros inexpertos tengan un buen día.

El Candidato

El candidato me miraba desde el cartel electoral, aquella noche de mayo en la que esperaba en la parada mi bus para llegar, por fin, a casa. La débil luz de las farolas, de un tono anaranjado apagado, hacían que me fuese difícil distinguir exactamente las facciones del candidato en aquella solitaria calle a esas horas de la noche. Sólo veía esa sonrisa.

Me sonreía, con esa sonrisa brutal y despiadada tan característica de estos personajes. Una sonrisa propia de quien sabe lo que te conviene. Me ponía nervioso esa mirada estampada en el papel couche del cartel. Parecía mirarme. Me moví hacia otro punto de la parada, fuera de la marquesina tal vez dejara de sentirme observado. Pero una vez me coloqué fuera de la marquesina, no demasiado lejos por si llegaba el bus, me di cuenta de que seguía mirándome. Como esos cuadros que hay en el Prado, que mires el retrato desde donde lo mires el personaje te sigue observando. Pero esto era algo diferente. Su sonrisa parecía haberse ampliado, mostrando sus dientes perfectamente blancos, alineados y cuadrados. Amenazantes. Era la sonrisa de una fiera a punto de saltar sobre su presa.

Miré a mi alrededor. La calle, aunque de doble sentido, era relativamente estrecha. Enfrente podía ver la marquesina de la parada de enfrente, la que lleva los autobuses de vuelta al centro de la ciudad. Había en ella otro cartel electoral, de otro partido distinto. En las farolas de la calle había más carteles de otros partidos, y ninguna luz en las casas delos edificios de la calle. Ya era tarde, pero es extraño que no hubiese nadie despierto, viendo la tele o algo así. Era como si en esa calle no viviese nadie.

No tenía escapatoria, observé el cartel de la parada de enfrente. Otro candidato mirándome, sonriendo con la misma sonrisa despiadada, de quien ha pasado la vida mordiendo yugulares y pisando cuellos (y rindiendo pleitesía cuando toca). Distintos ojos, algunas canas más, pero la misma mirada sin alma. Levante la vista, tal vez la luna me infundiría algo de valor, mi mirada se cruzó con la imagen que se veía en el cartel colgado de la farola, de un tercer candidato. El cartel se balanceaba ligeramente con el viento, pero podía apreciar perfectamente la mirada y la sonrisa del candidato. Un color distinto, otras siglas, otra cara. La misma sonrisa, la misma mirada. Y el mismo mensaje: vótame o iré a buscarte.

Tengo la sensación de ser la presa disputada por una jauría de fieras. En cualquier momento el más cercano sacará la mano del cartel y me agarrará, para convencerme y vaciarme por dentro. Los demás candidatos, perdida su oportunidad, llorarán por no tener su presa, pero estarán satisfechos, cómplices de la nueva captura.

Ya llega el bus, el número de línea en el frontal, iluminado en un amarillo más brillante que he visto nunca (o eso me parece) me hace soltar un suspiro de alivio. Subo al autobús y pico mi billete. El conductor, un hombre ya entrado en la cincuentena, encorvado sobre el volante y algo desaliñado, tras una jornada completa a punto de terminar, arranca según escucha el clinc de mi billete. Miro a la marquesina y el candidato me sigue mirando. Me parece que ya no sonríe.

Manual de manipulación de asambleas. Vol. I

¡Hola, joven manipulador! ¿Te gusta llevarte el ascua a tu sardina? Te pirras por demostrar al mundo que eres un líder carismático al nivel de Durruti, Ascaso o Montseny?

Pero resulta que te has metido en una organización abierta, horizontal y asamblearia. O quizá te falta carisma para imponerte al resto. ¡No te frustres! Desde la asamblea también se puede hacer el mal e imponer jerarquías, si sabes como manipularla.

Lo primero de todo es que pregones a todo el mundo tu amor por la asamblea que decide lo adecuado, no como otras que no están bien dirigidas. Recuerda que nadie puede dudar de tu compromiso con la causa: seras el niño en la comunión, la novia en la boda, el muerto en el entierro. En la asamblea la voz principal. O tomador de actas, por si todo sale mal poder dulcificar tu derrota, y si sale bien silenciar la disidencia (en toda asamblea siempre cae un(a) jodid@ anarquista con argumentos y ganas de consensos…¡pesadas son!).

Para manipular una asamblea se precisa método, constancia (ser cansino), amigos (para poder copar al enemigo) y buena voz. Hay que gritar e intimidar. Práctica en el espejo tu mejor cara de indignación para, llegado el momento, expresar lo inadecuado de los acuerdos que se pretenden tomar sin tu permiso (o sabio consejo).

Las técnicas básicas de manipulación serian:

1. Copar la asamblea. Básicamente consiste en llevarte los suficientes acólitos que te permitan copar a la disidencia con gritos, lamentos y, al final, sus votos. Recuerda la máxima: si tienes suficientes papagayos puedes terminar cualquier conflicto con un: “venga, vamos a votar”.

2. Gritar muy fuerte. E indignadísimo. Si consigues que se te hinche la vena de la frente y te pones rojo “estalino”, mejor. Así intimidas y acojonas a cualquiera que se atreva a contradecirte. Aquí gana el que más grita.

3. Pasilleo. Hay que procurar que el grueso de tu gente (tus papagayos y gente con criterios pero manipulables) sepa lo que tiene que decir, y si puede ser cuando tiene que decirlo (los tiempos son importantes). Si consigues que cuchicheen y se rían cuando habla el enemigo mucho mejor. Necesitas que tu postura sea la preeminente, y eso en una asamblea no preparada no se consigue. !¡Prepara a tu gente,alma de cántaro!

