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El voto antifascista

Por cosas de la vida, en Madrid volvemos a vivir nuevas jornadas históricas en las que todo se decide alrededor de ese acto inane consistente en meter un papel en una urna de plástico con el nombre del partido que ejecutará esa colosal tarea: la de dirigir nuestras vidas y ordenar la parte del Estado que les toca para proporcionarnos esas cosas tan necesarias como la Sanidad, la Educación, la Cultura y demás elementos importantes. Y la policía. El Estado nos da también policía y ejército, aunque ni los necesitemos ni los hayamos pedido. Bueno, uno es raro y prefiere tener cerca un médico antes que un policía.

He de confesar que este circo a tres pistas, que llamamos “campaña electoral”, me divierte más que a un tonto un lápiz. Para espanto de amigos y conocidos, disfruto con regocijo de esa perversión casi diaria de tertulianos políticos defendiendo con pasión sus posicionamientos alrededor de las más diversas cuestiones. Me resulta deslumbrante cómo mienten desde la pantalla de plasma (echo de menos poder decir catódico, me gustaba la palabra) en función de los argumentarios del partido político que defienden o de las últimas, a veces delirantes, declaraciones del gran líder (o Gran Timonel, como les gusta a los maoistas) de turno.

Sí, probablemente el partido político, el que sea, es una de las peores cosas que le ha pasado a esta sociedad, si acaso crees que deberíamos caminar hacia un horizonte de libertad, justicia e igualdad (que no uniformidad, conviene no confundirlo). Pero en mi perversa mente escucho con regocijo los argumentos de unos y otros a favor de sus absurdos posicionamientos.

Bien, al lío. En este caso la lucha partidista (¿lucha? ¿Alguien se cree que esta gente está en alguna lucha que no sea buscarse un bonito retiro en Iberdrola? ¿Sí? Me alegra que seas feliz) gira en torno a la dicotomía comunismo/fascismo. Los de las derechas (más o menos extremas) se presentan con el lema “comunismo o libertad”, argumentando que un gobierno formado por socialdemócratas (básicamente, los entornos de IU, cuyo programa es netamente socialdemócrata) y tecnócratas (psoe) va a generar una dictadura bolivariana que blablablabla (agotan, ¡que gente más pesada!). Según ellos su gobierno preservará las libertades individuales (concretamente las de evadir impuestos de las grandes fortunas) frente al comunismo, que es naturalmente contrario a la “libertad”. Lo que es profundamente falso, que aquí todos somos muy fans del “comunismo libertario”. Precisamente por eso pasamos bastante de estas cosas.

Los otros nos piden el “voto antifascistas”. Según estos hay que confiar en que un gobierno de “izquierdas” es la única manera de parar el fascismo, que amenaza con ocupar las instituciones. Diríase que no tienen otra cosa que ofrecer a sus potenciales votantes. Su mejor baza es no ser fachas y por eso ponen el acento en esa cuestión, que hay fascistas más o menos específicos en el parlamento (la asamblea de Vallecas). Claro, nadie parece caer en la cuenta de que, vaya, lo mismo el fascismo (o la ultraderecha, porque no toda la ultraderecha es “fascista”, aunque usemos el término para aclararnos) sube como la espuma ante la falta de soluciones efectivas que ofrecen a su público, las llamadas izquierdas, cuando ocupan el sillón de mando. Ni eliminan los desahucios, ni acaban con la especulación o la gentrificación, ni aplican planes de urbanismo que no incluyan el desarrollo de gigantescos barrios de viviendas aisladas (esos lugares horribles que llamamos PAU’s, donde sólo te puedes mover en coche y desaparece el concepto de barrio), ni aplican legislación laboral a favor del trabajador, ni eliminan legislaciones liberticidas como aquella “Ley Mordaza”…claro, por lo menos no son fascistas. Que bien, que majos.

Y que además incurren en un error de concepto. No es cierto que ahora el fascismo amenace con entrar en las instituciones. El fascismo lleva insertado en las instituciones desde toda la vida, forma parte de ellas. El estado español es un estado con un componente “facha” bastante importante. No es cierto que se combata al fascismo desde el escaño parlamentario o el puesto en la administración pública. No lo han hecho nunca y no van a empezar ahora.

