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DESCUBRIENDO ESCRITORAS

Estamos en tiempos de regalos y qué mejor que un libro para que la persona que lo reciba pueda encontrar un mundo nuevo.

Los libros deberían ser asexuales, es decir, un libro es un libro ya sea escrito por un hombre o una mujer. Un libro es para ser leído, disfrutado, manoseado, imaginado,… por toda aquella persona que lo encuentre y lo lea. Los libros acompañan, enseñan, hacer soñar, muestran otras vidas o todas las vidas.

Pero si esto es así ¿por qué cuesta tanto atribuirles ciertas obras a mujeres escritoras? ¿ Por qué se busca la excusa del género literario para atribuirles autorías diferenciadas por género hombre/ mujer? ¿Por qué cuándo destacamos un libro escrito por una mujer se acude a su única o mejor creación y cuando es a un hombre es otra de sus obras maestras?

Es obligación de todas y todos reivindicar a las autoras, dar visibilidad a las mujeres autoras que las editoriales no tengan que poner las iniciales porque una mujer no puede escribir ficción a la altura de los hombres ( J.K. Rowling y un largo etc.) Ya no usan seudónimos masculinos (George Sand pseudónimo de: Amantine Lucile Aurore Dupin ) para poder publicar pero se sigue marginando en función de que sectores y no reconociendo que las mujeres no escriben para mujeres escriben para personas.

Además de rescatar del olvido a todas aquellas mujeres que a lo largo de la historia han escrito obras en los distintos géneros literarios.

Nos gustaría fijar la atención en dos autoras que este grupo ha trabajado en sus grupos de lectura: Mary Shelley (Frankestein) y U. K. Leguin ( Los desposeidos y La mano izquierda de la oscuridad).

Respecto a la primera cabe preguntarnos que si el autor hubiera sido masculino no se resumiría a una historia de miedo escrita en una noche de tormenta sino que hubiera tenido sesudos estudios de que se quería contar en cada línea con tientes científicos y filosóficos. Es ahora 200 años después cuando se está empezando a desgranar la obra para encontrar ideas terriblemente modernas que adelantó Shelley en 1818.

La segunda, Úrsula K. Leguin tuvo algo más suerte porque ha ganado y ha sido reconocida en en la genialidad de sus obras y en un género en el que se destaca las obras de los hombres pero no tanto de las mujeres, cuando hay autoras no sólo a la altura sino más alto que muchos hombres. Todo esto no le valió a Úrsula en sus comienzos cuando lo único visible era su apellido precedido de sus iniciales para esconder el Úrsula.

Estos son solo dos ejemplos, pero hay multitud, al igual que debemos preguntarnos por qué se estudian épocas completas sin mencionar a ninguna autora (Generación del ´27 en España). Es hora de abrir visillos que han estado ocultando a tantas y tantas mujeres o detrás de sus parejas o cayendo en el olvido en una caja.

No sigamos la corriente y paremonos a pensar qué nos quieren inculcar desde pequeñas, cuando nos recomiendan unas lecturas y no otras. Porque como empecé diciendo, los libros son asexuales, son historias listas para que alguien las encuentre, pero eso será cuando las mujeres tengan el mismo protagonismo que los hombres en la literatura. Mientras tanto tendremos que luchar por reivindicar a las mujeres escritoras.

Para profundizar en este tema:

https://ctxt.es/es/20181226/Culturas/23440/literatura-mujeres-igualdad-nerea-balinot.htm

Tu responsabilidad. Tu compromiso.

Cuando hablamos de relaciones laborales pensamos que la principal manera de disciplinar al empleado por parte del empleador es la coacción y la amenaza. Seguimos teniendo la imagen del empresario capitalista cómo un señor con sombrero de copa, látigo y puro. Bien, de esos todavía quedan bastantes, al menos en este trozo de tierra calurosa y requemada. Pero hay que darse cuenta de que el capitalismo es un sistema en constante evolución para mantener los privilegios y beneficios de una minoría contra el resto. Y el jefe también evoluciona: ahora es un personaje dinámico, buen rollo y un poco hippy (pijo-jipy), a la manera de Steve Jobs. Este individuo no va a usar la fuerza como primera opción de disciplinarnos. Este tipo tan majo intentará hacerse pasar por tu colega, querrá que te impliques en la «labor social de la compañía «, te pedirá compromiso con los objetivos de la empresa. Responsabilidad con tus objetivos (que no son pagar la letra del piso, por supuesto). Compromiso y responsabilidad para que cumplas con la tarea exigida. Para que te ofrezcas tu mismo a estar disponible para la empresa. Para que no seas un «simple empleado que llega su hora y se va a casa sin más. Queremos que te impliques. Queremos ver pasión en tu trabajo». Más de uno esta torciendo el gesto, la historia le suena. Como también le sonarán las divertidas jornadas maratonianas para sacar adelante el proyecto o las cañas con el jefe, que se dan con total naturalidad porque somos «una empresa horizontal y aquí no hay jefes, sino responsables». Y picamos, porque nuestro jefe es majo, escucha a radiohead y se interesa por nuestra vida personal. Y si falla todo, siempre puede sacar el puro y el látigo del cajón.

