Archivo de la categoría: opinión

El Atajo

Un atajo es un camino que, en teoría, te lleva de un punto A a un punto B de forma más rápida, segura y eficaz que el camino normal conocido. En teoría, claro. La practica nos dice que la mayor parte de las veces que cogemos un atajo acabaremos perdidos, en zonas menos que recomendables, puede que magullados y llegaremos tarde a nuestro destino. Por supuesto, no es intención ahora hablar de esas veces que descubres los rincones más recónditos y sórdidos de la ciudad involuntariamente. Los atajos que nos interesan son los atajos políticos y, entendámonos, aquellos que hablamos de emancipación de la gente, las libertades colectivas y la colectivización de la sociedad, hablamos constantemente de POLÍTICA, con mayúsculas. Lo que ves en el telediario o en tu tertulia favorita es cualquier cosa menos política, incluyendo la famosa fiesta a la que de vez en cuando nos convocan para que un ajeno solucione nuestros problemas.

¿Por qué nos sigue tentando, pues, el tomar atajos? Porque es fácil, nos ahorra curro y siempre habrá quien te asegure que por aquí se llega antes a tu objetivo. Incluso dentro de tus mismos parámetros ideológicos. Y oye, que al final, por muy antisistema que nos creamos, vivimos dentro de la sociedad y vemos lo que ocurre a nuestro alrededor. Y duele. Y da miedo.

El atajo es tentador, para llegar pronto a la cita o para conseguir algún objetivo político, incluso legítimo. Pero rara vez se sale bien de ese camino.

Caperucita Rojinegra cogió en su día un atajo y casi no llega a casa de la abuelita. Caperucita rojinegra cogió su atajo para ganar una guerra contra el fascismo y, luego, hacer su Revolución Social. Como se sabe, ni ganó la guerra ni, por supuesto, sacó su Revolución Social adelante. Y quedó bastante escaldada de aquello y de los 40 años siguientes (Caperucita Rojinegra a día de hoy todavía arrastra secuelas psicológicas de todo aquello; algún día habrá que hablar de a ver que hacemos con nuestras Caperucitas Rojinegras, no se si me explico).

Los atajos, en la vida y la política, se toman por prisas, extrema necesidad o falta de convicciones en los postulados defendidos. Eso lo deberíamos tener aprendido de experiencias anteriores, pero supongo que hay lecciones que sólo se aprenden en carne propia.

Llevo mucho tiempo acordándome del discursito de Sebastien Faure (nota, este francés era un pedagogo libertario que montó una escuela libre que llamo La Ruche, la colmena) acerca de los medios y los fines, básicamente que si los principios están equivocados hay que cambiarlos y combatirlos igual que antes se defendía, pero si no lo están abandonarlos es un error o, peor, nos falta de convencimiento para defenderlos y seguirlos con la energía necesaria. La cita es totalmente apócrifa, quien quiera que busque las palabras exactas del colega, que algo aprenderá mientras tanto (cosa que nunca está de más, aprender).

Vivimos tiempos convulsos, donde parece que el mundo se nos hunde. El estado “democrático” apunta cada vez más a versiones autoritarias, de disciplinarnos y con menos espacio para expresarnos, especialmente para quienes pertenecen a colectivos señalables y, por tanto, marginables (básicamente, cualquiera que no sea hombre, blanco, heterosexual y económicamente solvente, irónicamente la mayor parte de la población, pero convenientemente compartimentada). Ahora más que nunca, cuando parece que “no hay nada que hacer”, o quieren que lo creamos, debemos defenderlos con más ahínco que nunca. Y no podemos, no debemos, separar los medios de los fines, porque nosotros, aquellos que afirman llevar “un mundo nuevo en nuestros corazones” (ojo, la cita esta está más que sobada) sabemos que, en realidad los medios definen los fines a alcanzar.

No hay atajos que tomar, el camino de la anarquía exige métodos anárquicos. Otra cosa nos desvía del objetivo.

El voto antifascista

Por cosas de la vida, en Madrid volvemos a vivir nuevas jornadas históricas en las que todo se decide alrededor de ese acto inane consistente en meter un papel en una urna de plástico con el nombre del partido que ejecutará esa colosal tarea: la de dirigir nuestras vidas y ordenar la parte del Estado que les toca para proporcionarnos esas cosas tan necesarias como la Sanidad, la Educación, la Cultura y demás elementos importantes. Y la policía. El Estado nos da también policía y ejército, aunque ni los necesitemos ni los hayamos pedido. Bueno, uno es raro y prefiere tener cerca un médico antes que un policía.

