Brian al que llaman brian

La escena es bien conocida por todos y quien más quien menos se ha escacharrado de la risa hasta la lágrima. Brian de Nazaret entra en contacto con el Frente Popular de Judea para luchar contra los invasores romanos. Porque cumple con los difíciles criterios del frente: odia a los romanos (mucho!). Una vez admitido, ya como “Brian al que llaman Brian”, le cuentan que a los únicos que odian más que a los romanos es a esos cabrones del frente judaico popular (¡disidentes!), o a la unión popular de judea (¡disidentes!), o… y así con cada minúsculo grupúsculo (el frente son 4, la unión un señor mayor que gusta de las peleas de gladiadores, el fútbol de la época…)

Mas o menos ya se intuye que toca hablar de lo que llamamos, no sin cierta ironía, “movimiento libertario”. Se diría que los Monty Python en algún momento de su existencia se relacionaron con los entornos alternativos de su país. Y que estos son muy parecidos a los que se mueven en estos territorios sureños. Rex, el delirante líder del FPJ, sector oficial, lo hemos visto muchas veces pululando por ahí. Ese individuo que siempre tiene que decir qué es lo que tiene que hacer el grupo, que tiene clara la línea ideológica y estratégica del colectivo y que, en definitiva, tiene su principal fuente de inspiración en Napoleón Bonaparte, aunque luego sea capaz de citarte con toda la precisión del mundo a Kropotkin, Malatesta, Bakunin, Ricardo Mella y su primo del pueblo que también sabe mucho. Que oye, aquí somos muy fans de Kropotkin y hasta lo recomendamos, pero que no somos seres superiores por eso (ni
inferiores, ojo).

Otro grupo muy divertido es lo que sería el “escuadrón de suicidio”. Esa gente que cuenta su militancia en función de sus enfrentamientos con la fuerza pública, como si el objetivo de tu vida tuviese que ser recibir hostias en una mani, esas cosas que a la gente sin demasiadas taras les viene un poco mal. Pero claro, luego tenemos la forma en la que nos relacionamos con otros grupos, es decir. Cómo vemos a los “frente judaico popular” o “unión del pueblo judaico”. Lo mismo no caemos en la cuenta de lo problemático que es que nos cueste más reunirnos con nuestros supuestamente afines que con gente que directamente nos odia y nos desprecia (por ejemplo, troskos o socialdemócratas, aunque alguno dirá que
esto es una suerte de “frente popular de judea”…la rueda sigue!). Cuanto más pequeños, cerrados y ortodoxos nos hacemos, también nos hacemos más grandilocuentes. Nos ponemos el puño en la frente y emitimos comunicados “importantísimos” en los que solemos exigir algún tipo de reunión, o respuesta, o que me hagan casito…al gobierno, o a un secretario de algo…un poquito de casito, ¡¡que somos importantes!! Se entiende que en un proceso propagandístico hay que hincharse, de vez en cuando, ante el emperador y exigirle lo que hay que exigirle a ese hijo de caligula. Esta bien, siempre que no te lo acabes creyendo.

Y resulta que podemos llegar a odiar más a estos “otros” que al “imperio romano”. Y los criticamos con saña, sobre todo si esos grupos hacen “cosas”. Porque si alguien, no lo quiera tu deidad preferida, consigue realizar una acción positiva, integradora y con cierto predicamento popular, seguro que es algo antinarquista y fuera de todos los principios libertarios que aseguramos defender muy fuerte dentro de nosotros (fuera de nosotros hace tiempo que no defendemos nada). O si por un casual han sido partícipes de uno de los múltiples, variados y originales procesos de desfederación, purga, expulsión, etc. en el que se ve inmerso el mundillo libertario a falta de otras actividades más interesantes (no se, esa cosa de la revolución, o por lo menos alguna protestilla inocente al gobierno…un algo).

Lo malo es cuando odias más al compañero/excompañero de luchas (futuras, si hoy estás muy liado con tu cuenta de netflix) por cuestiones tan habituales entre nosotras cómo la estrategia, la doctrina anarquista (pista, ni Bakunin ni Kropotkin escribieron la Biblia, se les puede discutir, incluso tu interpretación de ambos es discutible… y que se suponía que tampoco hacemos caso al tipo que escribió La Biblia) y las purgas internas, escisiones, expulsiones y demás variantes del «ya no te ajunto» infantiloide en el que caemos tan a menudo. Y sin una madre que nos diga eso de «ni es que ni es ka. Me da igual quien a empezado! Ea!» (Toda bronca de madre termina con un ea o no es bronca). Los procesos de resolución de conflictos eran esto.

Esta “brianizacion” de nuestras organizaciones es verdad que es fuente inagotable de risas y anecdotario para la posteridad (también de vergüenza ajena, claro). Y quienes llevamos un payaso en el alma agradecemos los momentos tan especialmente graciosos que nos proporcionan. Pero es un desastre absoluto para la difusión y aplicación práctica de nuestras ideas, que era de lo que se trataba (supongo).


Deberíamos abandonar ya este vodevil libertario y volver al pensamiento crítico y la racionalidad. Al menos si pretendemos que nuestras ideas impregnen en la gente y se lleven, poco o mucho, a la práctica.
O bueno, podemos hacer una peli. A mi se me ocurre una basada en la invasión romana de Palestina…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *