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Electoralismos

Cada hombre un voto, se decía cuando el derecho al voto era censitario, esto es, dependiente de unos ingresos determinados. Se luchó mucho por conseguirlo, y por evitarlo. Se temía que la extensión del derecho llevase al caos o al “socialismo”. Se implantó, finalmente, y no pasó casi nada. Los conflictos sociales se seguían dilucidando en las calles y los tajos, con mayor o menor dureza. En el parlamento, todo lo más, se reflejaban de vez en cuando. Más adelante algunas mujeres exigieron su derecho: eran las sufragistas. Las apalearon, las humillaron, las encarcelaron, pero al final consiguieron su derecho. Sorprendentemente, ni hubo akelarres en las calles (una pena, son ceremonias muy vistosas), ni se transformó la sociedad en feminista.

Es curioso, que con todo lo que se ha luchado por un sistema electoral (parlamentario en estas latitudes ) sus éxitos parecen más propios de la voluntad de sus defensores que de los hechos históricos. Tal vez falla la cuestión de base. Consideramos, porque así nos lo enseñan, que democracia y electoral son la misma cosa. Que una sociedad democrática es una sociedad que vota. Sin más. Y no es verdad.

El acto de votar es hermoso, es un ritual evocador de la democracia. “Habla pueblo, habla”, se decía en la transición (o transacción). Y así gusta que hable, de manera educada, formal y ordenada. Justo como no se expresa el pueblo “soberano” (de la caraja que lleva). Pero el pueblo, cuando habla, suele ser brutal, áspero y arrollador. Todo lo contrario, vamos. Pero el ritual es bonito, vamos a reconocerlo. Eso sí, como todo ritual encierra una mentira y una historia de dominación y sumisión.

Electoral viene de elegir, al contrario que democracia, que habla de quien gobierna, quien manda. En el sistema electoral eliges quien, o quienes, van a gobernar en tu nombre. Quien va a discutir sobre violencia de género, tus derechos (laborales y como persona en general), subvenciones (a gente rica, generalmente), la paz, la guerra…es decir, es un acto de cesión de soberanía a un tercero, que será quien tome las decisiones. Y en eso se aleja del ideal democrático, porque ya no gobierna el pueblo, sino sus representantes. Y no es lo mismo, claro. Seguro que es mejor que corea del norte (casi todo es mejor que eso, salvo tal vez Tele 5), pero no deberíamos confundir los términos. Si es democracia, no es electoral.

El trabajo en la edad media

El trabajo agrícola en la Edad Media.

Con la caída del Imperio romano de occidente dos siglos después de las reformas de Diocleciano Europa Occidental había quedado convertida en una sociedad rural en la que casi toda la tierra pertenecía a señores feudales (el resto quedó en manos de campesinos libres: colonos y villanos) y siendo trabajada por una clase social de personas que no la poseían, los siervos (herederos de la reforma de Constantino del año 322).

Estos siervos estaban sometidos a un régimen que les imponía:

  • El siervo no podía abandonar el feudo.
  • Pertenecía al patrimonio del señor feudal.
  • Tenía que dar parte de su producción y/o trabajar un número de días las tierras del señor

A cambio obtenían protección y manutención por parte del señor.

Hacía finales del siglo XI grandes avances en la agricultura acompañados de una ampliación importante de la superficie de terrenos cultivables generaron un excedente de producción en el campo. En paralelo se dio una importante expansión del comercio en gran parte facilitado por el excedente agrícola. A partir de este momento la producción agrícola se empleó preferentemente no para el autoconsumo sino para la venta en ferias/mercados. A la par que estos procesos (y para permitirlos) las relaciones sociales comenzaron a cambiar y la servidumbre se relajó.

A medida que este cambio en las relaciones sociales se fue asentando los campesinos comenzaron a obtener un plus de ingresos durante los meses de parada agrícola trabajando para burgueses (mercaderes). Sin embargo esta relación económica no fue una relación equilibrada, y pronto provocó el endeudamiento del campesino (proceso paralelo al endeudamiento del artesano) y finalmente su conversión en asalariado.

Artesanado urbano en la Edad Media.

A medida que transcurre la Edad Media (siglo XI aproximadamente) Europa vivió el auge de las ciudades (expansión comercial), en las cuales se asentó una nueva clase social de artesanos y comerciantes que no estaba sujeta al régimen de servidumbre: los burgueses.

El trabajo realizado por los artesanos tenía varias características diferenciadoras respecto al trabajo capitalista:

  • Escasa división del trabajo.
  • No hay una periodización clara del tiempo de trabajo (no existen ni jornadas, ni calendarios de trabajo).
  • La producción se realizaba para el autoconsumo y para vender en el mercado. Por lo tanto el trabajo artesano estaba muy vinculado a la demanda.
  • Este trabajo tiene fundamentalmente un valor de cambio.
  • Son independientes, controlando tanto el proceso de producción como los medios de producción.
  • Controlan los tiempos de trabajo siendo la separación entre tiempo de trabajo y ocio difusa.
  • Valoran la destreza y la calidad, los productos están realizados con esmero y precisión dando un alto valor añadido a los mismos.
  • Normalmente la producción era local pero con el paso del tiempo se extiende a mercados lejanos.
  • Los artesanos se agrupaban por oficios (totalidad de la actividad) en gremios.

El tiempo de trabajo.

El ritmo de trabajo de los artesanos nunca estuvo marcado por la maximización del beneficio como ocurre en la sociedad capitalista si no por la necesidad de cubrir las necesidades inmediatas de los trabajadores.

En el día a día de los artesanos el trabajo y el ocio fluían en un continuo en el cual los dos elementos se fusionan, siendo las jornadas irregulares pero sin empezar nunca antes del amanecer ni prolongarse más allá del anochecer. Un día de trabajo de un artesano comenzaría con la salida del sol, tras desayunar empezaría a trabajar tranquilamente, más tarde haría un paro para comer y echar una siesta tras la cual continuaría el trabajo, finalmente terminaría antes del anochecer para cenar y descansar.

Está cadencia de trabajo/ocio no era igual a lo largo de la semana ni del año. No existía un calendario laboral explicitado, sino vinculado a los ciclos naturales, fiestas y celebraciones populares. El tiempo dedicado al trabajo comenzaba el martes y se iba incrementando poco a poco hasta el sábado que era el día de mayor esfuerzo (siendo aún así menor que el de una jornada normal de un trabajador actual). El sábado por la tarde se recibía la paga y se dejaba de trabajar hasta el próximo martes.

Este ritmo de trabajo semanal estaba además modulado tanto por unas cadencias anuales, como por ejemplo la ocurrencia de ciertas condiciones (lluvias, viento, etc), como por un sinfín de fiestas tanto oficiales como especiales (bodas, nacimientos o defunciones).

Así tenemos que los trabajadores en la edad media tenían un ritmo de vida relajado en el cual trabajaban poco tanto a lo largo del día como del año y únicamente para cubrir sus necesidades, siempre controlando los tiempos de trabajo y nunca dejando de lado el ocio y la vida privada.

Con el paso del tiempo y la introducción de las máquinas estos artesanos resistieron con energía y empeño los intentos de quitarles el control de los tiempos de trabajo. Por el contrario el objetivo de los primeros capitalistas fue disciplinar a los trabajadores, obligar a mantener unos horarios fijos, una intensidad en la producción, doblegar sus tradiciones en cuanto a sociabilidad, festividades, autonomía, etc.

El espacio de trabajo: Los talleres

El taller no es solo el lugar de trabajo, es la unidad productiva y social de la ciudad durante la Edad Media. No eran entidades aisladas, si no que se relacionaban entre ellos de distintos modos, por ejemplo mediante redes de subcontratación del trabajo.

El taller es el lugar en el que el artesano se relaciona socialmente y en el que ocurre la vida privada. Esto lo facilita el hecho de que el trabajo en el taller no es exclusivo del padre de familia sino que toda la unidad familiar trabaja (hijos, miembros no consanguíneos y mujeres) y el que por lo general estos talleres eran una estancia más de la vivienda familiar al igual que en la antigua Roma.

El trabajo en el taller estaba jerarquizado de tal forma que el varón (padre de familia) es el único con derecho de ser el maestro artesano (derecho convalidado por el gremio a través de la misma carta de examen). Por debajo del maestro artesano se encontraban los oficiales, estos cobraban por su trabajo y eran miembros del gremio por derecho.