He de confesar que este circo a tres pistas, que llamamos “campaña electoral”, me divierte más que a un tonto un lápiz. Para espanto de amigos y conocidos, disfruto con regocijo de esa perversión casi diaria de tertulianos políticos defendiendo con pasión sus posicionamientos alrededor de las más diversas cuestiones. Me resulta deslumbrante cómo mienten desde la pantalla de plasma (echo de menos poder decir catódico, me gustaba la palabra) en función de los argumentarios del partido político que defienden o de las últimas, a veces delirantes, declaraciones del gran líder (o Gran Timonel, como les gusta a los maoistas) de turno.

Sí, probablemente el partido político, el que sea, es una de las peores cosas que le ha pasado a esta sociedad, si acaso crees que deberíamos caminar hacia un horizonte de libertad, justicia e igualdad (que no uniformidad, conviene no confundirlo). Pero en mi perversa mente escucho con regocijo los argumentos de unos y otros a favor de sus absurdos posicionamientos.

Bien, al lío. En este caso la lucha partidista (¿lucha? ¿Alguien se cree que esta gente está en alguna lucha que no sea buscarse un bonito retiro en Iberdrola? ¿Sí? Me alegra que seas feliz) gira en torno a la dicotomía comunismo/fascismo. Los de las derechas (más o menos extremas) se presentan con el lema “comunismo o libertad”, argumentando que un gobierno formado por socialdemócratas (básicamente, los entornos de IU, cuyo programa es netamente socialdemócrata) y tecnócratas (psoe) va a generar una dictadura bolivariana que blablablabla (agotan, ¡que gente más pesada!). Según ellos su gobierno preservará las libertades individuales (concretamente las de evadir impuestos de las grandes fortunas) frente al comunismo, que es naturalmente contrario a la “libertad”. Lo que es profundamente falso, que aquí todos somos muy fans del “comunismo libertario”. Precisamente por eso pasamos bastante de estas cosas.

Los otros nos piden el “voto antifascistas”. Según estos hay que confiar en que un gobierno de “izquierdas” es la única manera de parar el fascismo, que amenaza con ocupar las instituciones. Diríase que no tienen otra cosa que ofrecer a sus potenciales votantes. Su mejor baza es no ser fachas y por eso ponen el acento en esa cuestión, que hay fascistas más o menos específicos en el parlamento (la asamblea de Vallecas). Claro, nadie parece caer en la cuenta de que, vaya, lo mismo el fascismo (o la ultraderecha, porque no toda la ultraderecha es “fascista”, aunque usemos el término para aclararnos) sube como la espuma ante la falta de soluciones efectivas que ofrecen a su público, las llamadas izquierdas, cuando ocupan el sillón de mando. Ni eliminan los desahucios, ni acaban con la especulación o la gentrificación, ni aplican planes de urbanismo que no incluyan el desarrollo de gigantescos barrios de viviendas aisladas (esos lugares horribles que llamamos PAU’s, donde sólo te puedes mover en coche y desaparece el concepto de barrio), ni aplican legislación laboral a favor del trabajador, ni eliminan legislaciones liberticidas como aquella “Ley Mordaza”…claro, por lo menos no son fascistas. Que bien, que majos.

Y que además incurren en un error de concepto. No es cierto que ahora el fascismo amenace con entrar en las instituciones. El fascismo lleva insertado en las instituciones desde toda la vida, forma parte de ellas. El estado español es un estado con un componente “facha” bastante importante. No es cierto que se combata al fascismo desde el escaño parlamentario o el puesto en la administración pública. No lo han hecho nunca y no van a empezar ahora.

Al fascismo se le combate en el día a día. Desde la calle, en la asociación en la que estés, donde realmente se vertebran las sociedades. El voto antifascista es mentira. Porque al estado, al sistema el fascismo no le molesta. Lo utiliza como forma de control social. O nosotros o el caos, te dicen. Lo mismo necesitamos caos, y alternativas reales a un orden social que reprime y está en contra de la vida de la gente.

En definitiva, queremos la Anarquía. Aunque nos divierta mucho este circo.

negacionistas y otras yerbas

El negacionismo parece ser el nuevo mal que enfurece a los ciudadanos de bien, aquellas personas “cívicas” y “responsables” que solo miran por el bien común (eso sí mientras que no les suponga mucho esfuerzo o no les perjudique en exceso) y aquellas que no miran tanto pero que nunca se pierden una ejecución pública. Bajo el término se incluyen a personas con ideas de lo más dispar, algunas absurdas, otras muy creativas, y algunas que tal vez no sean ni tan creativas ni tan absurdas. Todas estas personas probablemente tengan solo una cosa en común, están en contra de la configuración social actual, compuesta por toques de queda que se llaman “restricciones de movilidad nocturna”, estados de excepción llamados “estados de alarma” y toda una batería de medidas coercitivas y restrictivas más propias de una guerra que de una emergencia sanitaria. 