Al fascismo se le combate en el día a día. Desde la calle, en la asociación en la que estés, donde realmente se vertebran las sociedades. El voto antifascista es mentira. Porque al estado, al sistema el fascismo no le molesta. Lo utiliza como forma de control social. O nosotros o el caos, te dicen. Lo mismo necesitamos caos, y alternativas reales a un orden social que reprime y está en contra de la vida de la gente.

En definitiva, queremos la Anarquía. Aunque nos divierta mucho este circo.

negacionistas y otras yerbas

El negacionismo parece ser el nuevo mal que enfurece a los ciudadanos de bien, aquellas personas “cívicas” y “responsables” que solo miran por el bien común (eso sí mientras que no les suponga mucho esfuerzo o no les perjudique en exceso) y aquellas que no miran tanto pero que nunca se pierden una ejecución pública. Bajo el término se incluyen a personas con ideas de lo más dispar, algunas absurdas, otras muy creativas, y algunas que tal vez no sean ni tan creativas ni tan absurdas. Todas estas personas probablemente tengan solo una cosa en común, están en contra de la configuración social actual, compuesta por toques de queda que se llaman “restricciones de movilidad nocturna”, estados de excepción llamados “estados de alarma” y toda una batería de medidas coercitivas y restrictivas más propias de una guerra que de una emergencia sanitaria. 

Por una extraña casualidad el poner en duda la eficacia de restricciones (a cada cual más creativa), de criterios supuestamente “científicos”, o la duda sobre la seguridad de una vacuna concreta (con una aprobación condicional) caen en el mismo saco que las ideas terraplanistas, de la tierra hueca, de los antivacunas y de conspiraciones varias. Acto seguido los medios de comunicación machacan a todo incauto televidente con el término NEGACIONISTA y con imágenes de los más vergonzantes integrantes del saco, para que ni por asomo se nos ocurra tener ideas que puedan parecer “negacionistas”. Una forma no tan creativa de aniquilar cualquier posible discurso disidente al mayoritario, lo que no es el discurso oficial es propio de los personajes más cómicos y de baja estopa de la sociedad, a los cuales nadie se quiere parecer. 

Sin embargo la inmensa mayoría de esas “cívicas” y “responsables”, lapidadoras públicas comparten un aspecto fundamental con las versiones más cómicas de las integrantes del odiado “negacionismo”, un aspecto que las acerca tanto como las dos caras de la misma moneda. Ni las unas ni las otras apoyan sus ideas en información contrastada, en conocimientos propios, etc. Las certeza de ambos grupos en sus ideas se sustentan en terceros, se sustentan sobre el principio de autoridad. Sus ideas son “verdaderas” porque las han escuchado/leído de determinados medios, de los “expertos” que aparecen en esos medios, del gobierno, etc. El principio de autoridad como forma de crear certezas tiene semejanzas con los actos de fé de las religiones y para desgracia de ambos significa que en cualquier momento tanto unos como otros pueden cambiar a la otra cara de la moneda… 

Sin embargo el conocimiento, el verdadero, el que enriquece al individuo, requiere reflexión, experimentación, tiempo y una dosis importante de duda y suspicacia y esto para desgracia de la humanidad no lo aprendemos en las escuelas, lo que sí aprendemos es el principio de autoridad… 

El despertador

Suena el despertador. No hago caso. Suena el despertador. ¿Donde estará el puto móvil? Anoche lo deje en… ¡aquí suena! A ver no se me caiga, que estos trastos cuestan una pasta…vale, apago la alarma y me dispongo a volver a la cama, porque hoy es Sábado, ¿verdad? No, hoy es Viernes. ¿Seguro? ¿Hoy no es Sábado? ¡Que No! ¡Que es Viernes!. ¡Joder! Pues tendré que levantarme a trabajar.

La vida es una mierda, y encima trabajas. Por lo menos es viernes y hoy terminamos antes. Están los compañeros desatados estos días. Lo se porque por la mañana veo que se intercambian emails a las 8, 9 y hasta las 10 de la noche (22 horas).

¿Pero a esta gente que le pasa? Si ya es absurdo trabajar en horario normal no te digo nada lo que supone estar delante del ordenador a las 22 horas mientras tu pareja (o tus churumbeles) te grita desde la cocina que la cena ya esta lista y que te toca poner la mesa (capullo).