En la parte más baja del escalafón gremial se encontraban los aprendices, a los cuales el maestro estaba obligado a alojar y alimentar y este a cambio enseñaba el oficio (por lo general en un periodo de varios años), periodo tras el cual eran admitidos en el gremio y pasaban a ser oficiales.

Mención especial recibe el trabajo de las mujeres que tuvo gran importancia al comienzo de la Edad Media participando en todas las profesiones en mayor o menor medida siendo admitidas en los gremios en términos de igualdad respecto a los hombres y que fue perdiendo peso con el paso del tiempo por la influencia de la Iglesia y las clases altas burguesas, finalmente alrededor de los siglos XIV o XV fue prohibida la aceptación de mujeres en los gremios. Aún así las mujeres continuaron teniendo presencia en el mundo gremial pero este trabajo por lo general ya no estaba regulado por el gremio (aunque pervivieron determinados gremios de mujeres como las bordadoras de seda y oro de París).

Los gremios

Dentro del concepto de gremio se incluyen múltiples realidades diferentes (que van desde universidades hasta los oficios) con algunos puntos en común. Por lo tanto dar una definición completa y que incluya todas estas realidades puede incurrir en errores en determinados casos, aún así se puede dar una visión simplificada de la idea de gremio en la Edad Media.

Los gremios son instituciones compuestas por personas de un mismo oficio que se encargan de regular la actividad industrial y a veces la comercial en el área de una ciudad, localidad o área de influencia de estas. Pueden ejercer esta regulación gracias a que consiguen del poder político un privilegio (libertad) de practicar su oficio en un área determinada.

Los gremios tienen el privilegio y las atribuciones para:

  • Cobrar una cuota.
  • Controlar la entrada al gremio mediante el aprendizaje y la carta de maestría.
  • Organizar el currículo artesano (mediante el aprendizaje).
  • Controlar la cantidad y calidad de la producción.
  • Intervenir en la fijación de precios y salarios.
  • Comprar y almacenar de forma colectiva las materias primas que necesitan los agremiados.
  • Gestión de los impuestos de los agremiados.

Por encima de todas las atribuciones del gremio, existe una característica fundamental de los mismos que marcó el trabajo a lo largo de la Edad Media: Los gremios responden a un modelo de economía moral.

Esta economía moral no persigue la maximización de los beneficios como ocurre en el capitalismo, sino la calidad de la producción, la autonomía del productor y el bien del gremio en conjunto. Esta economía moral parte de la idea de que es el gremio la herramienta para mitigar las desigualdades entre los agremiados y para garantizar unos ingresos estables y una calidad de vida al agremiado aún en momentos de dificultad.

Para conseguir estos objetivos el gremio disponía de una garantía de asistencia social (la corporación ayuda a los miembros que pasan una mala racha: enfermedad, falta de trabajo, etc). Además para mitigar la diferencia entre el agremiado más rico y más pobre el gremio disponía de mecanismos equilibradores (lógica de la desigualdad limitada) como el reparto de materia prima con preferencia a los más desafortunados, o el pago de impuestos en función de los ingresos.

Por lo tanto los gremios no eran solo entidades económicas sino políticas.

La regulación de los gremios es colectiva. Los miembros crean estas regulaciones, deciden el tamaño del gremio, comparten costes de formación, deciden los códigos de conducta, regulan la calidad y cantidad del producto, etc.

Para asegurarse del cumplimento de esta regulación, el gremio tiene mecanismos sancionadores como las multas, el escarnio público e incluso el castigo físico. Este control era ejercido por los “sindicos”, miembros elegidos del gremio que mediante la inspección velaban por el cumplimiento de la regulación colectiva.

La decadencia de los gremios

En algún momento de la Baja Edad Media ocurren una serie de cambios en el sistema productivo que suponen un punto de no retorno para el sistema gremial.

El auge del comercio (y el comercio de larga distancia) provocó que gradualmente los mercaderes se fuesen haciendo sedentarios y acumulasen poder y riqueza. Como contrapartida el artesano que ya no puede soportar los costes asociados al comercio se va endeudando con el mercader (mientras que en paralelo se desarrollan las herramientas financieras que permiten esta nueva forma de relación de poder) hasta que este finalmente se hace con el control del proceso de producción.