Por una extraña casualidad el poner en duda la eficacia de restricciones (a cada cual más creativa), de criterios supuestamente “científicos”, o la duda sobre la seguridad de una vacuna concreta (con una aprobación condicional) caen en el mismo saco que las ideas terraplanistas, de la tierra hueca, de los antivacunas y de conspiraciones varias. Acto seguido los medios de comunicación machacan a todo incauto televidente con el término NEGACIONISTA y con imágenes de los más vergonzantes integrantes del saco, para que ni por asomo se nos ocurra tener ideas que puedan parecer “negacionistas”. Una forma no tan creativa de aniquilar cualquier posible discurso disidente al mayoritario, lo que no es el discurso oficial es propio de los personajes más cómicos y de baja estopa de la sociedad, a los cuales nadie se quiere parecer. 

Sin embargo la inmensa mayoría de esas “cívicas” y “responsables”, lapidadoras públicas comparten un aspecto fundamental con las versiones más cómicas de las integrantes del odiado “negacionismo”, un aspecto que las acerca tanto como las dos caras de la misma moneda. Ni las unas ni las otras apoyan sus ideas en información contrastada, en conocimientos propios, etc. Las certeza de ambos grupos en sus ideas se sustentan en terceros, se sustentan sobre el principio de autoridad. Sus ideas son “verdaderas” porque las han escuchado/leído de determinados medios, de los “expertos” que aparecen en esos medios, del gobierno, etc. El principio de autoridad como forma de crear certezas tiene semejanzas con los actos de fé de las religiones y para desgracia de ambos significa que en cualquier momento tanto unos como otros pueden cambiar a la otra cara de la moneda… 

Sin embargo el conocimiento, el verdadero, el que enriquece al individuo, requiere reflexión, experimentación, tiempo y una dosis importante de duda y suspicacia y esto para desgracia de la humanidad no lo aprendemos en las escuelas, lo que sí aprendemos es el principio de autoridad… 

democracias y consensos

Democracia divino tesoro
Es la palabra comodín, el santo y seña

(Habeas Corpus. “Democracia divino tesoro”)

Democracia. Constitución. Consenso. Ciudadanía. Con cuatro palabras (o derivadas) hoy día se construye un discurso político. Lo siento, el nivel está así de lamentable. Da igual de lo que se este hablando, de lo burro (xenófobo, racista, autoritario) que sea el fondo (o el todo) del mensaje a transmitir. Si en medio se cuenta que se hace en nombre de “la democracia”, atendiendo al “Consenso Constitucional” y por el bien de “la Ciudadanía y nuestros valores Democráticos”…pues, oye, cuela y nos la comemos con patatas y en pepitoria.

En los baños más sórdidos del congreso está escrito: la ciudadanía traga.

Se me olvidaba, a todo esto, que a veces se cambia “constitución” por la expresión tipoRégimen de Libertades” (viene a ser lo mismo, pero es una expresión que me encanta, por lo absurdo e irónico que tiene, especialmente en boca de un político). Lo del “Régimen de Libertades” se comenta, sobre todo, cuando, de alguna torticera manera, van a restringirse las, pues eso, las libertades.

O sea, que estas palabrejas, en realidad, están vacías de contenido (o al menos de su contenido original, en estos tiempos el significado de las palabras muta de discurso en discurso y de momento a momento) y su inclusión en nuestro vocabulario suponen un mero adorno gramatical para disimular lo que se está diciendo. O lo que se está queriendo no decir, no se si se me entiende.

Se procura cambiar la percepción que se tiene de otras palabrejas si acaso se necesita que tengan que ser aceptada acríticamente (pista: todo lo debes aceptar acríticamente. Sí, aquello otro también. Es lo justo, lo democrático, lo Constitucional).

Por ilustrarnos, vemos en un telediario dedicar un corte entero para explicar que “toque de queda” es una expresión que suena “demasiado dura” porque solo se había aplicado (hasta ahora) en casos de guerra (aquí me imagino a un payaso chocando los platillos). Y es que resulta que el toque de queda es una medida que se aplica, sobre todo, en caso de guerra y por eso nos parece una medida muy “militar”. Así que hay quien al toque de queda lo está llamando “restricción nocturna de movilidad”, que suena como mucho más cuqui que eso del “toque de queda”, que suena a esos sitios donde los Ford Falcon negros se pasean por las calles en la noche.