Que puede que un día tengas una urgencia y el mundo se pare si no realizas una “intervención”. Pero es que estas haciendo otras cosas y las haces todos los putos días. Y lo peor no es eso. Lo peor es que luego los jefes se creen que pueden pedirnos a las personas normales tener esa misma responsabilidad y compromiso corporativo. Y ahí ya estas jodiendo al resto.

Una cosa es que seas imbécil y te creas dueño de la empresa (que es tu puto problema, aquí tampoco vamos a solucionar tus problemas cognitivos) y otra muy distinta es que por tu irresponsabilidad y falta de conciencia me crees un conflicto con el jefe y que se crea que podemos estar disponibles para currar fuera del horario.

Al hacer horas extras no solo estás quitando curro a alguien, como se dice en ciertas campañas de sindicatos que se dicen anarquistas (otro día hablamos de por qué un sindicato nunca puede ser anarquista, da para libro). También estas dando mal ejemplo a tus compañeros y asentando situaciones que van en contra de los derechos de tus compañeros. O sea, que no solo estas siendo idiota. También estas siendo egoísta, insolidario y, además, capullo. ¡No se curra fuera de horario! Que la vida es corta para perderla trabajando.

el alcalde y la bandera

El ayuntamiento de Madrid ha decidido que este año habrá luces de Navidad.

Normalmente esto no sería noticia, ya que es algo que se hace todos los años y lo normal es que cada año sea más hortera que el anterior (da igual donde vivas y el color de tu ayuntamiento, son una horterada nivel hombreras con brillantina), pero dado que este año es muy probable que vivamos las fiestas de Saturnalia/Navidad/Solsticio/Oloquecoñosea en la más estricta intimidad y sin salir de casa parece un gasto, quizá, poco oportuno.

Al margen de la cantidad (que será alta, estas mierdas cuestan más que llevar el Ave a la Meca) también esta el detalle en una situación de emergencia económica con cada vez más gente al borde de la pobreza. Que ponerse a mirar lo de la situación de lo que ahora llamamos “población vulnerable” y antes eran simplemente “pobres” debe ser cansado.

Pero lo que la ha liado de verdad (al fin y al cabo Madrid no es la única ciudad que pone lucecitas) es que la luminaria festiva incluye una franja con la bandera (de España, se entiende) de lucecitas en todo lo que viene siendo el eje de Prado/Recoletos. Cuentan que entre la plaza de Neptuno y la de Colón (ese ser), habitual lugar de perfomances “no-fascistoides-y-nada-nacionalistas” en estos tiempos.

¿Hortera? Un montón. Como todos los años, claro. ¿Patético? Bueno, cada uno con sus fetiches y hay quien se emociona ante la visión de de un trapo de ciertos colores, una cruz con un tipo colgado dentro y esas cosas. También los hay que pondrían una decoración a base de calaveras, tachuelas y demás parafernalia de cuero y cadenas, pero no suelen llegar a la alcaldía. Lo que es una pena, la verdad.

Resulta enternecedor ver como gentes que han llegado calles, plazas y cabezas de banderitas, lacitos y demás simbología nacional ahora salgan a criticar la medida del ínclito alcalde de Madrid, como si no supieran lo que es jugar a las banderitas y al control de masas (con diversa suerte).

Y los que ahora hablan de “la bandera de todos los españoles” y de lo legítimo de exhibirla en el espacio público (aunque sea una exhibición tan poco navideña) ayer se quejaban de tener las calles inundadas de banderitas, lacitos y demostraciones de patriotismo. De otro distinto al propio, claro.

Los políticos y sus cosas. Me envuelvo en mi bandera, lloro por mi sufrimiento y te señalo la tuya y lo tuyo.

Los nacionalismos son así. No se reconocen como tales, tienden al fascismo tanto como al ridículo y, si se les deja, crean un clima irrespirable para los que nos importa una mierda el color de tu puta bandera (o para los que les importa pero resulta que no es esa), que además la sacas para tapar tus miserias y para separar y enfrentar a unas gentes contra otras, aunque me insistas en que eso no es verdad y que tu bandera nos representa a todos nosotros. Pues vale.

Hay que estar atentos a estas cosas y al peligro intrínseco que tienen estas cosas porque algunos seremos siempre de “los otros”, los que no somos “pueblo”, los que seremos herejes de cualquier fe.