Ante esto, ¿qué hacer? Lo primero desmontar toda esta propaganda corporativa. Aunque os van a decir lo contrario nuestro negociado no es la labor social de la compañía. Eso ni nos va ni nos viene. Nuestro objetivo es el puto dinero que nos pagan por ocho horas de curro para llenar la nevera de comida y pagar las mil quinientas cosas que al estado, colaborador necesario de la pantomina, se le ocurre que tenemos que pagar. Somos trabajadores, no colaboradores. Tu jefe es tu jefe, toma decisiones y te obliga a realizar las tareas que no sabe o puede hacer a cambio de un jornal. Le pueden cambiar la cara, pero siguen siendo los mismos. Unos con puro y látigo y otros, más modernos, con pulseritas de colores y palmaditas  en la espalda. Solo quieren exprimirte.

El trabajo durante el imperio romano

El trabajo durante el Imperio Romano

En la cultura greco-romana se consideraba indigno verse obligado a trabajar para vivir. Culturas en las que se valoraba la posesión de tierras y no la acumulación de riquezas.

Este modo de pensamiento era el dominante en unas sociedades en las que el trabajo era tarea de esclavos, plebeyos (ciudadanos sin derecho a voto) y libertos, excluyendo a las clases altas que únicamente se dedicaban al ocio y la administración de lo público.

El trabajo esclavo

El empleo de esclavos como mano de obra varió durante la civilización romana, inicialmente solo se usó como mano de obra en los grandes latifundios agrícolas. Con la expansión de Roma se incrementó espectacularmente el número de esclavos (prisioneros de guerra) y esto supuso que se comenzasen a emplear además de en las labores agrícolas en el servicio doméstico, actividades comerciales, trabajo manual y cualificado.

Con el fin de la expansión de Roma (Bajo Imperio) se deja de obtener mano de obra esclava por la vía de los prisioneros de guerra ya que al no haber nuevas campañas de expansión del Imperio no había tantos prisioneros de guerra, además se recrudecen los levantamientos de esclavos y aparece la presión de los nuevos valores traídos por el cristianismo. Debido a todo esto el trabajo esclavo comienza su declive.

Los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. Carecían de personalidad jurídica, de bienes, y hasta de familia propia. El esclavo no tenía derecho ni almatrimonio ni alparentesco ni a lapropiedad, por lo tanto cuando tenían hijos estos eran vendidos como esclavos. A estas normas se solían escapar los esclavos de ciudad a los cuales los amos frecuentemente les permitían tener familia y incluso llegar a comprar su libertad.

La vida de un esclavo dependía en gran medida del trabajo que realizaba:

  • Los que tenían peor calidad de vida eran los que estaban asignados a trabajar en las minas.
  • Después se encontraban los esclavos agrícolas.
  • Finalmente nos encontramos a los esclavos domésticos de las familias ricas de Roma y los esclavos de propiedad pública (servus publicus), que disfrutaban del nivel de vida más alto posible para un esclavo romano. A pesar de todo su alojamiento y comida eran de una calidad notoriamente inferior a la de los miembros libres de la familia pero comparable a la de muchos romanos libres, pero pobres.

El trabajo en la ciudad. Los oficios.

La producción artesanal se realizaba en los talleres, talleres que se encontraban en las ciudades. Esta producción artesanal era muy diversa incluyendo: alimentos procesados (pan, cerveza), herrería, perfumería, ropas y tejidos, joyería, cristalería, alfarería, cuero, etc.

Estos artesanos tenían como costumbre agruparse en los “collegía”, asociaciones voluntarias (con las reformas de Diocleciano en el Bajo Imperio esta colegiación se vuelve obligatoria) de artesanos de oficio a nivel municipal que tenían como objetivo defender sus intereses y elegir sus representantes públicos.

El trabajo dentro del taller se organizaba: En el taller romano trabajaban el propietario del taller que era un liberto (hombre libre) y uno o varios esclavos que hacían de peones, aunque a este modelo existieron numerosas excepciones, sobre todo en los talleres de alfarería en los cuales podían llegar a trabajar gran número de libertos.