Son geniales. Orwell estaría orgulloso. Cualquier día retiran los fusilamientos del 3 de mayo del Museo del Prado porque dan “una imagen distorsionada” de lo que viene siendo un “fusilamiento Democrático dentro de nuestro Consenso Constitucional en el Régimen de Libertades que nos ha sido dado“. Claro, que Orwell creía que lo que escribía era ficción y no un tratado para tiranos.

Son tiempos orwellianos, de “doblepensar”, de neolenguaje, de posverdad (o como se diga). De retorcer el lenguaje para decir lo que no se dice. Y nos toca aprender a distinguir entre lo que nos dicen y lo que realmente nos están diciendo. Buena suerte y ojo a quien te hable de “democracia”, seguro te está engañando.

VAndalizar la estatua

Una estatua, o una placa en la pared, no nos cuenta mucho sobre el personaje homenajeado en la misma. Nos cuenta, más bien, la visión que se tiene de esa persona en el momento de ser erigida.

O sea, que cuando en 1888 se puso una imagen idealizada de Cristóbal Colon (de oficio descubridor) en la entrada de la Rambla de Barcelona no se nos habla de un tipo que, ya en su época, tenia más sombras que luces (se le condeno en Castilla por tirano y corrupto, y para que Isabel I de Castilla te considerase un tirano tenias que ser bastante cabronazo). Nos cuenta de un mensaje político del momento: la idealización del descubrimiento de América como uno de los mitos fundacionales de la nación española, en proceso de construcción (junto con otros nacionalismos) a lo largo de esa centuria.

Así mismo cuando el monumento en cuestión, u otro, es vandalizado el mensaje político no es sobre la situación en los Siglos XV-XVI ni sobre la persona en cuestión representada (que muchas veces ni siquiera es un personaje real, dicho sea sin nombrar a Don Pelayo). El acto de atacar una estatua de Colón en EEUU (la de Barcelona no la han tocado, hasta donde sabemos) por parte de grupos indígenas nos habla de siglos de represión y discriminación hacia estos grupos y el hartazgo de una sociedad eminentemente racista como es la estadounidense y los símbolos sobre los que se sustenta este racismo. Y sí, Cristóbal Colon (de oficio descubridor) es uno de estos símbolos. Lo mismo se puede decir cuando se tira al río la de un honorable esclavista.

Del mismo modo, cuando el Ayuntamiento de Madrid decide vandalizar la placa que recuerda a Largo Caballero (concretamente la casa donde nació) lo que se nos cuenta no es sobre el personaje en cuestión (y sí, Largo Caballero tiene sus luces y sus sombras) sino sobre el propio Ayuntamiento y su posicionamiento político respecto a la memoria colectiva del franquismo. El mismo que dieron cuando vandalizaron las placas en el cementerio de la Almudena con el nombre de los fusilados en Madrid en el periodo 1939-1945, incluidos unos versos de Miguel Hernández (que se ve que la poesía también divide). El mensaje es muy claro y nos dice quienes están ahora en la casa consistorial de Madrid. Y lo que son y de donde vienen.

Espantalismo

Estos días se están pasando por las casas comerciales de una empresa de seguridad ofertando unas bonitas alarmas. Ofertando miedos. En estos tiempos de pandemia nos bombardean con todo tipo de miedos y los vamos adquiriendo con la lógica propia de unos medios sobre actuados y poco informativos. Por supuesto, la empresa de seguridad te va a hablar del peligro de las “okupaciones” (que no pare la fiesta). Por un módico precio te vendemos miedo.

Esta pandemia va a ser de miedos. Nos acabaremos muriendo de miedo, tal vez entre toses y fiebres, vale. Pero de miedo. Y así te encierras en casa detrás de 7 cerrojos, con alarma conectada 24 horas con la poli, mascarilla y conectado al mundo a través de la tele. O de internet, pero a través de medios fiables/oficiales.

Se puede convencer a una persona de algo por la razón o por el miedo. Cuando te faltan argumentos o tiras de sus miedos o no vas a convencer a nadie. El miedo a la enfermedad es algo lógico y normal. Nadie quiere enfermar y, peor, morir, así que nos da miedo. Y, ante una enfermedad, el Estado aprovecha para acojonar, que una oportunidad así hay que aprovecharla.

Los parones en el trabajo por la pandemia (curioso, dejamos de trabajar y la economía se hunde, como si la clase productiva fuese aquella que…”trabaja”) provocan crisis y hay que proteger “la propiedad”, así que asustamos a la gente con el riesgo de “las okupaciones” (básicamente que van a entrar en tu casa unos señores mientras estás comprando el pan) de sus minúsculos pisos de 50 metros cuadrados.