Es indiferente cual es la banderita que te emociona (la española, ya sea monárquica o republicana, la catalana, la Ikurriña, la Francesa, la Union Jack o la de Mongolia) por mi te la puedes meter por donde no te quepa.

Y sí, gastarte la pasta en exhibir los valores patrios es de ayuntamiento fachorro. Pero que los primeros que lo señalen sean unos tipos que previamente han hecho lo mismo con otra también es bastante sonrojante.

democracias y consensos

Democracia divino tesoro
Es la palabra comodín, el santo y seña

(Habeas Corpus. “Democracia divino tesoro”)

Democracia. Constitución. Consenso. Ciudadanía. Con cuatro palabras (o derivadas) hoy día se construye un discurso político. Lo siento, el nivel está así de lamentable. Da igual de lo que se este hablando, de lo burro (xenófobo, racista, autoritario) que sea el fondo (o el todo) del mensaje a transmitir. Si en medio se cuenta que se hace en nombre de “la democracia”, atendiendo al “Consenso Constitucional” y por el bien de “la Ciudadanía y nuestros valores Democráticos”…pues, oye, cuela y nos la comemos con patatas y en pepitoria.

En los baños más sórdidos del congreso está escrito: la ciudadanía traga.

Se me olvidaba, a todo esto, que a veces se cambia “constitución” por la expresión tipoRégimen de Libertades” (viene a ser lo mismo, pero es una expresión que me encanta, por lo absurdo e irónico que tiene, especialmente en boca de un político). Lo del “Régimen de Libertades” se comenta, sobre todo, cuando, de alguna torticera manera, van a restringirse las, pues eso, las libertades.

O sea, que estas palabrejas, en realidad, están vacías de contenido (o al menos de su contenido original, en estos tiempos el significado de las palabras muta de discurso en discurso y de momento a momento) y su inclusión en nuestro vocabulario suponen un mero adorno gramatical para disimular lo que se está diciendo. O lo que se está queriendo no decir, no se si se me entiende.

Se procura cambiar la percepción que se tiene de otras palabrejas si acaso se necesita que tengan que ser aceptada acríticamente (pista: todo lo debes aceptar acríticamente. Sí, aquello otro también. Es lo justo, lo democrático, lo Constitucional).

Por ilustrarnos, vemos en un telediario dedicar un corte entero para explicar que “toque de queda” es una expresión que suena “demasiado dura” porque solo se había aplicado (hasta ahora) en casos de guerra (aquí me imagino a un payaso chocando los platillos). Y es que resulta que el toque de queda es una medida que se aplica, sobre todo, en caso de guerra y por eso nos parece una medida muy “militar”. Así que hay quien al toque de queda lo está llamando “restricción nocturna de movilidad”, que suena como mucho más cuqui que eso del “toque de queda”, que suena a esos sitios donde los Ford Falcon negros se pasean por las calles en la noche.

Son geniales. Orwell estaría orgulloso. Cualquier día retiran los fusilamientos del 3 de mayo del Museo del Prado porque dan “una imagen distorsionada” de lo que viene siendo un “fusilamiento Democrático dentro de nuestro Consenso Constitucional en el Régimen de Libertades que nos ha sido dado“. Claro, que Orwell creía que lo que escribía era ficción y no un tratado para tiranos.

Son tiempos orwellianos, de “doblepensar”, de neolenguaje, de posverdad (o como se diga). De retorcer el lenguaje para decir lo que no se dice. Y nos toca aprender a distinguir entre lo que nos dicen y lo que realmente nos están diciendo. Buena suerte y ojo a quien te hable de “democracia”, seguro te está engañando.

VAndalizar la estatua

Una estatua, o una placa en la pared, no nos cuenta mucho sobre el personaje homenajeado en la misma. Nos cuenta, más bien, la visión que se tiene de esa persona en el momento de ser erigida.

O sea, que cuando en 1888 se puso una imagen idealizada de Cristóbal Colon (de oficio descubridor) en la entrada de la Rambla de Barcelona no se nos habla de un tipo que, ya en su época, tenia más sombras que luces (se le condeno en Castilla por tirano y corrupto, y para que Isabel I de Castilla te considerase un tirano tenias que ser bastante cabronazo). Nos cuenta de un mensaje político del momento: la idealización del descubrimiento de América como uno de los mitos fundacionales de la nación española, en proceso de construcción (junto con otros nacionalismos) a lo largo de esa centuria.