El mercader a través de la deuda se convierte en propietario de los medios de producción y distribuidor de la materia prima y crea una nueva forma de relación: el asalariado.

Así con esto nos encontramos un punto en el que el mercader adelanta el capital para la compra de la materia prima y de los medios de producción y el artesano trabaja a cambio de un salario pero manteniendo todavía el control de los tiempos y procesos productivos.

sobre la mayoría

Un grupo de 10 amigas y amigos adolescentes se reúnen en su banco del parque del barrio. El grupo lo componen, siete chicos y tres chicas. De los chicos, Mustafá es el más nuevo del grupo, viene de Senegal y todavía no habla bien castellano por lo que le cuesta seguir la conversación, la cual además se acelera en los momentos de mayor tensión. Entre los chicos se encuentra también Mariano, un chico de fuerte carácter que sabe fijar la atención de sus amigos cuando habla, y que además no acepta de buen grado que se le lleve la contraria. Para esta tarde no tienen un plan de antemano, por lo que comienzan a debatir sobre lo que pueden hacer las horas siguientes. Tras un rato de discusión acalorada, comenta uno de ellos a los demás que reparen en que está pasando el tiempo y no están haciendo nada divertido, tan sólo discutir. Entonces, Mariano toma la palabra para resumir las tres opciones que han salido durante la discusión: ir a jugar a fútbol, ir al centro comercial a la sección de videojuegos, o ir al supermercado y comprar bebidas y hacer un botellón. En seguida, diferentes voces claman por votar y resolver el asunto de una vez por todas. Decir también que existía una opinión diferente, propuesta por Claudia, que consistía en acercarse al nuevo centro social del barrio porque iba a celebrarse una lectura de poesía, y añadiendo: “Puede que no parezca muy divertido, pero van a asistir un montón de gente del barrio y del otro colegio, y luego podemos conocerles.” Como Claudia es un poco tímida y su voz es de volumen bajo, parece que su propuesta no ha sido escuchada, ni incluida en el resumen de Mariano, por lo que los demás amigos la olvidan inmediatamente. Claudia, al darse cuenta que su propuesta no ha sido considerada, intenta tomar la palabra para continuar el debate, pero enseguida es silenciada por los demás mediante un “tsssss…que vamos a votar”. Mariano enuncia la primera propuesta y tres levantan la mano. Continúa con la segunda, y sólo Jorge levanta la mano. Termina con la tercera, a la que se unen dos más. Pedro y Juana conversaban entre sí distraídamente durante la votación, así que no participaron. Claudia, en cambio se quejó airadamente del método utilizado para tomar la decisión, argumentando que lo más interesante según su punto de vista, ni se había considerado. Mustafá, por su parte, no había entendido nada, así que no pudo participar de la votación. Al ser Mariano un chico de influyentes opiniones, tanto Sergio como Juan, sus admiradores irreflexivos, se habían unido a su propuesta de ir al centro comercial, por lo que al ser tres, representaban mayoría respecto a los 6 que habían votado. De esta forma, parecía claro para las adolescentes mentes de los votantes, que tenían que ir al centro comercial, por lo que comenzaron a caminar en su dirección. Pedro y Juana preguntaron entonces: “¿Dónde váis?”. “Vamos, que hemos decidido ir al centro comercial.” “Pero un momento, ¿alguien me quiere escuchar?, insiste mosqueada Claudia sin recibir respuesta. Y desde la distancia ya recorrida, gritaba Mariano mientras lanzaba el balón a Mustafá: “¡Mustafá, vete a devolver el balón, que ya no lo necesitamos!” 

…la democracia.

DESCUBRIENDO ESCRITORAS

Estamos en tiempos de regalos y qué mejor que un libro para que la persona que lo reciba pueda encontrar un mundo nuevo.

Los libros deberían ser asexuales, es decir, un libro es un libro ya sea escrito por un hombre o una mujer. Un libro es para ser leído, disfrutado, manoseado, imaginado,… por toda aquella persona que lo encuentre y lo lea. Los libros acompañan, enseñan, hacer soñar, muestran otras vidas o todas las vidas.