Así protegemos “la propiedad”, la de bancos, fondos de inversión y demás, para facilitar que unos señores (vestidos de azul) entren en tu casa si no puedes pagar la hipoteca/alquiler. Y ya de paso te vendemos una alarma estupendísima para protegerte de la imaginaria posibilidad de que otro pobre okupe tu casa mientras vives en ella. La pena es que no avise de presencia de cerdos, no pararía de sonar.

Vivimos en un sistema que podríamos llamarlo “espantalismo”, el control social basado en el espanto. Imponernos miedos, reales o imaginarios, constantes. Pero que sean paralizantes, que es lo que importa. El miedo no sólo es un arma: también vende.

De camino al curro

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Vamos enfilado Fátima. A ver si arranca pronto el portátil y puedo echarme una siesta.

Penitenciagite

Últimamente proliferan en algunos balcones banderas monárquicas con crespón negro. Responden así a cierto llamamiento a mostrar dolor y luto “por los muertos del Coronavirus”. Obviamente, el enarbolar los símbolos nacionales para mostrar dolor es, en este contexto, una forma de atacar al resto. A quienes no muestran su dolor “adecuadamente” y a quienes no son “lo bastante españoles”. Las banderas sirven para remarcar las diferencias e identificar tu bando en caso de guerra. O sea, el “nosotros” frente a los “otros” (me temo que nosotros, vamos a ser los “otros”).  El movimiento del crespón negro en la banderita no es inocente, busca señalar a los que no son “nosotros”. Podríamos decir que los fascistas están subiditos, pero habría que matizar un poco.

 

La ultraderecha hispana no es “fascista” desde un punto de vista estricto, eso hay que entenderlo. Llamar a alguien “facha” o “fascista” es agradable, sonoro, resultón y descarga adrenalina.  Pero la ultraderecha de por aquí no toma su modelo en figuras como Mussolini o Hitler, ni siquiera en Jose Antonio (a ver, Falange siempre fue una opción muy minoritaria incluso en sus momentos de máximo esplendor allá por los primeros años 40 del siglo pasado, ya integrado en eso que se llamó “Movimiento Nacional”). Quitando círculos muy concretos y reducidos, que por supuesto que nazis haberlos “haylos”.

 

Aquí se es más de gente como Torquemada (Tomás, primer inquisidor general de Castilla y Aragón). De manera consciente o no, aquí se repiten modelos y formas propios de la institución que dirigió el dominico de infame recuerdo: señalamiento, penitencia y “relajo”. La Inquisición Española (a la que nadie espera) es, seguramente, la organización dedicada a la represión y control social más longeva y exitosa de la historia. Son 4 Siglos (más o menos, hasta su abolición definitiva en el siglo XIX) de dedicación y experiencia que, necesariamente, tienen que dejar su poso en el cuerpo social al que se dedicaron a fustigar.

 

Aquí ha quedado la idea de la penitencia, el dolor, la culpa como manera de plantear la realidad política. Esta vez se visten de banderas y se van en coches de procesión, pero el fondo sigue siendo el mismo. La elevación a mito de determinados dirigentes tardomedievales (el Cid, los Reyes Católicos…), y el señalamiento y penitencia o relajo del hereje que no cree en nuestra grandeza y nuestra identidad. En realidad, lo dicho es aplicable a todos los nacionalismos que pululan por la península, al fin y al cabo, sólo les cambia el color de la bandera.

 

El hereje por aquí es siempre el enemigo. Aquel que piensa por sí mismo y que no quiere someterse a los presupuestos y exigencias de “lo que es lógico”, lo que dicen “los expertos” y lo que decimos “nosotros”. Es posible que de toda la vida haya quien se sienta inquisidor y quien se sienta hereje. El ser hereje significa que los símbolos te dan igual (es decir, no los necesitas), que siempre cuestionas al líder y que, vaya, siempre te van a mirar como sospechoso aquellos que son “nosotros”.

 

Es verdad que denominar a alguien como Torquemadista o Inquisitorial (creo que esto se lo he dicho a alguien supuestamente libertario, pero eso es otra historia) no queda tan bonito y sonoro como decirle “facha”. No pretendemos que se deje este lado del folklore rojeril, que también hay que tener alguno. Pero debemos ser conscientes de la naturaleza de lo que representa exactamente lo que llamamos ultraderecha en este lado del mundo.

 

Y cuidado si te toca ser hereje.

Elogio de la Propaganda

Estos días todos denostamos la propaganda en la que se han metido los distintos gobiernos del territorio. Unos con más habilidad que otros, unos más divertidos que otros, todos intentan colarnos su relato y “liderar” el cuento, acerca de lo que está ocurriendo y, sobre todo, lo que vamos a vivir en los próximos años. Y el por qué. Mientras, los de abajo despotricamos contra toda esta invasión propagandística por parte de las altas instancias del Estado (central, autonómico, municipal, “periodístico”…) tildando las informaciones de pura propaganda política, con todo el desprecio del mundo.