Así mismo cuando el monumento en cuestión, u otro, es vandalizado el mensaje político no es sobre la situación en los Siglos XV-XVI ni sobre la persona en cuestión representada (que muchas veces ni siquiera es un personaje real, dicho sea sin nombrar a Don Pelayo). El acto de atacar una estatua de Colón en EEUU (la de Barcelona no la han tocado, hasta donde sabemos) por parte de grupos indígenas nos habla de siglos de represión y discriminación hacia estos grupos y el hartazgo de una sociedad eminentemente racista como es la estadounidense y los símbolos sobre los que se sustenta este racismo. Y sí, Cristóbal Colon (de oficio descubridor) es uno de estos símbolos. Lo mismo se puede decir cuando se tira al río la de un honorable esclavista.

Del mismo modo, cuando el Ayuntamiento de Madrid decide vandalizar la placa que recuerda a Largo Caballero (concretamente la casa donde nació) lo que se nos cuenta no es sobre el personaje en cuestión (y sí, Largo Caballero tiene sus luces y sus sombras) sino sobre el propio Ayuntamiento y su posicionamiento político respecto a la memoria colectiva del franquismo. El mismo que dieron cuando vandalizaron las placas en el cementerio de la Almudena con el nombre de los fusilados en Madrid en el periodo 1939-1945, incluidos unos versos de Miguel Hernández (que se ve que la poesía también divide). El mensaje es muy claro y nos dice quienes están ahora en la casa consistorial de Madrid. Y lo que son y de donde vienen.

Espantalismo

Estos días se están pasando por las casas comerciales de una empresa de seguridad ofertando unas bonitas alarmas. Ofertando miedos. En estos tiempos de pandemia nos bombardean con todo tipo de miedos y los vamos adquiriendo con la lógica propia de unos medios sobre actuados y poco informativos. Por supuesto, la empresa de seguridad te va a hablar del peligro de las “okupaciones” (que no pare la fiesta). Por un módico precio te vendemos miedo.

Esta pandemia va a ser de miedos. Nos acabaremos muriendo de miedo, tal vez entre toses y fiebres, vale. Pero de miedo. Y así te encierras en casa detrás de 7 cerrojos, con alarma conectada 24 horas con la poli, mascarilla y conectado al mundo a través de la tele. O de internet, pero a través de medios fiables/oficiales.

Se puede convencer a una persona de algo por la razón o por el miedo. Cuando te faltan argumentos o tiras de sus miedos o no vas a convencer a nadie. El miedo a la enfermedad es algo lógico y normal. Nadie quiere enfermar y, peor, morir, así que nos da miedo. Y, ante una enfermedad, el Estado aprovecha para acojonar, que una oportunidad así hay que aprovecharla.

Los parones en el trabajo por la pandemia (curioso, dejamos de trabajar y la economía se hunde, como si la clase productiva fuese aquella que…”trabaja”) provocan crisis y hay que proteger “la propiedad”, así que asustamos a la gente con el riesgo de “las okupaciones” (básicamente que van a entrar en tu casa unos señores mientras estás comprando el pan) de sus minúsculos pisos de 50 metros cuadrados.

Así protegemos “la propiedad”, la de bancos, fondos de inversión y demás, para facilitar que unos señores (vestidos de azul) entren en tu casa si no puedes pagar la hipoteca/alquiler. Y ya de paso te vendemos una alarma estupendísima para protegerte de la imaginaria posibilidad de que otro pobre okupe tu casa mientras vives en ella. La pena es que no avise de presencia de cerdos, no pararía de sonar.

Vivimos en un sistema que podríamos llamarlo “espantalismo”, el control social basado en el espanto. Imponernos miedos, reales o imaginarios, constantes. Pero que sean paralizantes, que es lo que importa. El miedo no sólo es un arma: también vende.

De camino al curro

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Hoy voy tarde, me temo. El bus ha tardado un huevo y creo que me he entretenido un poco. Ya veremos, por las mañanas los buses de la EMT llevan turbocompresor y corren que se las pela.

Está costando estos días reflexionar con claridad. Entras en bucle monotemático y lo cierto es que me aburro a mi mismo, que es lo peor que te puede pasar. Y mira que a las malas tu cuerpo posee suficientes lugares recreativos para pasar el rato. Pero de auto-sexualidad ya hablaremos otro día, hoy no toca eso.

Estamos asustados, es inútil negarlo. Por lo menos ,yo lo estoy. Más por el tipo de mundo que se va quedando que por cualquier cosa. Estos cinco meses han hecho ganar músculo al estado en un único sentido: el de la seguridad, autoridad y, en general, la capacidad de generar violencia. El resto de aspectos, la sanidad, la educación, los servicios sociales…todo eso que se supone nos iba a traer el candidato electoral de turno (ponle nombre y color al azar, en periodo electoral todos/as nos van a solucionar la vida y poner fuentes de las que mane la birra, que no estaría mal, claro).

Pero pasado ese periodo llega la crisis, a veces creada, a veces aprovechada, da igual, y lo que nos trae el nuevo ministro presidente de turno (ponle color etc) es más precariedad, recorte de derechos y más leyes y polis que permitan sancionar al disidente de la nueva normalidad impuesta.

Tenemos más miedo que hambre, así que nos refugiamos en nuestra casa y esperamos a que pase , sin cuestionar ni plantearnos un futuro en positivo (sin políticos, sin banderitas, ni en los balcones, ni en las plazas, ni en los ministerios… y sin los ejércitos armas que las sustenten) y nos vamos volviendo cada día un poco más mediocres. Un poco más sumisos. Un poco más ciudadanos de bien.

Vamos enfilado Fátima. A ver si arranca pronto el portátil y puedo echarme una siesta.

Penitenciagite

Últimamente proliferan en algunos balcones banderas monárquicas con crespón negro. Responden así a cierto llamamiento a mostrar dolor y luto “por los muertos del Coronavirus”. Obviamente, el enarbolar los símbolos nacionales para mostrar dolor es, en este contexto, una forma de atacar al resto. A quienes no muestran su dolor “adecuadamente” y a quienes no son “lo bastante españoles”. Las banderas sirven para remarcar las diferencias e identificar tu bando en caso de guerra. O sea, el “nosotros” frente a los “otros” (me temo que nosotros, vamos a ser los “otros”).  El movimiento del crespón negro en la banderita no es inocente, busca señalar a los que no son “nosotros”. Podríamos decir que los fascistas están subiditos, pero habría que matizar un poco.

 

La ultraderecha hispana no es “fascista” desde un punto de vista estricto, eso hay que entenderlo. Llamar a alguien “facha” o “fascista” es agradable, sonoro, resultón y descarga adrenalina.  Pero la ultraderecha de por aquí no toma su modelo en figuras como Mussolini o Hitler, ni siquiera en Jose Antonio (a ver, Falange siempre fue una opción muy minoritaria incluso en sus momentos de máximo esplendor allá por los primeros años 40 del siglo pasado, ya integrado en eso que se llamó “Movimiento Nacional”). Quitando círculos muy concretos y reducidos, que por supuesto que nazis haberlos “haylos”.

 

Aquí se es más de gente como Torquemada (Tomás, primer inquisidor general de Castilla y Aragón). De manera consciente o no, aquí se repiten modelos y formas propios de la institución que dirigió el dominico de infame recuerdo: señalamiento, penitencia y “relajo”. La Inquisición Española (a la que nadie espera) es, seguramente, la organización dedicada a la represión y control social más longeva y exitosa de la historia. Son 4 Siglos (más o menos, hasta su abolición definitiva en el siglo XIX) de dedicación y experiencia que, necesariamente, tienen que dejar su poso en el cuerpo social al que se dedicaron a fustigar.

 

Aquí ha quedado la idea de la penitencia, el dolor, la culpa como manera de plantear la realidad política. Esta vez se visten de banderas y se van en coches de procesión, pero el fondo sigue siendo el mismo. La elevación a mito de determinados dirigentes tardomedievales (el Cid, los Reyes Católicos…), y el señalamiento y penitencia o relajo del hereje que no cree en nuestra grandeza y nuestra identidad. En realidad, lo dicho es aplicable a todos los nacionalismos que pululan por la península, al fin y al cabo, sólo les cambia el color de la bandera.