4. Prepara tu discurso. Documenta las debilidades del enemigo y, si falla todo, apela a los sentimientos, si hace falta llora en público. Los grandes líderes saben echar su lagrimilla cuando toca.


5. Si falla todo, siempre puedes elaborar unas actas imaginativas. Con buena prosa lo rojo es negro y el si es “quizá, o bueno, pero no”. Recuerda hacerte cargo de las actas. Además, presentarte voluntario a realizar tareas te dará buena fama.

Estas técnicas se pueden y se deben usar en conjunto. ¡No dejes tu asamblea sin manipular!

Todas estas técnicas han sido debidamente probadas en organizaciones probadamente horizontales.

Sobre los procesos re(des)organizativos en CNT Madrid

El 27 de Octubre de 2018, en convulso pleno, la CNT decidió desfederar a la Federación Local de Madrid. Y en su decisión incluía el veto a volver a afiliarse a aquellos ex-miembros que en el momento de la expulsión (hay quien dice que una desfederación no es una expulsión, pero a mi me gusta el diccionario de sinónimos: se expulsó a toda la Federación Local, incluida la parte que pidió la desfederación) militaran en el sindicato de Oficios Varios (el SOV, para entendernos). La decisión, por controvertida y discutible, no es objeto de este escrito (tan poco el muy discutible sistema de reorganización del sindicato en Madrid, que da para libro). Cada organización tiene perfecto derecho a autoinmolarse según sus gustos y preferencias. En CNT gusta la desfederación compulsiva de “insensatos”. Pero sí merece la pena entretenerse un poco en el proceso que lleva a una resolución tan drástica para dar salida a un viejo conflicto de lucha de poderes. Por si interesara a alguien no repetirlo.
La antigua Federación Local de Sindicatos de Madrid era un ente profundamente disfuncional. Con dos colectivos claramente enfrentados intentando dominar al resto. Y, si no se puede, por lo menos estorbar al otro sector en sus actividades. En Madrid poca gente se afiliaba por el sector productivo al que se pertenecía. Se procuraba acudir a aquel sindicato que más se acercase a tu concepción de la actividad sindical y social. Incluso había quien cuestionaba la afiliación de determinada gente si no cumplían los requisitos ideológicos previos, con todo lo que eso significa a la hora de plantear la afiliación al sindicato. La actividad sindical así se limitaba a aquellos que ya venían con un conflicto abierto, hecho lastimoso que imagino ocurrirá en otras latitudes (aunque esperamos que con menos entretenimiento orgánico/ideológico).
La actividad social también se veía paralizada por las diferencias de criterio en cuanto a la estrategia(s) a seguir. Y porque se mantenía un acuerdo tácito por el que si no había acuerdo entre sindicatos cada uno podía hacer de su capa un sayo en este ámbito. Si querías hacer algo que fuera contrario al resto era tan fácil como forzar un disenso en pleno local (el 8 marzo pasado fue el último caso), provocando así situaciones absurdas y bastante embarazosas cómo 2 y hasta 3 grupos afirmando ser la CNT con discursos diferentes, y hasta contradictorios a veces. En definitiva, aquello era una jaula de grillos donde se vivía pero no se convivía (y no entramos a valorar la presencia, siempre distorsionadora, de personas con problemas serios de adicciones, que los había, sí. Pero la clave de todo este asunto es otra).
El conflicto de CNT no era ideológico, no obstante lo dicho hasta ahora. Ni siquiera de estrategias. Si así hubiera sido los acuerdos y los consensos hubieran sido posibles entre personas que proclaman a los cuatro vientos su condición de “anarquistas”. El conflicto era personal y de cuotas de poder. Y de falta de respeto mutua. Unos llamaban “refor” a los otros. Los otros “tercos” a los unos (y se definen a sí mismo como “los sensatos”, colocando en la insensatez al resto. Como si pensar o valorar las cosas diferente a “los sensatos” significara estar falto de conexiones neuronales).
En algunos momentos hubo, y hasta el último momento, los que intentaron tender puentes, acercar posturas, buscar acuerdos (incluso hubo momentos en los que estos se producían, tan extraños como emocionantes). Recordar a toda la Federación Local que estaban en la misma organización, algo que no debería hacer falta explicar. Que si aparte de siglas compartieran colectivo serian más fuertes y podrían aportarse mucho unos a otros. Hacia falta generosidad, compañerismo, empatía y creerse los famosos PTF (principios, tácticas y finalidades, esas cosas que hay que creerse más y nombrar menos) que se tiraban unos y otros a la cabeza. No había nada de eso, o había muy poco. Había, sí, rencor, ganas de victoria y recuento de votos. Y a uno de los dos grupos le salían las cuentas, y actuó en consecuencia. Del otro lado tampoco había mucho interés en el entendimiento. Al fin y al cabo, el papel de víctima permite armar discursos épicos y puros desde ciertas perspectivas ideológicas. Todos contentos, claro. Y la autocrítica borrada del diccionario. Queda la victoria y la épica, valores ambos muy libertarios, todos sabemos.
Para otros lo sucedido provoca tristeza,desasosiego y sensación de fracaso absoluto. ¿Se podría haber encontrado otra salida? ¿Se podría haber encontrado otra resolución al conflicto? Sin duda, pero eso pasaba por renunciar a cuotas de poder. Por hacer algun esfuerzo por encontrar consensos. Y nadie quería eso.


David.