En cuanto al taller mismo, era una estancia más de la vivienda del artesano y allí se realizaba tanto la producción como la venta de los bienes producidos.

El trabajo agrícola

Inicialmente el campo estaba dividido entre pequeños propietarios libres que trabajaban ellos mismos la tierra y grandes latifundios en los que se empleaban esclavos para realizar el trabajo. Con el paso del tiempo estos pequeños propietarios fueron desapareciendo y el campo cayó en manos de los grandes latifundistas.

Durante el Bajo Imperio Romano los esclavos escaseaban y los grandes latifundistas comenzaron a liberar a sus esclavos, los cuales recibían una parcela de su tierra (arrendados) a cambio de una parte de su producción y de trabajar también las tierra del terrateniente y estaban exentos de pagar impuestos ya que los pagaba el señor. Después de las reformas de Diocleciano este proceso se extendió a los escasos campesinos libres que ya no podían pagar sus impuestos y a un gran número de plebeyos procedentes de las ciudades en busca de sustento en el campo (colonos). Finalmente con la reforma de Constantino del año 322 el colono pasó a vivir en un régimen muy cercano a la esclavitud. Sus libertades quedaban muy limitadas y entre otras ni él ni sus hijos podían marcharse o casarse sin la autorización del señor. En contrapartida, el señor no podía expulsar a los colonos ni variar sus alquileres o deberes.

historia del trabajo

Continuamos con una serie de artículos que publicaremos quincenalmente en torno a la historia social del trabajo, artículos en los cuales se quedan fuera muchos aspectos importantes como la historia del trabajo en Asia, África (por falta de documentación nos hemos centrado en una historia del trabajo eurocentrista) o el trabajo en la prehistoria.

El objetivo de esta investigación es la de dar unas pinceladas en la evolución de las condiciones del trabajo desde su comienzo hasta nuestros días. Dividiendose en las distintas etapas productivas que ha seguido el trabajo hasta la actualidad.

Bibliografía

8M

¡¡8M La mujer nueva está hablando para todas. Gritemos para que se oiga su voz!!

Hoy se escribirá mucho, se opinará, … sobre la MUJER y sus reivindicaciones. Hoy la mujer es la protagonista, el centro, por lo que nuestro colectivo prefiere dar la palabra a la realidad. Y la realidad, hoy más que otros 8 de marzo está en la calle y en la huelga, haciendo visible aquello por lo que luchamos todos los días: un mundo libre de machismo destruyendo al sistema patriarcal. Destruir para construir desde el feminismo, desde la igualdad absoluta.

Hoy más que nunca nos vemos en las calles mujeres y hombres luchando por el feminismo.

Mañana volveremos a debatir, analizar, leer,… en fin, a hacer un trabajo más personal, hoy es para formar una voz común :

DIA DE LUCHA FEMINISTA

Pos-Trabajo. 1

Deconstrucción de la clase trabajadora. Evolución de nuestro desclase o  involución de nuestra clase.

En Madrid, en los años 60/70 hay constancia de vida colectiva en los barrios obreros, que era la traslación del modo de vida rural a ambientes urbanos. Los portales estaban abiertos y los vecinos se conocían; se ayudaban entre ellos superando, incluso, los conflictos personales que tuvieran (no necesitaban caerse bien). Las Asociaciones de Vecinos funcionaban apoyándose, igual que las casas de cultura o regionales. Esta forma de funcionar se trasladaba a los puestos de trabajo. Si bien, hablamos por experiencias vividas en nuestros entornos, no es de extrañar que estas mismas situaciones se produjesen en otros sitios como Barcelona, Valencia, Bilbao o Roma… En contraste hoy, bombardeados de propaganda, estas dinámicas y formas de organización han quedado en desuso y franca decadencia.

Hoy se dice que Amancio Ortega es un buen hombre (“nos da trabajo”) o que Mercadona es un referente de empresa donde trabajar. Se hace defensa de los empresarios por parte de los trabajadores, imbuidos en esa propaganda global, donde participar de fiestas y homenajes al empresario que te explota es la forma de agradecimiento por tener trabajo (aunque en muchos casos también es una participación obligada o “sugerida”).

En estos días en series de TV, Películas, etc. se muestra a las clases específicamente trabajadoras como torpes y “tontas”, mientras que las llamadas clases acomodadas (profesiones liberales) aparecen como ejemplo y referente a seguir. La percepción social del individuo se reduce a su poderío económico. Todo se basa en ganar dinero. No en vano se habla de que vivimos en una sociedad de consumo.Todo apunta a que el problema radica en que el referente humano actual para muchas personas asalariadas-explotadas es el empresario “de éxito”, mientras que en otros tiempos existía otro referente, que principalmente era el colectivo o algún grupo obrero destacable.