 

El hereje por aquí es siempre el enemigo. Aquel que piensa por sí mismo y que no quiere someterse a los presupuestos y exigencias de “lo que es lógico”, lo que dicen “los expertos” y lo que decimos “nosotros”. Es posible que de toda la vida haya quien se sienta inquisidor y quien se sienta hereje. El ser hereje significa que los símbolos te dan igual (es decir, no los necesitas), que siempre cuestionas al líder y que, vaya, siempre te van a mirar como sospechoso aquellos que son “nosotros”.

 

Es verdad que denominar a alguien como Torquemadista o Inquisitorial (creo que esto se lo he dicho a alguien supuestamente libertario, pero eso es otra historia) no queda tan bonito y sonoro como decirle “facha”. No pretendemos que se deje este lado del folklore rojeril, que también hay que tener alguno. Pero debemos ser conscientes de la naturaleza de lo que representa exactamente lo que llamamos ultraderecha en este lado del mundo.

 

Y cuidado si te toca ser hereje.

Elogio de la Propaganda

Estos días todos denostamos la propaganda en la que se han metido los distintos gobiernos del territorio. Unos con más habilidad que otros, unos más divertidos que otros, todos intentan colarnos su relato y “liderar” el cuento, acerca de lo que está ocurriendo y, sobre todo, lo que vamos a vivir en los próximos años. Y el por qué. Mientras, los de abajo despotricamos contra toda esta invasión propagandística por parte de las altas instancias del Estado (central, autonómico, municipal, “periodístico”…) tildando las informaciones de pura propaganda política, con todo el desprecio del mundo.

Y no tenemos razón, al menos en lo que es la propaganda en sí misma y su utilidad en el debate político. Hemos olvidado el valor, utilidad y servicio que la propaganda puede dar a la difusión de nuestras ideas y plantear debate. De hecho, en vez de despreciar tanto las alocuciones y desbarres de cierta derecha ultramontana (fascista? Medieval? Son más hijos de Torquemada que de Mussolini, yo diría) deberíamos analizar las formas y modos en las que con sencillas ideas clave consiguen llevar el debate hacia el sitio que les conviene y se sienten cómodos. Esta ultraderecha ha conseguido lo que parecía más difícil en gente que admira a personajes de la calaña de Millan Astray o Blas de Lezo (esa admiración por gente que va perdiendo partes de sí mismo por ahí tiene que tener alguna implicación psicológica, y no muy favorable): conectar. Consiguen que determinado tipo de gentes, no necesariamente hijas del Barrio de Salamanca conecten y empaticen con ellos. Y esto puede darnos miedo, pero no es para despreciarlo sin más.

La propaganda siempre se ha usado en el contexto político. Algunos de los referentes más importantes del anarquismo eran, en realidad, grandes propagandistas de nuestras ideas (de La Idea). Emma Goldman, Alexander Berckman, Louise Mitchel, Anselmo Lorenzo, Sebastien Foure, etc, dedicaron buena parte de su obra a labores propagandísticas. O no es verdad que los ciclos de conferencias que hacían no se correspondían con el interés por difundir La Idea? Obras como el “ABC del Comunismo Libertario” de Berkman o los famosos diálogos ficticios que se preparaba el gran Malatesta, no son sino obras de propaganda. Y son, desde nuestro punto de vida, una maravilla muy recomendable para cualquiera que quiera acercarse a comprender y asimilar las ideas anarquistas.

El problema no es, de ninguna manera, la propaganda en sí misma. Ocurre que si tus ideas son una mierda tu propaganda irá en ese sentido y resultará una exaltación del racismo, la xenofobia y el militarismo. Pero lo problemático no es que se haga propaganda, sino más bien que tus ideas son una mierda y se reflejan en tu mierda de propaganda.

En el mundo anarquista nos conviene empezar a aprender algunas lecciones de nuestros enemigos y empezar a diseñar mejor nuestra propaganda. No podemos seguir dirigiéndonos a nosotros mismos (de verdad, yo ya estoy convencido, no hay que insistir), tenemos que empezar a plantear nuestras posiciones a la población en general y articular nuestro discurso de manera que sea inteligible para la gente en general, anarquistas o no. Especialmente debemos pensar si no son cercanos o no han tenido contacto con las ideas libertarias (por cierto, “libertario” es un hallazgo genial del anarquismo francés), que puedan entender lo que queremos decir. Dejemos de quejarnos de la propaganda de los demás y hagamos que la nuestras sea buena.