Y no tenemos razón, al menos en lo que es la propaganda en sí misma y su utilidad en el debate político. Hemos olvidado el valor, utilidad y servicio que la propaganda puede dar a la difusión de nuestras ideas y plantear debate. De hecho, en vez de despreciar tanto las alocuciones y desbarres de cierta derecha ultramontana (fascista? Medieval? Son más hijos de Torquemada que de Mussolini, yo diría) deberíamos analizar las formas y modos en las que con sencillas ideas clave consiguen llevar el debate hacia el sitio que les conviene y se sienten cómodos. Esta ultraderecha ha conseguido lo que parecía más difícil en gente que admira a personajes de la calaña de Millan Astray o Blas de Lezo (esa admiración por gente que va perdiendo partes de sí mismo por ahí tiene que tener alguna implicación psicológica, y no muy favorable): conectar. Consiguen que determinado tipo de gentes, no necesariamente hijas del Barrio de Salamanca conecten y empaticen con ellos. Y esto puede darnos miedo, pero no es para despreciarlo sin más.

La propaganda siempre se ha usado en el contexto político. Algunos de los referentes más importantes del anarquismo eran, en realidad, grandes propagandistas de nuestras ideas (de La Idea). Emma Goldman, Alexander Berckman, Louise Mitchel, Anselmo Lorenzo, Sebastien Foure, etc, dedicaron buena parte de su obra a labores propagandísticas. O no es verdad que los ciclos de conferencias que hacían no se correspondían con el interés por difundir La Idea? Obras como el “ABC del Comunismo Libertario” de Berkman o los famosos diálogos ficticios que se preparaba el gran Malatesta, no son sino obras de propaganda. Y son, desde nuestro punto de vida, una maravilla muy recomendable para cualquiera que quiera acercarse a comprender y asimilar las ideas anarquistas.

El problema no es, de ninguna manera, la propaganda en sí misma. Ocurre que si tus ideas son una mierda tu propaganda irá en ese sentido y resultará una exaltación del racismo, la xenofobia y el militarismo. Pero lo problemático no es que se haga propaganda, sino más bien que tus ideas son una mierda y se reflejan en tu mierda de propaganda.

En el mundo anarquista nos conviene empezar a aprender algunas lecciones de nuestros enemigos y empezar a diseñar mejor nuestra propaganda. No podemos seguir dirigiéndonos a nosotros mismos (de verdad, yo ya estoy convencido, no hay que insistir), tenemos que empezar a plantear nuestras posiciones a la población en general y articular nuestro discurso de manera que sea inteligible para la gente en general, anarquistas o no. Especialmente debemos pensar si no son cercanos o no han tenido contacto con las ideas libertarias (por cierto, “libertario” es un hallazgo genial del anarquismo francés), que puedan entender lo que queremos decir. Dejemos de quejarnos de la propaganda de los demás y hagamos que la nuestras sea buena.

Teletrabajo y ERTE. La tormenta perfecta.

Durante la crisis Covid19, una innumerable cantidad de personas trabajadoras han sido enviadas a teletrabajar a sus casas. La causa es de todos/as bien conocida, promover el distanciamiento social para evitar el contagio y transmisión del virus. Se trata de una medida de prevención sanitaria que obliga a empresas a modificar el modelo de organizativo y productivo y a quienes en ellas trabajan a modificar sus hábitos y costumbres.

Por otro lado, se han producido un elevadísimo número de ERTEs que en muchas ocasiones se ha solapado con la nueva situación de teletrabajo.

Hoy entrevistamos, vía teleconferencia (el presupuesto nos da para eso, estamos que lo tiramos) a uno que le gusta ir de tertuliano televisivo al que llamaremos Inexperto-1 y otro que dice ser un currito al que llamaremos Inexperto-2 (no nos da para mas, lo expertos se los lleva todos La Sexta), para que nos resuelva las dudas que nos surgen a este respecto. Transcribimos el resultado de tan interesante charla.

Pregunta: ¿Estábamos preparados para esta nueva situación?