Parece que la propaganda del capitalismo a favor de la auto explotación y dejación va ganando la batalla en el imaginario colectivo. Esta propaganda se trabaja desde los medios de comunicación y todas las instituciones, comienza en el Sistema Educativo/Cultural y se mantiene a través del Judicial, Policial… a través del miedo y fomentando la sumisión, realzando la figura de los propietarios-empresarios.

Esta propaganda, aunque apesta, funciona.

Se fomenta un modelo individualista/egoísta de promoción personal dentro del sistema en detrimento de la defensa del colectivo, lo que antes se conocía como “conciencia de clase trabajadora”. Esto en cuanto a las clases trabajadoras, sin embargo los empresarios siguen teniendo muy clara su pertenencia a su clase social, la dominante (“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando” Warren Buffett)

Ya no se pretende mejorar la situación del colectivo sino emular el ejemplo neoliberal del hombre hecho a sí mismo. Un ejemplo Steve Jobs.

Antes podías durar años e incluso toda la vida en un centro de trabajo. Hoy, un día estás en un sitio y mañana puedes estar en otro, flexibilidad laboral beneficiosa para el empresario y perjudicial para el trabajador. Hay hasta contratos por hora, e incluso horas de trabajo sin contrato.

Los problemas laborales existían antes y ahora. Antes cuando había un problema laboral se enfrentaba colectivamente. Ahora se enfrenta individualmente o ni siquiera se enfrenta, se asume como normal o inevitable: por falta de formación o auto formación por parte de los trabajadores, por miedo a sufrir represalias, por el deseo de prosperar dentro del escalafón jerárquico…Currantes que defienden la ley aunque vaya contra ellos. Asumen la propaganda interna: empatizan más con el empresario que con quien pudieran establecer una relación de igual a igual. ¿Será por comodidad para el trabajador, adoptar una postura pasiva en el conflicto de manera que no sienta necesidad de luchar, pensar o cuestionarse su situación “porque la vida es así”? Y así acabar aceptando las leyes, la justicia, el empresario, etc, tal y como se le presentan.

Desaparece la conciencia y la lucha que había antes. El concepto de “clase obrera” se pierde en la llamada “clase media” desestructurada e individualizada. Es más, esa propaganda sistémica se cuela hasta tal punto en el imaginario colectivo de manera que incluso las personas trabajadoras no quieren identificarse con una “clase baja”. El sindicalismo ya no es entendido como organización en el trabajo para la defensa del grupo, quedando absorbido por el sistema, desgastado, vacío de contenido y a la venta. Todo parece apuntar a que lo mismo está ocurriendo con otras luchas: feminismo, ecologismo, etc. La mafia de las instituciones acoge y adopta todos estos términos de lucha a su discurso en forma de propaganda/publicidad trazando una línea muy estrecha en la que se sitúa lo “moralmente aceptable” frente a lo “radical anti-sistema”, llegando incluso a utilizar toda la fuerza represiva del Estado contra estos últimos.

¿Seguimos viendo a los niños jugar en la calle?; ¿conocemos a nuestros vecinos?; ¿tenemos compañeros en el puesto de trabajo?; ¿a quién abrimos la puerta?…

Cita X de «La conquista del pan»

El hombre no es sin embargo un ser que pueda vivir exclusivamente para comer, beber y procurarse albergue. A partir de que se hayan satisfecho las exigencias materiales, se presentarán más apasionadamente las necesidades a las cuales puede atribuírseles un carácter artístico. Tantos individuos equivalen a otros tantos deseos, y cuanto más civilizada está la sociedad y más desarrollado el individuo, estos deseos son más variados.
La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita IV de «La conquista del pan»

Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización que nos enorgullece. Otros millones, diseminados por todo el globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, en menos de cincuenta años no quedarían más que escombros. Hasta el pensamiento, hasta la invención, son hechos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores, conocidos o desconocidos, muertos en la miseria, han concebido esas máquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y pensadores han trabajado para elaborar el saber, extinguir los errores y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no han sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores? ¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, tanto en lo físico como en lo moral, por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases? ¿No tomaron su impulso de todo lo que les rodeaba?