Pero si esto es así ¿por qué cuesta tanto atribuirles ciertas obras a mujeres escritoras? ¿ Por qué se busca la excusa del género literario para atribuirles autorías diferenciadas por género hombre/ mujer? ¿Por qué cuándo destacamos un libro escrito por una mujer se acude a su única o mejor creación y cuando es a un hombre es otra de sus obras maestras?

Es obligación de todas y todos reivindicar a las autoras, dar visibilidad a las mujeres autoras que las editoriales no tengan que poner las iniciales porque una mujer no puede escribir ficción a la altura de los hombres ( J.K. Rowling y un largo etc.) Ya no usan seudónimos masculinos (George Sand pseudónimo de: Amantine Lucile Aurore Dupin ) para poder publicar pero se sigue marginando en función de que sectores y no reconociendo que las mujeres no escriben para mujeres escriben para personas.

Además de rescatar del olvido a todas aquellas mujeres que a lo largo de la historia han escrito obras en los distintos géneros literarios.

Nos gustaría fijar la atención en dos autoras que este grupo ha trabajado en sus grupos de lectura: Mary Shelley (Frankestein) y U. K. Leguin ( Los desposeidos y La mano izquierda de la oscuridad).

Respecto a la primera cabe preguntarnos que si el autor hubiera sido masculino no se resumiría a una historia de miedo escrita en una noche de tormenta sino que hubiera tenido sesudos estudios de que se quería contar en cada línea con tientes científicos y filosóficos. Es ahora 200 años después cuando se está empezando a desgranar la obra para encontrar ideas terriblemente modernas que adelantó Shelley en 1818.

La segunda, Úrsula K. Leguin tuvo algo más suerte porque ha ganado y ha sido reconocida en en la genialidad de sus obras y en un género en el que se destaca las obras de los hombres pero no tanto de las mujeres, cuando hay autoras no sólo a la altura sino más alto que muchos hombres. Todo esto no le valió a Úrsula en sus comienzos cuando lo único visible era su apellido precedido de sus iniciales para esconder el Úrsula.

Estos son solo dos ejemplos, pero hay multitud, al igual que debemos preguntarnos por qué se estudian épocas completas sin mencionar a ninguna autora (Generación del ´27 en España). Es hora de abrir visillos que han estado ocultando a tantas y tantas mujeres o detrás de sus parejas o cayendo en el olvido en una caja.

No sigamos la corriente y paremonos a pensar qué nos quieren inculcar desde pequeñas, cuando nos recomiendan unas lecturas y no otras. Porque como empecé diciendo, los libros son asexuales, son historias listas para que alguien las encuentre, pero eso será cuando las mujeres tengan el mismo protagonismo que los hombres en la literatura. Mientras tanto tendremos que luchar por reivindicar a las mujeres escritoras.

Para profundizar en este tema:

https://ctxt.es/es/20181226/Culturas/23440/literatura-mujeres-igualdad-nerea-balinot.htm

Tu responsabilidad. Tu compromiso.

Cuando hablamos de relaciones laborales pensamos que la principal manera de disciplinar al empleado por parte del empleador es la coacción y la amenaza. Seguimos teniendo la imagen del empresario capitalista cómo un señor con sombrero de copa, látigo y puro. Bien, de esos todavía quedan bastantes, al menos en este trozo de tierra calurosa y requemada. Pero hay que darse cuenta de que el capitalismo es un sistema en constante evolución para mantener los privilegios y beneficios de una minoría contra el resto. Y el jefe también evoluciona: ahora es un personaje dinámico, buen rollo y un poco hippy (pijo-jipy), a la manera de Steve Jobs. Este individuo no va a usar la fuerza como primera opción de disciplinarnos. Este tipo tan majo intentará hacerse pasar por tu colega, querrá que te impliques en la “labor social de la compañía “, te pedirá compromiso con los objetivos de la empresa. Responsabilidad con tus objetivos (que no son pagar la letra del piso, por supuesto). Compromiso y responsabilidad para que cumplas con la tarea exigida. Para que te ofrezcas tu mismo a estar disponible para la empresa. Para que no seas un “simple empleado que llega su hora y se va a casa sin más. Queremos que te impliques. Queremos ver pasión en tu trabajo”. Más de uno esta torciendo el gesto, la historia le suena. Como también le sonarán las divertidas jornadas maratonianas para sacar adelante el proyecto o las cañas con el jefe, que se dan con total naturalidad porque somos “una empresa horizontal y aquí no hay jefes, sino responsables”. Y picamos, porque nuestro jefe es majo, escucha a radiohead y se interesa por nuestra vida personal. Y si falla todo, siempre puede sacar el puro y el látigo del cajón.

Ante esto, ¿qué hacer? Lo primero desmontar toda esta propaganda corporativa. Aunque os van a decir lo contrario nuestro negociado no es la labor social de la compañía. Eso ni nos va ni nos viene. Nuestro objetivo es el puto dinero que nos pagan por ocho horas de curro para llenar la nevera de comida y pagar las mil quinientas cosas que al estado, colaborador necesario de la pantomina, se le ocurre que tenemos que pagar. Somos trabajadores, no colaboradores. Tu jefe es tu jefe, toma decisiones y te obliga a realizar las tareas que no sabe o puede hacer a cambio de un jornal. Le pueden cambiar la cara, pero siguen siendo los mismos. Unos con puro y látigo y otros, más modernos, con pulseritas de colores y palmaditas  en la espalda. Solo quieren exprimirte.

El trabajo durante el imperio romano

El trabajo durante el Imperio Romano

En la cultura greco-romana se consideraba indigno verse obligado a trabajar para vivir. Culturas en las que se valoraba la posesión de tierras y no la acumulación de riquezas.

Este modo de pensamiento era el dominante en unas sociedades en las que el trabajo era tarea de esclavos, plebeyos (ciudadanos sin derecho a voto) y libertos, excluyendo a las clases altas que únicamente se dedicaban al ocio y la administración de lo público.

El trabajo esclavo

El empleo de esclavos como mano de obra varió durante la civilización romana, inicialmente solo se usó como mano de obra en los grandes latifundios agrícolas. Con la expansión de Roma se incrementó espectacularmente el número de esclavos (prisioneros de guerra) y esto supuso que se comenzasen a emplear además de en las labores agrícolas en el servicio doméstico, actividades comerciales, trabajo manual y cualificado.

Con el fin de la expansión de Roma (Bajo Imperio) se deja de obtener mano de obra esclava por la vía de los prisioneros de guerra ya que al no haber nuevas campañas de expansión del Imperio no había tantos prisioneros de guerra, además se recrudecen los levantamientos de esclavos y aparece la presión de los nuevos valores traídos por el cristianismo. Debido a todo esto el trabajo esclavo comienza su declive.

Los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. Carecían de personalidad jurídica, de bienes, y hasta de familia propia. El esclavo no tenía derecho ni almatrimonio ni alparentesco ni a lapropiedad, por lo tanto cuando tenían hijos estos eran vendidos como esclavos. A estas normas se solían escapar los esclavos de ciudad a los cuales los amos frecuentemente les permitían tener familia y incluso llegar a comprar su libertad.

La vida de un esclavo dependía en gran medida del trabajo que realizaba:

  • Los que tenían peor calidad de vida eran los que estaban asignados a trabajar en las minas.
  • Después se encontraban los esclavos agrícolas.
  • Finalmente nos encontramos a los esclavos domésticos de las familias ricas de Roma y los esclavos de propiedad pública (servus publicus), que disfrutaban del nivel de vida más alto posible para un esclavo romano. A pesar de todo su alojamiento y comida eran de una calidad notoriamente inferior a la de los miembros libres de la familia pero comparable a la de muchos romanos libres, pero pobres.

El trabajo en la ciudad. Los oficios.

La producción artesanal se realizaba en los talleres, talleres que se encontraban en las ciudades. Esta producción artesanal era muy diversa incluyendo: alimentos procesados (pan, cerveza), herrería, perfumería, ropas y tejidos, joyería, cristalería, alfarería, cuero, etc.

Estos artesanos tenían como costumbre agruparse en los “collegía”, asociaciones voluntarias (con las reformas de Diocleciano en el Bajo Imperio esta colegiación se vuelve obligatoria) de artesanos de oficio a nivel municipal que tenían como objetivo defender sus intereses y elegir sus representantes públicos.

El trabajo dentro del taller se organizaba: En el taller romano trabajaban el propietario del taller que era un liberto (hombre libre) y uno o varios esclavos que hacían de peones, aunque a este modelo existieron numerosas excepciones, sobre todo en los talleres de alfarería en los cuales podían llegar a trabajar gran número de libertos.

En cuanto al taller mismo, era una estancia más de la vivienda del artesano y allí se realizaba tanto la producción como la venta de los bienes producidos.

El trabajo agrícola

Inicialmente el campo estaba dividido entre pequeños propietarios libres que trabajaban ellos mismos la tierra y grandes latifundios en los que se empleaban esclavos para realizar el trabajo. Con el paso del tiempo estos pequeños propietarios fueron desapareciendo y el campo cayó en manos de los grandes latifundistas.

Durante el Bajo Imperio Romano los esclavos escaseaban y los grandes latifundistas comenzaron a liberar a sus esclavos, los cuales recibían una parcela de su tierra (arrendados) a cambio de una parte de su producción y de trabajar también las tierra del terrateniente y estaban exentos de pagar impuestos ya que los pagaba el señor. Después de las reformas de Diocleciano este proceso se extendió a los escasos campesinos libres que ya no podían pagar sus impuestos y a un gran número de plebeyos procedentes de las ciudades en busca de sustento en el campo (colonos). Finalmente con la reforma de Constantino del año 322 el colono pasó a vivir en un régimen muy cercano a la esclavitud. Sus libertades quedaban muy limitadas y entre otras ni él ni sus hijos podían marcharse o casarse sin la autorización del señor. En contrapartida, el señor no podía expulsar a los colonos ni variar sus alquileres o deberes.

historia del trabajo

Continuamos con una serie de artículos que publicaremos quincenalmente en torno a la historia social del trabajo, artículos en los cuales se quedan fuera muchos aspectos importantes como la historia del trabajo en Asia, África (por falta de documentación nos hemos centrado en una historia del trabajo eurocentrista) o el trabajo en la prehistoria.

El objetivo de esta investigación es la de dar unas pinceladas en la evolución de las condiciones del trabajo desde su comienzo hasta nuestros días. Dividiendose en las distintas etapas productivas que ha seguido el trabajo hasta la actualidad.

Bibliografía

8M

¡¡8M La mujer nueva está hablando para todas. Gritemos para que se oiga su voz!!

Hoy se escribirá mucho, se opinará, … sobre la MUJER y sus reivindicaciones. Hoy la mujer es la protagonista, el centro, por lo que nuestro colectivo prefiere dar la palabra a la realidad. Y la realidad, hoy más que otros 8 de marzo está en la calle y en la huelga, haciendo visible aquello por lo que luchamos todos los días: un mundo libre de machismo destruyendo al sistema patriarcal. Destruir para construir desde el feminismo, desde la igualdad absoluta.

Hoy más que nunca nos vemos en las calles mujeres y hombres luchando por el feminismo.

Mañana volveremos a debatir, analizar, leer,… en fin, a hacer un trabajo más personal, hoy es para formar una voz común :

DIA DE LUCHA FEMINISTA

Pos-Trabajo. 1

Deconstrucción de la clase trabajadora. Evolución de nuestro desclase o  involución de nuestra clase.

En Madrid, en los años 60/70 hay constancia de vida colectiva en los barrios obreros, que era la traslación del modo de vida rural a ambientes urbanos. Los portales estaban abiertos y los vecinos se conocían; se ayudaban entre ellos superando, incluso, los conflictos personales que tuvieran (no necesitaban caerse bien). Las Asociaciones de Vecinos funcionaban apoyándose, igual que las casas de cultura o regionales. Esta forma de funcionar se trasladaba a los puestos de trabajo. Si bien, hablamos por experiencias vividas en nuestros entornos, no es de extrañar que estas mismas situaciones se produjesen en otros sitios como Barcelona, Valencia, Bilbao o Roma… En contraste hoy, bombardeados de propaganda, estas dinámicas y formas de organización han quedado en desuso y franca decadencia.

Hoy se dice que Amancio Ortega es un buen hombre (“nos da trabajo”) o que Mercadona es un referente de empresa donde trabajar. Se hace defensa de los empresarios por parte de los trabajadores, imbuidos en esa propaganda global, donde participar de fiestas y homenajes al empresario que te explota es la forma de agradecimiento por tener trabajo (aunque en muchos casos también es una participación obligada o “sugerida”).

En estos días en series de TV, Películas, etc. se muestra a las clases específicamente trabajadoras como torpes y “tontas”, mientras que las llamadas clases acomodadas (profesiones liberales) aparecen como ejemplo y referente a seguir. La percepción social del individuo se reduce a su poderío económico. Todo se basa en ganar dinero. No en vano se habla de que vivimos en una sociedad de consumo.Todo apunta a que el problema radica en que el referente humano actual para muchas personas asalariadas-explotadas es el empresario “de éxito”, mientras que en otros tiempos existía otro referente, que principalmente era el colectivo o algún grupo obrero destacable.

Parece que la propaganda del capitalismo a favor de la auto explotación y dejación va ganando la batalla en el imaginario colectivo. Esta propaganda se trabaja desde los medios de comunicación y todas las instituciones, comienza en el Sistema Educativo/Cultural y se mantiene a través del Judicial, Policial… a través del miedo y fomentando la sumisión, realzando la figura de los propietarios-empresarios.

Esta propaganda, aunque apesta, funciona.

Se fomenta un modelo individualista/egoísta de promoción personal dentro del sistema en detrimento de la defensa del colectivo, lo que antes se conocía como “conciencia de clase trabajadora”. Esto en cuanto a las clases trabajadoras, sin embargo los empresarios siguen teniendo muy clara su pertenencia a su clase social, la dominante (“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando” Warren Buffett)

Ya no se pretende mejorar la situación del colectivo sino emular el ejemplo neoliberal del hombre hecho a sí mismo. Un ejemplo Steve Jobs.

Antes podías durar años e incluso toda la vida en un centro de trabajo. Hoy, un día estás en un sitio y mañana puedes estar en otro, flexibilidad laboral beneficiosa para el empresario y perjudicial para el trabajador. Hay hasta contratos por hora, e incluso horas de trabajo sin contrato.

Los problemas laborales existían antes y ahora. Antes cuando había un problema laboral se enfrentaba colectivamente. Ahora se enfrenta individualmente o ni siquiera se enfrenta, se asume como normal o inevitable: por falta de formación o auto formación por parte de los trabajadores, por miedo a sufrir represalias, por el deseo de prosperar dentro del escalafón jerárquico…Currantes que defienden la ley aunque vaya contra ellos. Asumen la propaganda interna: empatizan más con el empresario que con quien pudieran establecer una relación de igual a igual. ¿Será por comodidad para el trabajador, adoptar una postura pasiva en el conflicto de manera que no sienta necesidad de luchar, pensar o cuestionarse su situación “porque la vida es así”? Y así acabar aceptando las leyes, la justicia, el empresario, etc, tal y como se le presentan.

Desaparece la conciencia y la lucha que había antes. El concepto de “clase obrera” se pierde en la llamada “clase media” desestructurada e individualizada. Es más, esa propaganda sistémica se cuela hasta tal punto en el imaginario colectivo de manera que incluso las personas trabajadoras no quieren identificarse con una “clase baja”. El sindicalismo ya no es entendido como organización en el trabajo para la defensa del grupo, quedando absorbido por el sistema, desgastado, vacío de contenido y a la venta. Todo parece apuntar a que lo mismo está ocurriendo con otras luchas: feminismo, ecologismo, etc. La mafia de las instituciones acoge y adopta todos estos términos de lucha a su discurso en forma de propaganda/publicidad trazando una línea muy estrecha en la que se sitúa lo “moralmente aceptable” frente a lo “radical anti-sistema”, llegando incluso a utilizar toda la fuerza represiva del Estado contra estos últimos.

¿Seguimos viendo a los niños jugar en la calle?; ¿conocemos a nuestros vecinos?; ¿tenemos compañeros en el puesto de trabajo?; ¿a quién abrimos la puerta?…