Inexperto-2: Pues no se el resto, pero ya te digo que en mi curro, no. Llevan años hablando de “teletrabajo”, “conciliación” y demás mierdas (perdón) sandeces y se han vuelto locos para encontrar equipos para que la gente que tenía que teletrabajar “obligatoriamente” tuviese un equipo disponible en su casa con conexión a Internet y salida hacia los servidores del curro. Por cierto, que se, que a gente le han “sugerido” aportar su propio portátil y del gasto del ADSL de cada uno ni se ha oído hablar. Preparados, algunos lo han sacado porque los equipos de sistemas se han dejado los cuernos y han podido improvisar a destajo soluciones que NADIE había previsto. Seguramente en las empresas más grandes fuese distinto, pero las medianas/pequeñas estaban en general tan preparadas para teletrabajar como para mandar un cohete a la luna.

Inexperto-1: Pues no te sabría decir. Uno esta preparado para algo, cuando espera o prevé que suceda. Y vista la experiencia, en unos casos se ha realizado de manera caótica, lo que ha supuesto tener que improvisar y reinventarse, en palabra de algunos CEO. En otros, no ha sido ni mucho menos traumático, pues ya disponían de la estructura, digamos que estaban preparados, para llevarlo a cabo, pese a no hacer apenas uso de ella antes de esta situación.

Pregunta: Esas empresas que tenían preparada la estructura ¿Estaban esperando que esto sucediese?

Inexperto-1: Nadie, creo yo,esperaba la aparición de un virus así. Ahora bien ¿si lo que me preguntas es, si esperaban a una situación, que bajo determinados factores supusiesen un pistoletazo de salida para realizar un cambio de modelo organizativo y productivo? Pues como persona normal, no lo se. Pero ahí queda la duda.

Inexperto-2: pues no. ¿Quién puede imaginarse que un día tienes que mandar a toda la gente a su casa? En eso, hay que decirlo, no podía estar nadie preparado.

Pregunta: Si las empresas no esperaban que esto sucediese, entonces ¿por qué, si había empresas que estaban preparadas para teletrabajar, no lo hacían?

Inexperto-1: Ninguna empresa invierte dinero y esfuerzo en algo de lo que no espere sacar beneficio económico, y dedicar inversiones a prepararse para cambiar el modelo de trabajo presencial por el teletrabajo, no habrá sido, supongo, por una mera cuestión decorativa. A tu pregunta, solo se me ocurre pensar que cambiar radicalmente de modelo, puede provocar desequilibrios productivos, y en un sistema en donde la competencia es un factor fundamental, hacer de manera individual ese cambio de forma radical, puede suponer una apuesta arriesgada frente a tu competencia.

Inexperto-2: Y porque son unos cabrones…les gusta tenerte en la oficina porque desde allí se te puede putear en directo, que es mucho más efectivo que tele-joderte.

Pregunta: Pero ya había empresas que apostaban fuerte por el teletrabajo. Vamos que ya lo estaba realizando.

Inexperto-1: Si, es cierto. Habría que analizar caso por caso, pero a nivel general, y hablo de los casos que mas o menos conozco, que son empresas tecnológicas o grandes compañías, el teletrabajo que se desarrolla convive con el presencial. Además solo se había implementado en determinados departamentos o lineas productivas y en muchos de los casos ese teletrabajo consiste mas, en lo que siempre se ha denominado el “llevarme el trabajo a casa”.

Inexperto-2: Bueno, en algunos casos se hacía por una cuestión de “conciliación”, durante determinados periodos y para una parte muy pequeña de la plantilla. Muchas veces para poder decir que “fomentaban” el teletrabajo y la “conciliación”. De hecho hay empresas en las que estas cosas se hacen para que “ya que tienes el pc en casa pues este sábado puedes realizar tal o cual tarea” (ya te la pagarán en abrazos). Creo que han tenido la suerte de que una medida que concebían como “de relaciones públicas” ha sido clave para una situación como la que ahora vivimos. De hecho hay jefes (capataces) que quieren que vuelvan sus esclavos, que no rinden igual en casa que en la ofi.

Pregunta: Actualmente hay infinidad de puestos de trabajo que realizamos sentados con algún dispositivo electrónico (PC, portátil, tablet, smartphone…) ¿Tanta diferencia hay entre trabajar sentado en una oficina o hacer lo mismo en tu casa?

Inexperto-1: Mucha. La RAE define empresa como “Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. La diferencia fundamental entre el trabajo presencial y el teletrabajo radica en que el modelo organizativo y productivo cambia radicalmente y es aquí donde surgen los dos principales puntos de conflicto.

Inexerto-2: Lo que quiere decir mi compañero es que ahora para amenazarte hay que dejar un rastro electrónico que antes con una conversación “amistosa”, por supuesto, en la máquina de café ya te dejaba las cosas claras de tu futuro laboral (en el SEPE).

Pregunta: ¿Por qué surgen estos puntos de conflicto?

Inexperto-1: Los principales atractivos, para una empresa, que tiene el trabajo presencial, son la facilidad para controlar el cumplimiento de horarios y dedicación de sus empleados/as y mas en un país como España donde se esta tan arraigado el síndrome laboral de la “presencialidad”. Quizás sea esa una de las causas por las que hasta ahora no se encontraba mas implantado el modelo de teletrabajo.

Por otro lado, las empresas que si han apostado por esta modalidad, no lo han hecho por facilitar la conciliación de sus empleados con su vida personal, sino que les han motivado más, razones de mejora de la productividad, pues les supone una reducción del espacio físico (oficinas, mobiliario, pluses de comedor, transporte…) y han considerado que el tiempo que el/la trabajador/a se ahorra en desplazamiento y la ausencia de un control de fichaje, supone una desregularización de los tiempos de trabajo, que aprovechan para sobrecargar de tareas a el/la trabajador/a .Hablamos de aquellas empresas que llevan tiempo implantando este modelo, pues en aquellas empresas que apenas han desarrollado este modelo y se han visto “obligadas” a aplicarlo, las consecuencias han podido ser mas conflictivas pues ha supuesto una sobrecarga de tareas derivadas de la falta de adaptación al nuevo medio.

Inexperto-2: yo creo que mis jefes, por ejemplo, están divididos entre lo que mola ahorrarte el gasto de luz, teléfono, mobiliario, mantenimiento que supone tenernos allí, además de todo el rollo de que tienes a la gente en casa con conexión permanente con la empresa para lo que haga falta y la falta de control efectivo sobre nuestras personas. Es decir, en tu casa te organizas como quieres (o puedes, claro, porque con 2 o 3 críos pululando a tu alrededor tu capacidad de organización es distinta. Eso sí, las teleconferencias se hacen muy divertidas a ratos con ese chaval pidiendo la merienda por la webcam).

Pregunta: ¿Parece entonces que la solución pasaría por hacer una nueva regulación de este nuevo modelo para permitir a el/la trabajador/a que recupere para sí?

Inexperto-1: ¿Tú cree? El objetivo de quienes son propietarios de las empresas y quienes en ellas sirven desde puestos de dirección y mando, es ganar dinero y obtener beneficios, y los salarios y los costes de las mejoras sociales son considerados un gasto que reduce el beneficio.

Las fuertes luchas obreras y sociales se produjeron en momentos en donde las personas trabajaban y vivían juntas, pues tenían capacidad para organizarse y perseguir juntas un mismo objetivo. Esa fue su fuerza. Las empresas son conscientes de su debilidad ante esa situación fueron modificando su modelo productivo desde mediados del siglo XX atomizando la unidad productiva e inculcando un modelo de beneficios individuales con salarios y condiciones contractuales individualizadas que les ha reportado buenos resultados minimizando la conflictividad social y laboral que les ha permitido revertir sutilmente y poco a poco ciertas mejoras y condiciones. ¿Que fuerza va a tener, con esta nueva situación, el colectivo de trabajadores/as para forzar a las empresas a reducir beneficios a cambio de mejoras para sus empleados/as?

Inexperto-2: Lo que hace falta es que se cumpla la que ya tenemos, y luego hablamos de si hay que hacer otra. Claro que para eso haría falta que fuésemos conscientes de que, por más que trabajemos con maquinitas y hagamos braindins raros y demás mierdas nuestras relaciones siguen siendo las mismas. Antes la gente ya se dejaba pisar tranquilamente sin necesidad de teletrabajar. Ahora por lo menos no tengo que verle el jeto al puto lameculos que no hace una huelga ni aunque le de su jefe de latigazos, y eso a mi estómago le hace bien.

Pregunta: El teletrabajo es, entonces¿Una liberación o un nuevo modelo de (auto)explotación?

Inexperto-2: Creo que es lo mismo de siempre, ni una cosa ni la otra. Eso sí, me estoy ahorrando la hora y media de viaje de todos los días para llegar al curro. Lo importante es que tengas claro que cuando termina tu jornada se apaga el cacharro y te vas a hacer tus cosas. No todo el mundo lo tiene claro, es evidente

Pregunta: Permite flexibilizar horarios ¿a la empresa o a quien teletrabaja?

Inexperto-2: Bueno, eso ya ocurría. Lo más que te beneficia al trabajador es la cuestión del transporte. Y no ver a tu jefe dando por saco todos los días. Por otra parte, tienes tu trabajo a golpe de ratón en un ordenador en la cómoda de tu habitación. O sea, que corres el riesgo de acabar currando gratis a cuenta de “tu responsabilidad con el proyecto”.

Nos despedimos por ahora, esperando que nuestros inexpertos tengan un buen día.