Ciertamente, el genio de un Seguin, de un Mayer o de un Grove, ha hecho más por el desarrollo de la industria que todos los capitalistas del mundo. Pero estos mismos genios son hijos de la propia industria, igual que de la ciencia, porque ha sido necesario que millares de máquinas de vapor transformasen, año tras año, a la vista de todos, el calor en fuerza dinámica, y esta fuerza en sonido, en luz y en electricidad, antes de que esas inteligencias geniales llegasen a proclamar el origen mecánico y la unidad de las fuerzas físicas. Y si nosotros, los hijos del siglo XIX, al fin hemos comprendido esta idea y hemos sabido aplicarla, es también porque, para ello, estábamos preparados por la experiencia cotidiana. También los pensadores del siglo pasado la habían entrevisto y enunciado, pero quedó sin ser comprendida en su totalidad, porque el siglo XVIII no creció, como nosotros, junto a la máquina de vapor. Pensemos solamente en que si Watt no hubiese encontrado en Soho trabajadores hábiles para construir con metal sus presupuestos
teóricos y perfeccionar todas sus partes –y hacer por fin el vapor, aprisionándolo dentro de un mecanismo completo, más dócil que el caballo, más manejable que el agua, hacerlo, en una palabra, el alma de la industria–, podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que han permitido revolucionar la industria moderna.

Cada máquina tiene la misma historia: una larga serie de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que han añadido a la invención primitiva esas pequeñeces sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aun más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria. Todo se entrelaza: ciencia e industria, saber y aplicación. Los descubrimientos y las realizaciones prácticas que conducen a nuevas invenciones, el trabajo intelectual y el trabajo manual, la idea y los brazos. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor
parcela de ese inmenso todo y dice: “Esto es sólo mío y no de
todos”?

La conquista del pan. Piotr Kropotkin

Cita VIII de «La conquista del pan»

Ese muchacho, perezoso para el latín y el griego, trabajará como un negro si se lo inicia en las ciencias, sobre todo a través del trabajo manual. Esa jovencita reputada como una nulidad para las matemáticas será la primera matemática si ella da azarosamente con alguien que la sepa interpretar y le explique aquello que ella no comprende de los elementos de la aritmética. Y aquel obrero, negligente en la fábrica, rotura su jardín desde el alba mientras contempla cómo el sol se levanta y caen la tarde y la noche, hasta que toda la naturaleza entra en reposo. Alguien ha dicho que el polvo es la materia que no está en su sitio. La misma definición se aplica a las nueve décimas de los llamados perezosos. Son personas desorientadas en una senda que no responde a su temperamento ni a sus capacidades. Leyendo las biografías de los grandes hombres, sorprende el número de “perezosos” entre ellos. Perezosos en tanto no encontraron su verdadero camino, y laboriosos a ultranza más tarde. Darwin, Stephenson y tantos otros figuraban entre esos perezosos.

Muy frecuentemente, el perezoso no es más que un hombre a quien repugna hacer toda su vida la dieciochava parte de un  alfiler o la centésima parte de un reloj, cuando se siente con una exuberancia de energía que quisiera gastar de otra manera. También con frecuencia es un rebelde que no puede admitir la idea de estar toda su vida clavado en ese banco, trabajando para proporcionar mil satisfacciones a su patrón, sabiéndose mucho menos estúpido que él, y sin otra culpa que la de haber nacido en un cuartucho, en vez de haber venido al mundo en una mansión.

Finalmente, buen número de perezosos no conocen el oficio con el que se ven obligados a ganarse la vida. Viendo el objeto imperfecto salido de sus manos, esforzándose vanamente en hacerlo mejor y comprendiendo que nunca lo conseguirán a causa de los malos hábitos de trabajo ya adquiridos, toman odio a su oficio y, por no saber otro, hasta al trabajo en general. Millares de obreros y de artistas fracasados se hallan en este caso. Al contrario, aquel que, desde su juventud, ha aprendido a tocar bien el piano, a manejar bien el cepillo, el cincel, el pincel o la lima, de manera de sentir que lo que hace es bello, no abandonará jamás el piano, el cincel o la lima. Él encontrará placer en un trabajo que no lo fatigará, mientras no esté desbordado.

Bajo una sola denominación, la pereza, se han agrupado toda una serie de resultados debidos a causas distintas, cada una de las cuales podría convertirse en fuente de bienes en vez de ser un mal para la sociedad. Aquí, como para la criminalidad, como para todas las cuestiones concernientes a las facultades humanas, se han reunido hechos que nada tienen en común entre sí. Se les llama pereza o crimen, sin siquiera tomarse el trabajo de analizar sus causas. Hay premura en castigar, sin preguntarse siquiera si el mismo castigo no contiene una prima a la “pereza” o al “crimen”*.

La conquista del pan. Piotr Kropotkin